Ucrania comenzó a trasladar drones, inteligencia artificial y sistemas automatizados hacia las tareas de desminado, transformando la limpieza del territorio en un nuevo espacio de experimentación tecnológica derivado de la guerra con Rusia. El objetivo es acelerar la detección de explosivos y reducir la exposición del personal en un país donde más de 132.000 kilómetros cuadrados continúan contaminados por minas y municiones sin explotar.

En ese contexto, la organización HALO Trust empezó a utilizar drones equipados con cámaras de alta resolución y herramientas de inteligencia artificial capaces de analizar imágenes del terreno para identificar posibles amenazas. Según explicó Olena Shustova, portavoz de la organización, los sistemas ya alcanzan niveles de precisión cercanos al 70%, aunque todavía requieren verificación humana sobre el terreno.
“El proceso puede tomar décadas, pero los avances tecnológicos están ayudando a acelerarlo”, sostuvo Shustova, mientras advirtió que Ucrania se convirtió en “el país más minado del mundo”. La situación refleja cómo tecnologías que inicialmente fueron incorporadas para operaciones militares ahora empiezan a utilizarse también en tareas de recuperación territorial.

Máquinas remotas y operadores humanos
La automatización no se limita al uso de drones. Cerca de Kiev, equipos especializados comenzaron a operar excavadoras no tripuladas mediante joysticks y visores de realidad virtual, permitiendo remover tierra contaminada sin que el operador quede expuesto directamente a una explosión.
Oleksandr Liatsevych, uno de los operadores de estas máquinas, reconoció que adaptarse al sistema no fue sencillo. “La diferencia entre conducir desde una cabina y hacerlo con un joystick remoto es grande”, afirmó, dejando en evidencia cómo perfiles civiles comenzaron a integrarse a tareas vinculadas a la seguridad y recuperación del territorio.

Sin embargo, pese al avance tecnológico, buena parte del trabajo todavía depende de desminadores que inspeccionan manualmente bosques y campos contaminados. “Por supuesto que existe miedo”, admitió Olha Kava, integrante de uno de los equipos desplegados en el terreno. No obstante, aseguró que esa sensación “motiva a hacer el trabajo de manera correcta y responsable”, reflejando que, incluso en una guerra atravesada por drones e inteligencia artificial, el factor humano sigue siendo central.
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