El Estado de Israel se ha sumado junto a los 32 países que ya reconocen el Genocidio Armenio, perpetrado durante la Primera Guerra Mundial bajo el gobierno de los Jóvenes turcos. La propuesta del ministro de Relaciones Exteriores israelí , Gideon Sa’ar, fue aprobada por unanimidad por el gabinete, por lo que ahora la decisión deberá ser ratificada en el Parlamento israelí. Como era de esperar, la reacción en Jerusalén no tardó en llegar, y tanto la Iglesia Armenia como la comunidad armenia de la Ciudad Santa expresaron su agradecimiento por una decisión que representa un hecho histórico. Pero, teniendo en cuenta que, durante décadas, los sucesivos gobiernos israelíes habían evitado reconocer directamente el genocidio armenio, principalmente para preservar la relación estratégica con Turquía, ¿qué implica la nueva decisión?

Impacto entre las relaciones diplomáticas con Turquía y Azerbaiyán
Tanto Turquia como Azerbaiyán rechazan, hasta el día de hoy, calificar la matanza de armenios como un genocidio. El primero, por considerarse directamente involucrado en los hechos; el segundo por el conflicto que mantiene con Armenia por Nagorno Karabaj.
Las relaciones entre Turquía e Israel fueron positivas desde la creación del Estado de Israel en 1948. Sin embargo, comenzaron a deteriorarse con el paso de los años, en especial por las diferencias y constantes cruces entre el primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente Recep Erdoğan. Pero, más allá de los cruces personales, el principal problema es que también son potencias regionales con intereses estratégicos divergentes.
Para Israel, reconocer el genocidio armenio implicaba poner en riesgo su relación con una potencia regional estratégica y miembro de la OTAN como Turquia. No obstante, bajo el liderazgo de Erdoğan, Ankara ha profundizado una política exterior orientada a consolidar su influencia en el mundo musulmán, lo que ha incrementado las tensiones con Israel.
Por ello, ante el giro de Israel en la cuestión Armania, la respuesta del Estado turco no tardó en llegar: el Ministerio de relaciones exteriores calificó la decisión de Tel Aviv como “política” y que busca “encubrir sus propios crímenes”. Desde Ankara sostuvieron que Israel persigue al pueblo palestino y recordaron que enfrenta un proceso ante la Corte Internacional de Justicia por las acusaciones de genocidio relacionadas con la guerra en Gaza.
Por su parte , Erdoğan, durante un acto del Partido de la Justicia y el Desarrollo, afirmo que en Gaza “se ha cometido un genocidio” y aseguró que “sin dudas les pediremos cuentas por ello”. En contrapartida, según Netanyahu, Erdoğan mantiene un discurso hostil hacia Israel y ha expresado su apoyo a Hamás lo que profundiza el deterioro de las relaciones bilaterales de ambos países.
Por otro lado, Azerbaiyán también manifestó rechazo y expresó que “la decisión politica sobre el supuesto Genocidio Armenio es un asunto que nos preocupa profundamente”.
Sin embargo, más allá de las tensiones diplomáticas, la relación estratégica entre Israel y Azerbaiyán continúa siendo sólida: Tel Aviv es uno de los principales proveedores de armamento de Bakú, mientras que Azerbaiyán abastece una parte importante del petróleo que consume el Estado israelí.

La reacción local: la comunidad judía en Argentina
En Argentina, el legislador porteño y ex vicepresidente de la DAIA, Waldo Wolff, sostuvo que Israel tenía una deuda pendiente con el pueblo armenio y expresó su beneplácito con la comunidad armenia en el país y el embajador de Armenia.
Ademas, señaló que, como judío, y teniendo presente el significado del Holocausto, comprende el sufrimiento del pueblo armenio y la larga lucha por el reconocimiento internacional del genocidio.
Finalmente, resumió su posición con una frase que sintetiza el significado de la decisión: “Es un buen momento cuando las convicciones triunfan por sobre las condiciones y las conveniencias geopolíticas”.
Un cambio en la política exterior israelí
En un contexto en el que se profundizan las diferencias entre Israel y Turquía respecto a los conflictos en Medio Oriente, esta decisión representa un hecho histórico. La coyuntura geopolítica terminó impulsando un reconocimiento que durante décadas había sido evitado por razones diplomáticas.
Más allá de sus consecuencias inmediatas, el reconocimiento constituye un punto de inflexión en la política exterior isrelí. La decisión puede interpretarse como una respuesta al progresivo deterioro de las relaciones con Turquía y el reposicionamiento regional impulsado por Erdoğan, quien ha buscado consolidarse como una figura de liderazgo dentro del mundo musulmán.
Al mismo tiempo, este cambio podría generar efectos sobre la relación de Israel con un aliado estratégico de la OTAN y , a su vez, reafirma la preocupación de Netanyahu respecto al acercamiento entre Ankara y Estados Unidos, con posibles repercusiones para la alianza entre Israel y Washington.

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