La Fuerza Aérea Argentina confirmó su presencia en el Ejercicio Salitre 2026 con el objetivo de consolidar la interoperabilidad de sus tripulaciones en escenarios de guerra multidominio. Este entrenamiento multinacional se desarrollará en el norte de Chile, específicamente en la Base Aérea Cerro Moreno de Antofagasta, donde las fuerzas participantes operarán conforme a los estándares de la OTAN para fortalecer la cooperación regional ante crisis de alta intensidad.

Mediante el Decreto 490/2026, firmado por el presidente Javier Milei, el gobierno nacional autorizó formalmente el despliegue de personal y medios para integrar esta coalición aérea multinacional. La delegación argentina estará compuesta por un total de setenta y dos efectivos entre técnicos y especialistas de vuelo, quienes operarán seis aeronaves incluyendo cuatro entrenadores avanzados IA-63 Pampa III junto a un avión de transporte C-130H Hércules y un ERJ-140. Esta operación representa una inversión estimada en casi 177.000 millones de pesos y busca que el personal del Estado Mayor General de la Fuerza Aérea Argentina perfeccione la conducción de misiones con grandes fuerzas en ambientes operacionales exigentes.
Innovación tecnológica y el debut de sistemas avanzados en la región
Esta edición de Salitre se distingue por la incorporación de hitos tecnológicos sin precedentes en la aviación militar sudamericana, como es el caso del primer despliegue internacional de los cazas F-39 Gripen E de la Fuerza Aérea Brasileña. Estos vectores que alcanzaron su capacidad operativa plena a finales de 2025 representan la tecnología de combate más moderna de la región y pondrán a prueba sus sistemas en misiones de largo alcance.
Simultáneamente, la Fuerza Aérea Paraguaya concretará su debut histórico fuera de sus fronteras con los nuevos aviones de ataque A-29 Super Tucano, integrándose activamente en las tareas de reconocimiento e inteligencia de la coalición.
Por su parte, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos aportará una combinación de capacidades tácticas y de vigilancia avanzada mediante el uso de aviones F-16 junto a aeronaves de operaciones especiales U-28 Draco. Un elemento diferencial del contingente estadounidense será el despliegue de drones MQ-9 Reaper, los cuales constituyen la única participación confirmada de sistemas aéreos no tripulados para esta edición del ejercicio.

Asimismo, la delegación de Colombia sumará versatilidad a la fuerza combinada con sus helicópteros AH-60L Arpía IV y aeronaves A-29, permitiendo ejecutar maniobras de apoyo aéreo cercano y movilidad táctica de manera coordinada.
La guerra multidominio
El diseño de Salitre 2026 marca un punto de inflexión doctrinaria al adoptar plenamente el concepto de operaciones multidominio, lo que significa que las acciones no se limitarán únicamente al espacio aéreo tradicional. Las misiones integrarán simultáneamente capacidades en los ámbitos terrestre, marítimo, espacial y ciberespacial, permitiendo que una operación aérea dependa de la protección digital de sistemas críticos y de información satelital en tiempo real. En este sentido, los efectivos estadounidenses liderarán la denominada Célula Espacial, donde se coordinarán sensores para tareas de inteligencia y apoyo a la navegación optimizando las rutas de vuelo y la detección de amenazas desde órbita.

La arquitectura de este complejo sistema será gestionada por la Fuerza Aérea de Chile mediante un Centro de Operaciones Aéreas Combinadas, el cual funcionará como el corazón logístico y de mando para sincronizar a las seis naciones participantes. Durante el desarrollo de las maniobras se simularán misiones de superioridad aérea, ayuda humanitaria y supresión de defensas en un escenario ficticio de conflicto entre Estados. Este enfoque permite normalizar procedimientos comunes y asegura que la respuesta ante crisis regionales sea eficiente, moderna y tecnológica.

La geografía del desierto de Atacama proporciona un entorno ideal para el entrenamiento avanzado, permitiendo que las fuerzas realicen maniobras de alta complejidad con un riesgo operacional controlado. Más allá de la exhibición de medios militares, el ejercicio funciona como un laboratorio operacional donde se ensayan las tácticas que definirán la seguridad de Sudamérica en las próximas décadas. De esta manera, la cooperación aérea deja de ser una mera intención diplomática para transformarse en una capacidad operativa real que fortalece la confianza mutua entre los países participantes ante los desafíos inciertos del siglo XXI.













