Decir que Irán y Egipto se enfrentan puede resultar algo redundante, pero en este caso se trata de un nuevo encuentro de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Es que estos colosos de Medio Oriente llevan décadas de mala relación, aunque esta vez una protesta logró ponerlos de acuerdo. Los detalles que hacen que hoy se jueguen mucho más que tres puntos.
Este vínculo acredita diferencias religiosas, escándalos diplomáticos y distanciamientos estratégicos en el posicionamiento global. A pesar de esto, la decisión de Gianni Infantino de designar este encuentro como el “Partido del Orgullo” ha movilizado a ambas federaciones en contra de la FIFA.

Su común rechazo se basa en la prohibición de la homosexualidad y su penalización, tanto en términos judiciales como culturales y religiosos. ¿Cómo ha logrado el futbol unir a dos países tan enfrentados? Este es un repaso del problemático vínculo que la FIFA, indirectamente, logró acercar.
Dos historias distintas y liderazgos diferentes para Medio Oriente
En primer lugar, históricamente son países que se diferencian fuertemente desde lo étnico y religioso: Egipto es una referencia política y cultural del mundo árabe, mientras que Irán es un estado persa. Luego los aleja de las ramas que profesan el Islam, dado que los egipcios son abrumadoramente sunníes y los iraníes son chiitas casi en su totalidad.
Sus primeros alejamientos tienen casi un siglo de historia, comenzando por el contexto global posterior a la Segunda Guerra Mundial. Desde Egipto surgió Gamal Abdel Nasser, el gran líder del nacionalismo árabe y un opositor a Occidente. Mientras tanto, en Irán reinaba un gran aliado de Estados Unidos, el Sha Mohammad Reza Pahlavi.

Las diferencias ideológicas comenzaron a profundizarse en una región atravesada por las tensiones entre Washington y Moscú. Hasta que en 1979 la situación dio un vuelco completo.
Cambio de posiciones: Egipto pro occidental y el gobierno antiamericano de Irán
La Revolución Islámica cambió a Irán para siempre. El nuevo gobierno sería el más hostil hacia Occidente y Estados Unidos en décadas, y Egipto pasó de la era de Nasser a Anwar Al Sadat, un presidente benévolo con EE.UU. e Israel.
El mismo año de la Revolución, Egipto daría un paso clave en la historia de Medio Oriente: fue el primer país en reconocer a Israel y abrir relaciones oficiales con el Estado judío con los Acuerdos de Camp David. Este acercamiento estratégico a Occidente lo alejó de su par persa.
Y la tensión se agravó fuertemente cuando el derrocado Sha fue recibido por el mismo Sadat en Egipto, generando la ruptura total del vínculo entre ambos países. La rivalidad escaló hasta un gesto muy simbólico. Cuando Sadat fue asesinado por extremistas que no le perdonaron su acercamiento a Israel, en Teherán se nombró una calle con el cerebro de este magnicidio.
Por último, fue la guerra entre Irán e Irak lo que profundizó unas diferencias ya enormes. El apoyo de Egipto a su par árabe, bajo el régimen de Sadam Hussein, incluyó desde armas hasta voluntarios.
Irán y Egipto, enemigos hasta que la FIFA designó lo contrario
La causa que termina uniendo a ambas federaciones, el denominado “partido del orgullo” en el marco del Mundial, generó polémicas en todo ámbito. Mientras Irán y Egipto se niegan a aceptarlo, la FIFA le pasa la pelota a Seattle, ciudad anfitriona.
Desde el gobierno local esgrimen que el partido fue designado “apenas se confirmó a la ciudad como sede de la copa”. Por lo que Infantino se excusa y transfiere la responsabilidad nuevamente al contexto sociopolítico estadounidense.
Así como reconoció “no poder controlar todo”, en referencia a las dificultades logísticas que enfrenta Irán, el presidente de la Federación Internacional de Futbol admite que se aceptarán las banderas “arcoíris” pero que no habrá una designación oficial.

En el ámbito político, las potencias de Medio Oriente se debaten entre dos modelos para liderar la región. Dos visiones históricas que han marcado diversos acercamientos a las potencias globales, y que hoy también se ponen en disputa junto a la clasificación.
Las protestas que unieron a Egipto e Irán en contra de la FIFA vuelven a desnudar las fragilidades del organismo en relación al control de su propio torneo. Mientras el futbol siempre encuentra la manera de unir al mundo, a Infantino le cuesta ocultar los favoritismos de su mandato.
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