El rearme nuclear que atraviesa al mundo amenaza con generar una crisis de los misiles en Asia-Pacífico, donde se sitúan buena parte de los estados que están haciendo crecer sus arsenales de armas de destrucción masiva.

Se trata de una tendencia que va en contra de la reducción de este tipo de armamento que atravesó los últimos 25 años, tras el fin de la Guerra Fría. Ya en el segundo mandato de Donald Trump, Estados Unidos abandonó el tratado de no proliferación nuclear New START, que compartía con Rusia, por la iniciativa del republicano de sumar a China. Pero Beijing se manifestó en contra de unirse a este acuerdo, razón por la que todavía no se materializó un nuevo límite a la producción de armas nucleares.
El rearme nuclear amenaza con generar una crisis de los misiles en Asia-Pacífico
Según advirtió el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS por sus siglas en inglés), esta nueva carrera nuclear presenta un escenario especialmente delicado en la región Asia-Pacífico, donde seis estados con capacidad nuclear están situados o tienen tropas desplegadas.
Aunque los dos mayores arsenales de armas nucleares en el mundo corresponden a Estados Unidos y Rusia, el cambio en la tendencia corresponde a China, que según análisis estadounidenses citados por el IISS habría pasado de estar por debajo de 200 cabezas nucleares a más de 600, con proyecciones de “pasar las 1000 en 2030”.

En este sentido, el IISS advierte que “como el resultado de la no existencia de un tratado de control armamentístico y la reticencia de Pekín, la relación EE.UU. – China carece de muchas de las herramientas de reducción de riesgos que fueron puestos entre Washington y Moscú desde la Guerra Fría”. La reciente cumbre bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping, señalan, “parece haber resultado en una convergencia limitada entre los dos países sobre la ‘estabilidad estratégica’, sin ninguna implicación práctica”.
Otra amenaza a la estabilidad regional es el desarrollo del “domo dorado”, como llama Donald Trump a un sistema de defensa capaz de contrarrestar “misiles balísticos, hipersónicos, misiles de crucero avanzados y otros sistemas de ataque aéreo de adversarios pares, casi-pares y rebeldes”. Tras su última cumbre, realizada pocos días después de la visita de Trump, Xi Jinping y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, advirtieron que el “domo dorado” presenta ” una obvia amenaza a la estabilidad estratégica”.
Sin embargo, la proyección no solo alcanza a Pekín y Moscú, sino que también concierne a los otros actores nucleares -de menor escala- en la región: India, Pakistán y Corea del Norte. Entre los primeros dos, además, existe una tensión regional de larga data que vuelve más peligroso el aumento mutuo de armas de destrucción masiva.
![El líder norcoreano Kim Jong Un camina frente a un misil balístico intercontinental en marzo de 2022 [Archivo: Agencia Central de Noticias de Corea vía Reuters]](https://www.escenariomundial.com/wp-content/uploads/2026/03/armas-nucleares-corea-del-norte.webp)
Pero incluso el problema se derrama hacia estados cercanos sin capacidad nuclear, como Australia, Japón y Corea del Sur, que ante este escenario diseñan programas de misiles de largo alcance para lograr disuasión estratégica, con efectos inciertos sobre los países que sí poseen este tipo de arsenales: “Aunque es poco probable que estas capacidades anulen la capacidad nuclear de un adversario, al menos podrían interrumpir las operaciones, incluidas aquellas que antes se consideraban seguras porque estaban fuera de alcance, aumentando así los incentivos para que los estados armados nuclearmente utilicen o pierdan sus capacidades o deleguen la toma de decisiones nucleares para garantizar una cadena de destrucción resiliente”.
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