La administración de Donald Trump volvió a colocar a China en el centro del debate político de Estados Unidos al acusarla de haber intentado influir en las elecciones presidenciales de 2020. Durante un discurso televisado desde la Casa Blanca, el mandatario presentó una serie de documentos desclasificados que, según afirmó, demostrarían una amplia operación de injerencia china y un supuesto encubrimiento por parte del llamado “Estado profundo”. Sin embargo, pocas horas después, el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que la prevista reunión entre Trump y el presidente Xi Jinping sigue programada para septiembre, dejando en evidencia que Washington mantiene abiertos los canales diplomáticos con Pekín pese al endurecimiento del discurso político.

Una revisión independiente de los documentos realizada por Associated Press concluyó que el material no aporta pruebas de que China haya manipulado votos, alterado sistemas electorales o modificado los resultados de las elecciones de 2020. Los archivos sí muestran que la República Popular China obtuvo acceso a una enorme cantidad de registros públicos de votantes estadounidenses —aproximadamente 220 millones, según la administración—, pero no existen evidencias de que esa información haya sido utilizada para intervenir directamente en el proceso electoral. De hecho, la comunidad de inteligencia estadounidense ya había documentado en evaluaciones anteriores que Pekín desarrolló campañas de influencia política destinadas a perjudicar la candidatura de Trump, aunque sin ejecutar operaciones de manipulación del sistema de votación.
Los documentos también reafirman una conclusión sostenida desde hace años por los organismos de inteligencia estadounidenses: Rusia continúa siendo el actor extranjero con mayor capacidad para infiltrarse en infraestructuras electorales y desarrollar operaciones de influencia. Un informe del Consejo Nacional de Inteligencia desclasificado por la Casa Blanca sostiene que Moscú buscó favorecer la reelección de Trump en 2020 mediante campañas de desinformación dirigidas contra Joe Biden, mientras que China e Irán preferían la derrota del entonces presidente, aunque sin evidencias de haber comprometido los sistemas de votación.
Estados Unidos busca una “disuación sin compromiso” con China
Pese al nuevo intercambio de acusaciones, la Casa Blanca no parece dispuesta a suspender el acercamiento diplomático con China. Consultado sobre las declaraciones del presidente, Marco Rubio aseguró que los preparativos para la visita de Xi Jinping continúan desarrollándose con normalidad. “Siempre habrá puntos de fricción cuando se trata de dos países grandes y poderosos como Estados Unidos y China, pero es responsabilidad de ambos seguir dialogando”, afirmó el jefe de la diplomacia estadounidense antes de partir hacia la cumbre ministerial de la ASEAN, donde también prevé mantener contactos con representantes chinos.

Rubio evitó confirmar si las acusaciones de injerencia electoral formarán parte de una eventual reunión con el canciller Wang Yi, aunque señaló que esos temas “delicados” se tratarán por los canales diplomáticos correspondientes. En los últimos meses, ambas potencias lograron reducir parcialmente la tensión comercial mediante acuerdos para flexibilizar restricciones arancelarias y restablecer mecanismos de consulta económica, mientras persisten desacuerdos sobre semiconductores, inteligencia artificial, Taiwán y el Mar de China Meridional.
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