La decisión de China de realizar un ensayo de un misil balístico lanzado desde un submarino nuclear en el océano Pacífico Sur reabrió el debate global. Aunque el gigante asiático insistió en que se trató de un ejercicio rutinario con una ojiva simulada y conforme al derecho internacional, el lanzamiento generó preocupación entre gobiernos de la región y especialistas en control de armamentos, quienes consideran que el episodio erosiona el espíritu de la Zona Libre de Armas Nucleares del Pacífico Sur establecida por el Tratado de Rarotonga de 1986.

Según información difundida por el Consejo de Seguridad Nacional de Taiwán, el misil recorrió aproximadamente 7.000 kilómetros antes de impactar en aguas cercanas a Nauru y Tuvalu, dos Estados insulares que forman parte del tratado. Jurídicamente, el lanzamiento no constituye una violación del acuerdo, ya que este prohíbe el despliegue y ensayo de armas nucleares, no de misiles con cargas convencionales o simuladas. Sin embargo, Nueva Zelanda sostuvo que la prueba “contradice el objeto y la intención” del tratado, mientras Australia expresó preocupaciones similares por el efecto desestabilizador que puede generar sobre una región históricamente comprometida con la desnuclearización.
China asegura que la maniobra formó parte de su programa anual de entrenamiento militar
Para Pekín, el ensayo formó parte de su programa anual de entrenamiento militar. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Mao Ning, aseguró que la operación fue realizada “de forma segura, estandarizada y profesional” y pidió a la comunidad internacional evitar una “sobrerreacción”. China también afirmó haber notificado previamente a varios gobiernos de la región. No obstante, funcionarios estadounidenses cuestionaron que el aviso fue comunicado apenas horas antes del lanzamiento y careció del nivel de detalle que habitualmente intercambian las demás potencias nucleares reconocidas por el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), alimentando las críticas sobre la limitada transparencia del programa nuclear chino.
El lanzamiento adquiere una relevancia estratégica mayor porque constituye una de las demostraciones públicas más significativas de la capacidad de disuasión nuclear marítima de China en décadas. Analistas consideran que el misil probado corresponde al JL-3, un sistema de alcance intercontinental diseñado para equipar a los submarinos nucleares de la clase Jin y sus futuros sucesores. La consolidación de esta capacidad fortalece el denominado “segundo ataque”, es decir, la posibilidad de responder con armas nucleares incluso después de sufrir un ataque inicial, uno de los pilares de cualquier estrategia moderna de disuasión.
Se reabre el debate sobre las posiciones de las grandes potencias respecto a las zonas libres de armas nucleares
El episodio también reavivó el debate sobre la coherencia de las posiciones de las grandes potencias respecto de las zonas libres de armas nucleares. Durante los últimos años, China criticó reiteradamente el acuerdo AUKUS, argumentando que la futura incorporación de submarinos de propulsión nuclear por parte de Australia vulnera el espíritu del Tratado de Rarotonga. Ahora, varios especialistas sostienen que el ensayo chino coloca a Pekín en una posición incómoda.

Olamide Samuel, investigador de la Open Nuclear Network, advirtió que existe una tendencia creciente de los Estados poseedores de armas nucleares a ejercer presión sobre estas zonas protegidas para satisfacer objetivos geoestratégicos. Según el experto, fenómenos similares pueden observarse en el océano Índico, Asia Central y otras regiones donde los intereses militares de las grandes potencias comienzan a prevalecer sobre los compromisos internacionales de desnuclearización.
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