Los números se actualizan, de un lado declaran que hay que esperar un resultado oficial, del otro moderan los festejos mientras el conteo empieza a mostrar una ventaja mínima. Así de incierta fue la noche del domingo electoral en Perú, donde se disputó la segunda vuelta entre la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, y el candidato de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez.
Pasadas las seis de la tarde, Keiko Fujimori tenía en agenda recibir los boca de urna en el Hotel BTH, pero la misma se encadenó a los hechos, y los hechos, como un ancla en alta mar, hundieron las esperanzas de ganar de forma cómoda en un balotaje polarizado por el disgusto de los ciudadanos hacia los candidatos.
“Hasta el momento no hay ningún ganador en esta contienda”, expresó Keiko Fujimori, tras la aparición con tono festivo de Sánchez. La candidata de derecha sostiene que hay un empate técnico.

Ante el escepticismo de la llegada de Fujimori al búnker, rondaba la idea de que el equipo de Fuerza Popular no estaba seguro de que iban a ganar con apenas el 20% de las mesas escrutadas.
En 2021, el fujimorismo enfrentó a Pedro Castillo, cuando se reveló el primer boca de urna, festejaron porque les daba una victoria amplia de más de cinco puntos de ventaja. Lo que sucedió después fue humillante. La publicación oficial del ONPE dio como ganador a Castillo. Lección aprendida, no festejar antes de tiempo.
Mientras se escriben estas líneas, la ONPE registra cerca del 92% de las actas contabilizadas y la diferencia se mantiene al límite: Keiko Fujimori aparece con el 50,172% de los votos, frente al 49,828% de Roberto Sánchez. La tendencia favorece a la candidata de Fuerza Popular, aunque el margen sigue siendo estrecho y obliga a tomar el resultado como preliminar hasta que avance el conteo oficial.

De todas formas, con más del 90% de las actas contabilizadas, todavía resta un tramo pendiente del escrutinio. En una elección definida por décimas, cualquier resultado parcial sigue siendo insuficiente para cerrar políticamente la disputa, más allá de que la ventaja momentánea favorezca a Fujimori.
Con el 92% de las actas contabilizadas, el mapa electoral peruano sigue partido en dos: Fujimori apenas por encima del 50% y Sánchez resistiendo a menos de medio punto de distancia
No iba a ser rápido el conteo de los votos como nos mal acostumbró Colombia hace unos días, cuando se llevó a cabo la primera vuelta y a las seis de la tarde ya estaba más del 90% de las mesas escrutadas.

La cuestión de los resultados preliminares u oficiales, poco le importó a Sánchez al salir al balcón sobre la Plaza San Martín en Lima, donde pronunció “Democracia si, dictadura no”. En una ola de vítores, bajó la espuma a los festejos y concluyó que “vamos a esperar con mucha fe el resultado final”.
Perú, cuando se resuelva el resultado oficial del ONPE, recibirá la noticia de quién será el décimo presidente en diez años. Un promedio de un mandatario al año en esta década perdida en materia política e institucional.
La vuelta del fujimorismo al poder consolidaría la tendencia regional de la derechización, apoyada por el Trump 2.0, que sigue de cerca los comicios peruanos.
Una victoria de Sánchez retomaría el camino que había sembrado Pedro Castillo en 2021. Pero con mucha resistencia legislativa, debido a que la izquierda peruana no tiene mayorías, por lo que es imprevisible la duración del candidato en el poder.
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