Desde el final de la guerra de 1982 entre Argentina y el Reino Unido, los sucesivos gobiernos británicos desarrollaron una política sostenida para afianzar su control efectivo sobre las Islas Malvinas. La estrategia combinó una continuidad de la presencia militar británica en el Atlántico Sur, inversión en infraestructura y explotación de recursos naturales con el proyecto Sea Lion. Frente a ese proceso, los distintos gobiernos argentinos mantuvieron el reclamo de soberanía, aunque con cambios en el tono y en la forma de relacionarse con Londres.

En este sentido, el primer avance británico decisivo después de la guerra fue la construcción de la base de Monte Agradable (Mount Pleasant en inglés). Inaugurado en 1985, el complejo permitió reemplazar los despliegues de emergencia de la posguerra por una estructura militar estable, con pista aérea, radares, logística y capacidad para recibir refuerzos desde el Reino Unido. En la actualidad, la base alberga cuatro cazas Typhoon FGR4, un avión cisterna Voyager y un Atlas C1, denominación británica del A400M.
Con el paso de los años, el Reino Unido amplió y modernizó esa infraestructura. En 2016 adjudicó un contrato de 55,7 millones de libras para renovar la central eléctrica, el sistema de calefacción y otras instalaciones de Monte Agradable. Dos años más tarde completó las mejoras del muelle de Mare Harbour, una obra concebida para reforzar la capacidad militar y logística británica en las islas.
Energía y defensa, dos temas en la agenda de Reino Unido en las Islas Malvinas
La consolidación también tuvo un componente económico con la exploración petrolera en las aguas próximas a Malvinas. Es por esto que el proyecto Sea Lion representa el paso más importante de esa expansión económica. Navitas Petroleum controla el 65 por ciento del desarrollo y actúa como operadora, mientras que Rockhopper Exploration conserva el 35 por ciento. La primera fase apunta a recuperar alrededor de 170 millones de barriles y alcanzar un máximo cercano a los 50.000 barriles diarios. Tras la decisión final de inversión adoptada en diciembre de 2025, las empresas mantuvieron el objetivo de comenzar la producción durante el primer trimestre de 2028.

Este avance sobre los recursos se produce al mismo tiempo que el Reino Unido mantiene ejercicios militares y operaciones regulares en el Atlántico Sur. Los cazas de Mount Pleasant cumplen tareas de defensa aérea y reacción rápida, mientras que las aeronaves de transporte y reabastecimiento amplían el alcance operativo británico. En los últimos años, el A400M también fue utilizado en ejercicios de lanzamiento de cargas y en operaciones vinculadas con la proyección hacia la Antártida, lo que demuestra que la base tiene una función regional más amplia que la protección inmediata del archipiélago.
La Argentina de Milei entre el pragmatismo y la presión por el avance británico
Para Argentina, estos movimientos forman parte de un mismo proceso caracterizado por la explotación de recursos, el fortalecimiento económico y la actualización de la presencia militar en un territorio cuya soberanía continúa en disputa. Cabe mencionar los ejercicios británicos en Wireless Ridge, la navegación del patrullero HMS Medway y la modernización prevista para las bases británicas de ultramar. Aunque esos hechos tienen características diferentes, en Buenos Aires son interpretados como señales de continuidad de la política británica en el Atlántico Sur.
El gobierno de Javier Milei procuró combinar ese rechazo con una relación más pragmática con el Reino Unido, en la que busca mantener canales diplomáticos y trabajar sobre temas concretos sin renunciar formalmente al reclamo de soberanía. Sin embargo, ese acercamiento no significó un cambio en la posición jurídica argentina.

La Cancillería continúa sosteniendo que las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, junto con los espacios marítimos correspondientes, forman parte del territorio nacional y que la recuperación del ejercicio de la soberanía es un objetivo permanente. En junio de 2026, el canciller Pablo Quirno afirmó que ningún gobierno argentino había consentido la ocupación británica iniciada en 1833 y presentó la continuidad del reclamo como una política de Estado.
Del mismo modo, la postura oficial también se endureció frente a Sea Lion. Argentina considera que las licencias concedidas por las autoridades británicas en las islas carecen de validez y que las empresas operan sin autorización de la autoridad argentina competente. El Gobierno encuadra esas actividades dentro de los actos unilaterales que, según su interpretación, contradicen las resoluciones de Naciones Unidas aplicables a la controversia.
Las vías multilaterales siguen siendo el principal instrumento
La vía multilateral sigue siendo el principal instrumento de Buenos Aires. El Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas volvió a tratar la cuestión en junio de 2026, en una sesión durante la cual Argentina reiteró sus derechos sobre las Islas Malvinas y reclamó la reanudación de las negociaciones. El marco diplomático se vio reflejado también en el comunicado emitido al finalizar la última Cumbre de Mercosur, que apoya a Argentina y vuelve a instar a ambos gobiernos a buscar una solución negociada.
Siguiendo esta línea, el gobierno argentino volvió a reclamar ante la Organización de Estados Americanos que el Reino Unido reanude las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
El problema para Argentina es que el tiempo diplomático y el tiempo de los hechos avanzan a velocidades diferentes. Las resoluciones internacionales mantienen vigente la controversia, pero no impiden que el Reino Unido construya infraestructura, organice ejercicios militares o autorice proyectos económicos. Cada inversión refuerza intereses políticos y empresariales vinculados con la continuidad de la administración británica, mientras la negociación de soberanía permanece paralizada.
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