El jefe del Comando Central de Estados Unidos, el almirante Brad Cooper, pidió al Congreso acelerar inversiones en nuevas capacidades militares para atacar objetivos profundamente enterrados y enfrentar la evolución de drones y sistemas electrónicos observada durante la guerra con Irán. La advertencia llegó durante su primera comparecencia ante el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes desde el inicio del conflicto, donde aseguró que “todo el mundo se está yendo bajo tierra” para proteger infraestructura estratégica.

Durante la audiencia, Cooper sostuvo que las fuerzas estadounidenses modificaron rápidamente sus tácticas en las últimas semanas, incorporando drones LUCAS, misiles de ataque terrestre y métodos más baratos para interceptar drones iraníes y otras amenazas aéreas. Sin embargo, afirmó que el próximo paso requiere mayor inversión en guerra electrónica, sistemas anti-UAS y municiones capaces de destruir objetivos endurecidos y ocultos. Un portavoz del CENTCOM aclaró posteriormente que el almirante se refería específicamente al desarrollo de armas capaces de penetrar instalaciones subterráneas más protegidas.
La audiencia también expuso tensiones políticas en Washington sobre el manejo de la guerra. Legisladores demócratas cuestionaron a la administración de Donald Trump por continuar operaciones militares pese al alto el fuego anunciado el 5 de mayo y por el uso prolongado de fuerza militar sin aprobación explícita del Congreso. El representante John Garamendi acusó al Pentágono de ignorar los límites constitucionales sobre poderes de guerra, mientras que Seth Moulton cuestionó el impacto estratégico del conflicto y advirtió sobre el costo humano y económico de la campaña.

1 de marzo de 2026./ Créditos: United States Department of State.
Cooper defendió la operación afirmando que Estados Unidos logró sus objetivos militares y mantiene actualmente un esquema de bloqueo y disuasión preparado para distintos escenarios regionales. Al mismo tiempo, confirmó que está cerca de concluir la investigación sobre el bombardeo del 28 de febrero contra una escuela iraní, incidente por el cual reportes preliminares apuntan a responsabilidad estadounidense. El episodio y el pedido de nuevas armas reflejan cómo la guerra con Irán está empujando al Pentágono a revisar doctrinas, capacidades de penetración profunda y sistemas de defensa frente a un escenario donde infraestructuras militares y nucleares buscan cada vez más protección bajo tierra.
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