Durante más de siete décadas, la OTAN se sostuvo sobre una premisa casi inalterable. Estados Unidos garantizaba el poder militar, la disuasión nuclear, la inteligencia estratégica y el liderazgo político de la alianza, mientras Europa actuaba como el principal teatro de defensa occidental. Sin embargo, esa estructura comenzó a mostrar grietas cada vez más profundas ante el deterioro de la relación entre Washington y sus socios europeos impulsado por el presidente Donald Trump.
El interrogante que hace pocos años parecía impensado ahora comenzó a instalarse en los principales centros de decisión europeos. ¿Puede existir una OTAN sin el liderazgo estadounidense? Para Ivo Daalder, ex embajador de Estados Unidos ante la OTAN e investigador sénior del Centro Belfer de la Harvard University, la respuesta es sí, aunque no bajo el modelo de alianza que existió desde 1949. En una columna publicada en POLITICO, Daalder sostuvo que la OTAN podría sobrevivir únicamente si se transforma en una organización mucho más europea y menos dependiente de Washington.

La crisis de confianza transatlántica
Las críticas de Trump hacia la OTAN no son nuevas, pero en Europa comenzaron a interpretarse como algo más serio que simples declaraciones políticas. El mandatario volvió a cuestionar el costo de sostener alianzas militares, acusó a los socios europeos de no respaldar a Estados Unidos en sus conflictos y dejó abierta la posibilidad de reducir drásticamente el compromiso militar norteamericano con el continente.
La tensión se profundizó tras las diferencias entre Washington y varios gobiernos europeos durante la reciente guerra con Irán, cuando algunos aliados evitaron involucrarse militarmente o limitaron el uso de sus bases y espacio aéreo para operaciones estadounidenses. Para numerosos funcionarios europeos, ese episodio terminó de confirmar que la garantía de defensa automática de Estados Unidos ya no puede darse por sentada.
Según Daalder, incluso sin abandonar formalmente la OTAN, Trump tendría capacidad para debilitar seriamente la alianza desde dentro. Reducir tropas en Europa, retirar oficiales estadounidenses de la cadena de mando o bloquear decisiones estratégicas dentro del sistema de consenso aliado podrían erosionar el funcionamiento de la organización sin necesidad de una ruptura formal.
Europa acelera su autonomía militar
Frente a ese escenario, Europa comenzó a avanzar en una transformación defensiva que hasta hace pocos años parecía políticamente inviable. Alemania, Polonia, Francia y el Reino Unido incrementaron el gasto militar, ampliaron programas de rearme y aceleraron inversiones industriales en defensa a niveles no vistos desde el final de la Guerra Fría.

Al mismo tiempo, empezaron a consolidarse estructuras complementarias para reducir la dependencia respecto de Washington. El Reino Unido fortaleció la Fuerza Expedicionaria Conjunta del norte europeo, mientras Francia impulsó discusiones sobre la posibilidad de extender su disuasión nuclear a otros aliados continentales. Además, la European Union amplió programas conjuntos de financiamiento militar y producción industrial regional.
La guerra en Ucrania también modificó el equilibrio tecnológico europeo. El desarrollo acelerado de drones, sistemas autónomos y guerra electrónica impulsó una cooperación inédita entre industrias europeas y empresas ucranianas, generando capacidades que antes dependían casi exclusivamente de Estados Unidos.
El límite de una OTAN sin Washington
Aun así, reemplazar el rol estadounidense dentro de la OTAN sigue siendo un desafío enorme. Estados Unidos continúa aportando gran parte de la inteligencia satelital, el transporte estratégico, las capacidades logísticas globales y el comando operativo de la alianza. Para Europa, sustituir esa infraestructura demandaría años de inversiones y coordinación política.

Por eso, la discusión ya no pasa por construir una defensa completamente separada de la OTAN, sino por redefinir el equilibrio interno de la alianza. La idea que comienza a imponerse en Europa no es la desaparición de la OTAN, sino su transformación gradual hacia una estructura más autónoma, donde el peso político y militar europeo sea mucho mayor.
Paradójicamente, el presidente estadounidense que más cuestionó la utilidad de la OTAN podría terminar acelerando la mayor reconversión estratégica de la alianza desde la Guerra Fría. Y aunque Europa todavía no está en condiciones de reemplazar completamente a Washington, el debate sobre una OTAN menos dependiente de Estados Unidos dejó de ser una hipótesis teórica para convertirse en una discusión central sobre el futuro de la seguridad occidental.
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