Durante la primera semana de junio, las tensiones entre China y Taiwán registraron un nuevo episodio cuando la guardia costera china realizó patrullajes y operaciones de control marítimo al este de Taiwán. Estas acciones implican la intercepción de buques mercantes y la demanda de información sobre su origen y destino. Frente a ello, la Guardia Costera taiwanesa calificó esta acción como “harassing commercial shipping”, realizado en una zona que antes no había sido objeto de acciones coercitivas procedentes de Beijing.

El incidente involucró a la Guardia Costera de China, a la Administración de Guardacostas de Taiwán y a embarcaciones comerciales que transitaban por aguas cercanas a la isla. Por un lado, Beijing alegó que las operaciones constituían actividades legítimas de aplicación de la ley dentro de áreas bajo su jurisdicción. Sin embargo, el gobierno taiwanés rechazó dichas afirmaciones argumentando que China carece de autoridad legal para ejercer controles sobre rutas marítimas internacionales próximas a su territorio.
En esta operación, China desplegó un mínimo de cinco embarcaciones gubernamentales cerca de la Zona Económica Exclusiva de Taipei en Taiwán . Es así como Beijing combina guardacostas, autoridades, autoridades marítimas y organismos de rescate en operaciones planificadas y coordinadas. Este accionar ha sido catalogado como tácticas militares de zona gris, las cuales refieren a acciones disuasorias agresivas que se sitúan por encima de la diplomacia cotidiana, pero por debajo del umbral de la guerra. De esta manera, China proyecta poder sin tener que recurrir a la fuerza militar directa, con el objetivo de alterar el statu quo sin producir tensiones militares directas con Taiwán.
¿Qué implicaciones geopolíticas tiene?
Este nuevo episodio de tensiones se enmarca dentro de la búsqueda de cambio de status quo respecto a una zona con gran potencial geoeconómico. El informe Crossroads of Commerce describe al estrecho de Taiwán como una ruta crítica que permite el flujo del 20% del comercio internacional. Por tanto, el comercio mundial y las cadenas globales de suministro dependen de la estabilidad de esta ruta comercial. Adicionalmente, es un nodo crítico para la industria global de semiconductores. De hecho, la isla posee cerca del 90% de su manufactura, de la cual el 66% transita por su ruta marítima directa. En ese sentido, es clave para sostener la cadena global de valor de un producto estratégico y clave para la geopolítica actual, como los microchips.
Por otro lado, la noticia tiene una dimensión geopolítica conectada con la competencia estratégica regional que contrapone a China con las acciones de Japón y Filipinas. Los países asiáticos anunciaron el avance en sus negociaciones marítimas, las cuales fueron interpretadas por Beijing como una afección, sobre territorio marítimo vinculado a Taiwán. Debido a que, el intercambio implicó conversaciones formales para delimitar la frontera marítima de la zona económica exclusiva y la plataforma continental entre ambos países. Por ello, el accionar de China es una protesta directa a un accionar que supone un riesgo en la competencia por el orden regional.

Debido a que China lleva desarrollando un discurso y estrategia de búsqueda de status quo a través de la “doctrina del Mar Meridional Chino”. Esta reclama el 90% de sus aguas y archipiélagos, incluyendo las islas Spratly y Paracel y la anexión de Taiwán. Por tanto, el despliegue de estas embarcaciones refleja la estrategia de China para ampliar gradualmente su presencia y capacidad de control en torno a Taiwán, territorio que considera parte de su soberanía. Sin recurrir a la fuerza militar directa, Beijing emplea instrumentos civiles y semimilitares para reforzar sus reclamaciones territoriales y modificar progresivamente el statu quo regional. En consecuencia, estos incidentes evidencian una competencia más amplia por la configuración del orden de seguridad en Asia Oriental.
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