La competencia entre China y EE.UU. en América Latina avanza sobre una red de infraestructuras estratégicas que no requiere de bases militares ni despliegues de tropas. Puertos de aguas profundas, terminales junto a pasos interoceánicos, estaciones espaciales, cables submarinos, yacimientos de minerales críticos y centros de datos se convirtieron en puntos de apoyo para dos modelos que buscan organizar el comercio, las comunicaciones y las cadenas tecnológicas de las próximas décadas.

En esos enclaves se cruzan empresas estatales chinas, compañías tecnológicas estadounidenses, bancos de desarrollo, gobiernos latinoamericanos y organismos vinculados a la defensa. Durante al menos la últiam década, el gigante asiático viene extendido su presencia regional mediante inversiones en logística, energía, minería, telecomunicaciones y actividades espaciales. Mientras que Estados Unidos, por su parte, intenta asegurar corredores comerciales, proveedores alternativos de minerales y redes digitales gestionadas por empresas de su órbita.
1. Chancay, la puerta china al Pacífico sudamericano
El puerto de Chancay, a unos 80 kilómetros al norte de Lima, es la obra más visible de la expansión logística china sobre la costa del Pacífico. Inaugurado en noviembre de 2024 con la participación de los presidentes Xi Jinping y Dina Boluarte, el complejo está controlado mayoritariamente por la naviera estatal COSCO Shipping y fue diseñado para recibir buques de gran calado y concentrar cargas procedentes de distintos países sudamericanos.

La nueva terminal permite acortar las rutas directas entre Sudamérica y Asia y reducir la dependencia de puertos intermedios en México o Estados Unidos. Su capacidad para reorganizar exportaciones de cobre, soja, alimentos y otros productos hacia China despertó el interés de Brasil, Bolivia y otros países sin salida directa al Pacífico. Para Washington, Chancay agrega un operador chino a un punto logístico desde el que pueden ordenarse flujos comerciales regionales durante varias décadas.
Las autoridades peruanas presentan el proyecto como una plataforma para atraer inversiones y convertir al país en un centro de distribución del Pacífico Sur. Las controversias se concentraron en el régimen de exclusividad portuaria, las condiciones regulatorias y el alcance de la participación de COSCO, una empresa bajo control del Estado chino. El puerto quedó así incorporado a una discusión más amplia sobre quién administra la infraestructura que conecta a América Latina con sus principales mercados externos.
2. Panamá y el control de las terminales junto al canal
La disputa portuaria alcanzó su punto más sensible en Panamá. Durante más de dos décadas, la empresa hongkonesa CK Hutchison operó Balboa y Cristóbal, dos terminales situadas en los accesos del Pacífico y el Atlántico al Canal de Panamá. Aunque la compañía no pertenece formalmente al gobierno chino, su presencia fue presentada en Washington como un riesgo para una vía esencial para el comercio y la logística estadounidense.
En 2025, CK Hutchison anunció un acuerdo para vender parte de su red global de puertos a un consorcio encabezado por la gestora estadounidense BlackRock y la naviera MSC. La operación provocó objeciones en China y quedó atravesada por demandas, auditorías y cuestionamientos del gobierno panameño. En enero de 2026, la Corte Suprema de Panamá anuló las concesiones de Balboa y Cristóbal, tras lo cual la compañía inició un arbitraje internacional.

La administración del canal permanece exclusivamente en manos de la Autoridad del Canal de Panamá, pero las terminales que reciben y despachan cargas en ambos extremos forman parte del sistema logístico que lo rodea. La presión estadounidense sobre esos activos y la respuesta diplomática y comercial de China convirtieron a Panamá en uno de los pocos lugares donde la rivalidad entre ambas potencias alteró directamente la situación jurídica de una infraestructura existente.
3. La estación espacial china de Neuquén, una preocupación de EE.UU.
En la provincia argentina de Neuquén funciona desde 2017 la estación de espacio profundo Espacio Lejano, construida sobre unas 200 hectáreas cedidas a China mediante un acuerdo de largo plazo. Su antena principal, de 35 metros, integra la red utilizada por Pekín para mantener comunicaciones con naves y misiones interplanetarias y desempeñó un papel relevante en la misión Chang’e 4, que logró el primer alunizaje en la cara oculta de la Luna.
La instalación es gestionada por el China Satellite Launch and Tracking Control General, una organización históricamente integrada al aparato espacial del Ejército Popular de Liberación. Esa dependencia, sumada al limitado acceso argentino a las operaciones cotidianas, alimentó los cuestionamientos de funcionarios estadounidenses y especialistas en seguridad espacial. El entonces jefe del Comando Sur, almirante Craig Faller, declaró ante el Congreso en 2019 que Pekín podía estar utilizando capacidades no previstas por el carácter civil del acuerdo.

