La tensión en el Estrecho de Taiwán vuelve a escalar luego de que China iniciara ejercicios militares con fuego real. Esta exhibición de fuerza ocurre apenas horas después de las conversaciones de alto nivel en Manila entre el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, y el canciller chino, Wang Yi, lo que subraya la creciente rivalidad entre ambas potencias en torno a la isla autogobernada que Beijing reclama como propia. Sin embargo, la mayor amenaza táctica reside en una flota silenciosa pero masiva, donde más de 200 cazas J-6 convertidos en drones de ataque (J-6W) han sido desplegados estratégicamente para saturar las defensas de la isla.

El despliegue de estas aeronaves se concentra actualmente en seis bases aéreas clave situadas en las proximidades del Estrecho, con cinco instalaciones ubicadas en la provincia de Fujian y una en la provincia de Guangdong. El análisis de imágenes satelitales del informe “China Airpower Tracker” del Instituto Mitchell de Estudios Aeroespaciales han revelado filas de estos aviones de ala en flecha, identificados específicamente en aeródromos como el de Longtian, listos para ser empleados en la fase inicial de una supuesta operación militar.
Aunque el diseño original del J-6 deriva de los MiG-19 soviéticos de la década de 1950, su transformación en el modelo J-6W implica una profunda modificación estructural donde se eliminaron los cañones y equipos de combate tripulados para integrar un avanzado sistema de control de vuelo automático y tecnología de navegación por coincidencia de terreno.

Desde una perspectiva operativa, los J-6W funcionan de manera más similar a los misiles de crucero que a los vehículos aéreos no tripulados tradicionales, permitiéndoles seguir trayectorias precisas hacia objetivos de alto valor. El objetivo fundamental del Ejército Popular de Liberación (PLA) es lanzar estos drones en grandes oleadas coordinadas con misiles balísticos y bombarderos modernos para agotar los sistemas de defensa aérea de Taiwán en las primeras horas de un conflicto. Al ser derivados de cazas que mantienen capacidades de velocidad supersónica, estos drones presentan un desafío que los sistemas interceptores pequeños y baratos —como los utilizados en conflictos recientes en Ucrania— no pueden neutralizar, obligando al defensor a gastar misiles antiaéreos costosos para derribar plataformas que son, en esencia, fuselajes obsoletos reciclados.

Ante esta escalada, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán ha condenado enérgicamente las maniobras chinas, calificándolas de “intrusiones en la zona gris” y exigiendo a Beijing que ejerza una autolimitación racional para no socavar la seguridad regional. La isla ha denunciado que China utiliza unilateralmente su fuerza militar para amenazar las aguas circundantes, confirmando su naturaleza como un factor de inestabilidad global. Como contrapartida directa a esta amenaza asimétrica, el Ministerio de Defensa de Taiwán ha presentado un informe ante el parlamento detallando planes para adquirir rápidamente una nueva generación de sistemas contra drones.

Mientras tanto, las autoridades marítimas chinas han confirmado que los ejercicios de fuego real continuarán de 6:00 a.m. a 6:00 p.m. alrededor de la isla de Dongshan, recordando los extensos juegos de guerra de diciembre pasado tras la aprobación de paquetes de armas estadounidenses para la isla.
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