Las Fuerzas de Autodefensa de Japón han iniciado las pruebas de vuelo de la nueva versión aérea de su misil Tipo 12 mejorado con el fin de consolidar una capacidad de ataque de largo alcance que permita disuadir la expansión militar de China en el Indo-Pacífico. El pasado 30 de julio, un caza Mitsubishi F-2B fue detectado en la Base Aérea de Gifu transportando dos versiones inertes de este proyectil bajo sus alas, lo que representa la primera confirmación pública de que el programa ha entrado en su fase de evaluación aerodinámica.

Estas maniobras iniciales tienen como objetivo primordial verificar la integridad estructural y el rendimiento del misil en vuelo antes de avanzar hacia las pruebas de separación y los ejercicios de fuego real.
La actualización del misil Tipo 12 supone un cambio radical en la arquitectura de defensa japonesa, ya que eleva el alcance operativo desde los 200 kilómetros del modelo original hasta una distancia proyectada de 1.000 kilómetros. Esta variante aérea se integra en una estrategia multidominio que busca desplegar una familia de misiles de largo alcance capaces de ser operados desde tierra, mar y aire durante el próximo año fiscal.
De acuerdo con analistas internacionales, la capacidad de lanzar ataques desde plataformas aéreas operando sobre las islas principales de Japón complica profundamente la planificación estratégica de Beijing, pues obliga al Ejército Popular de Liberación a monitorear un área geográfica mucho más extensa y diversa.

Beijing ha reaccionado a este avance técnico acusando a Tokio de abandonar definitivamente su postura defensiva de la posguerra y de perseguir una remilitarización activa que pone en riesgo la estabilidad regional. Por su parte, el gobierno japonés justifica la urgencia de estas capacidades de contraataque ante el complejo entorno de seguridad que incluye las pruebas de misiles de Corea del Norte y la creciente actividad militar de Rusia en las inmediaciones de su territorio. Esta evolución tecnológica no solo refuerza la soberanía defensiva de Japón, sino que profundiza su integración operativa con la doctrina de defensa de Estados Unidos en la primera cadena de islas, permitiendo a Tokio golpear infraestructuras militares hostiles si fuera necesario.
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