Los registros presentados ante la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre indican que la antena opera con enlaces en bandas S y X y recepción en banda Ka. Esas frecuencias permiten ejecutar telemetría, seguimiento y control de misiones científicas, pero también tienen aplicaciones en vigilancia, comando, comunicaciones seguras y seguimiento de objetos espaciales.
Neuquén tampoco es una instalación aislada. Organismos chinos utilizaron antenas en la estación de Santiago de Chile y participaron en la construcción de infraestructura espacial venezolana. La firma Emposat también proyectó una estación con entre cuatro y seis antenas en Río Gallegos, una ubicación que ofrecería cobertura sobre órbitas polares y proximidad con la Antártida.
4. El cable Humboldt y la ruta digital del Pacífico Sur
Chile y Google impulsan el cable submarino Humboldt, una conexión de aproximadamente 14.800 kilómetros entre Valparaíso y Sídney, con paso por la Polinesia Francesa. Su entrada en servicio fue proyectada para 2027 y marcará la primera ruta submarina directa entre Sudamérica y la región indopacífica a través del Pacífico Sur.
El gobierno chileno comprometió recursos públicos y creó una asociación con Google para desarrollar una infraestructura que podrá ser utilizada por otros operadores. Además de reducir la dependencia de rutas que atraviesan Estados Unidos, el cable busca atraer inversiones en servicios de nube, minería, banca e inteligencia artificial.
El proyecto se definió después de varios años de estudios sobre posibles trazados hacia Asia. La participación de Google terminó alineando la nueva ruta con una red de cables promovida por una empresa estadounidense, en un sector donde Washington viene presionando a distintos gobiernos para excluir proveedores chinos de componentes y servicios considerados sensibles. Los cables submarinos transportan la mayor parte del tráfico internacional de datos y sus estaciones de aterrizaje son activos decisivos para la seguridad y continuidad de las comunicaciones.
5. Brasil y la carrera de China y EE.UU. por los minerales críticos
Brasil reúne reservas de tierras raras, grafito, níquel y otros minerales utilizados en baterías, turbinas, semiconductores, radares y sistemas de defensa. Su importancia aumentó a medida que Estados Unidos, Europa y Japón comenzaron a buscar fuentes alternativas a China, que conserva una posición dominante en las etapas de procesamiento y refinación de varios de esos materiales. La Agencia Internacional de Energía indicó que la concentración de la oferta refinada volvió a incrementarse entre 2020 y 2024, especialmente en grafito, cobalto y tierras raras.

Empresas chinas ampliaron sus inversiones en la minería brasileña, incluida la adquisición de activos de níquel. Al mismo tiempo, organismos financieros estadounidenses respaldaron proyectos destinados a extraer y procesar tierras raras fuera de China. Brasil posee una de las mayores bases de recursos del mundo, pero todavía dispone de una capacidad limitada para transformar esos minerales en imanes, componentes electrónicos y productos industriales de alto valor.
La disputa no se limita a obtener concesiones mineras. También comprende el financiamiento de plantas de separación, acuerdos de compra a largo plazo y la localización de etapas industriales que hoy se concentran en Asia. Para Brasil, las negociaciones abren la posibilidad de atraer capital sin limitarse a exportar materias primas, mientras empresas occidentales y chinas compiten por reservar producción futura.
6. El Triángulo del Litio
Argentina, Bolivia y Chile concentran una parte sustancial de los recursos mundiales de litio en salmueras. El mineral es esencial para la transición energética de los gobiernos y baterías recargables, cuya demanda global creció cerca de un 30% durante 2024, según la Agencia Internacional de Energía.
China consolidó una posición relevante mediante empresas como Ganfeng Lithium, Tianqi y Zijin, presentes en distintos proyectos y etapas de la cadena regional. Compañías estadounidenses, europeas, canadienses, australianas y surcoreanas también aceleraron inversiones, especialmente en Argentina, donde el marco regulatorio permite una mayor participación privada que en Bolivia y Chile.

En 2025, el gobierno argentino aprobó bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones el proyecto Rincón, de la anglo-australiana Rio Tinto, por unos 2.500 millones de dólares. La cartera argentina incluye además iniciativas vinculadas con firmas chinas y asiáticas, mientras Chile avanza con una estrategia que amplía la participación estatal y Bolivia busca socios para industrializar sus salares mediante contratos de tecnología y producción directa.
La competencia se concentra en quién financiará las plantas, quién comprará la producción y dónde se realizará el refinado químico. La extracción del mineral representa apenas el primer eslabón de una cadena que continúa con el carbonato o hidróxido de litio, las celdas, los cátodos y la fabricación de baterías.
7. Centros de datos y nodos de nube
Brasil, Chile y Argentina concentran una parte significativa de los centros de datos de América Latina. Brasil reúne más de un tercio de las instalaciones regionales, mientras Chile y Argentina ocupan posiciones relevantes por su conectividad, disponibilidad energética y proximidad con mercados urbanos e industriales.
Amazon Web Services, Microsoft y Google ampliaron regiones de nube, cables y capacidad de procesamiento en esos países. Las empresas chinas participan mediante servicios de telecomunicaciones, equipos, plataformas de nube y proyectos asociados a operadores locales. La expansión de la inteligencia artificial elevó la demanda de energía, terrenos, agua para refrigeración y conexiones internacionales de alta capacidad.
La localización física de los datos no garantiza por sí sola la soberanía digital. Los operadores extranjeros conservan control tecnológico sobre servidores, programas, sistemas de seguridad y transferencias internacionales. Por esa razón, las decisiones sobre proveedores, estándares y almacenamiento comenzaron a formar parte de las políticas de seguridad y defensa, además de las agendas de inversión.
Desde Chancay hasta Neuquén, la competencia entre China y Estados Unidos se despliega sobre instalaciones construidas para mover contenedores, comunicarse con satélites, transmitir datos o extraer minerales. Los gobiernos latinoamericanos buscan inversiones de ambas partes sin quedar sujetos a una única potencia. Las decisiones sobre concesiones portuarias, antenas, cables, nubes y plantas de procesamiento determinarán quién tendrá acceso a los recursos y a los flujos de información regionales, incluso cuando ninguna de las dos potencias despliegue un solo soldado.
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