El portaaviones HMS Prince of Wales llevó a cabo ejercicios de guerra antisubmarina en el Atlántico Norte como parte de su preparación para un nuevo despliegue en el Ártico y la región euroatlántica junto a fuerzas de la OTAN. Las maniobras se realizaron en el marco de la Operación Firecrest e incluyeron operaciones con helicópteros Merlin Mk2 equipados con torpedos de entrenamiento Sting Ray, en un contexto marcado por el aumento de la actividad naval rusa cerca de aguas británicas.

El grupo de combate encabezado por el portaaviones británico operó junto al destructor HMS Duncan y el buque logístico RFA Tidespring, realizando ejercicios diurnos y nocturnos enfocados en la detección y neutralización de submarinos. Las prácticas también incluyeron intensos entrenamientos de aterrizaje de aeronaves sobre la cubierta del portaaviones (apontaje) y coordinación aérea antes del despliegue previsto hacia el Ártico.
Además, el Grupo de Ataque de Portaaviones incorporará cazas F-35 de quinta generación pertenecientes tanto a la Real Armada británica como a la Real Fuerza Aérea (RAF), reforzando las capacidades de proyección y disuasión británicas en el flanco norte europeo.

Un despliegue marcado por la tensión con Rusia
El operativo británico se desarrolla mientras Londres advierte sobre un incremento de la presencia militar rusa en el Atlántico Norte. Según cifras del Ministerio de Defensa del Reino Unido, en los últimos dos años aumentó un 30% la actividad de buques rusos en las proximidades de aguas británicas, situación que ha impulsado un refuerzo de las operaciones de vigilancia y despliegue naval de la Armada.
En este contexto, hemos informado recientemente de que el HMS Prince of Wales y unidades británicas monitorearon a un presunto buque espía ruso mientras transitaba cerca del área de operaciones del grupo de combate, en un episodio que volvió a evidenciar la creciente competencia estratégica entre Moscú y Londres en el Atlántico Norte.

El despliegue actual también había sido anticipado semanas atrás, cuando el portaaviones arribó a Escocia para cargar municiones y completar preparativos logísticos antes de iniciar operaciones frente a Rusia. Aquella escala fue interpretada como una señal del endurecimiento de la postura británica en el norte de Europa y el Ártico.
Al mismo tiempo, el HMS Prince of Wales también quedó envuelto recientemente en el debate estratégico británico sobre el Atlántico Sur. A fines de abril, un exasesor de Margaret Thatcher propuso públicamente enviar el portaaviones a las Islas Malvinas en medio de la controversia generada por una filtración de información militar estadounidense, reflejando cómo el principal buque de la Armada continúa ocupando un lugar central en las discusiones sobre la proyección global del Reino Unido.
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