En la 59ª Reunión de Cancilleres de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, celebrada el 21 de julio de 2026 en Manila, se exigió en su comunicado conjunto la restauración del tránsito seguro por el Estrecho de Ormuz. La demanda llega en medio de una guerra abierta entre Estados Unidos e Irán que ya golpea de manera directa a las economías del sudeste asiático.

En una declaración emitida el 4 de marzo de ese año, los cancilleres de ASEAN ya habían expresado su preocupación por la escalada y llamado a todas las partes a respetar el derecho internacional. Por el lado de Estados Unidos, su secretario de Estado, Marco Rubio, defendió la libertad de navegación por Ormuz y advirtió que permitir que Irán controle el tránsito por el estrecho sentaría un precedente peligroso para el comercio internacional.
¿Qué se pidió?
En el comunicado, los cancilleres reafirmaron la importancia de los derechos y libertades de navegación firmados en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) de 1982, incluido el derecho de paso en tránsito por estrechos utilizados para la navegación internacional. El reclamo se reforzó por separado en la Declaración de los Cancilleres de ASEAN sobre la Situación Evolutiva en Medio Oriente, en la que el bloque expresó su seria preocupación por las hostilidades renovadas entre Washington y Teherán.
Se dedica un párrafo específico para advertir sobre las consecuencias económicas del conflicto, como el riesgo de disrupciones en puntos críticos de energía, alza de precios de energía y alimentos, interrupciones en las cadenas de suministro y endurecimiento de las condiciones financieras regionales. Los cancilleres recalcaron la necesidad de una coordinación regional reforzada para proteger el bienestar de la población y los fundamentos económicos del bloque.
La magnitud del riesgo explica la gran urgencia del reclamo. Antes del conflicto, entre el 20% y el 25% del comercio marítimo mundial de petróleo transitaba por Ormuz y más del 80% de ese volumen tenía como destino Asia. A diferencia de China, que amortigua el golpe con reservas estratégicas superiores a los 1.200 millones de barriles (equivalentes a más de 100 días de cobertura de importaciones), la mayoría de los países del sudeste asiático nunca desarrollaron ese tipo de colchón debido a que su modelo de crecimiento se construyó durante décadas sobre la base de un suministro energético que hasta ahora se asumía barato y seguro.

La respuesta institucional del bloque
La ASEAN activó mecanismos propios de seguridad energética, como el Acuerdo Marco de Seguridad Petrolera (APSA) que ofrece un marco voluntario de respuesta ante crisis de abastecimiento. El bloque también buscó acelerar la implementación del Plan de Acción de ASEAN para la Cooperación Energética 2026-2030 que está centrado en la diversificación de fuentes y el fortalecimiento del comercio energético intrarregional.
En paralelo, tanto la ASEAN y China adoptaron una declaración conjunta específica sobre cooperación energética que contempla el intercambio de información sobre política energética y una mayor cooperación en interconexión eléctrica, cadenas de suministro y energía nuclear civil.
La próxima reunión para medir el avance de estos compromisos será la 44ª Reunión de Ministros de Energía de ASEAN (AMEM), prevista para septiembre de 2026. Queda por ver si el reclamo diplomático de Manila logra resultados concretos sobre el terreno, mientras el conflicto entre Washington y Teherán continúa sin resolución a la vista.
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