El canciller Pablo Quirno salió a responder luego de que el gobierno británico y buena parte del sistema político y mediático de Londres cerraran filas en defensa de la posición del Reino Unido sobre las Islas Malvinas, en medio del sacudón que provocó la filtración del Pentágono. En su mensaje, el funcionario argentino reafirmó los derechos soberanos de la Argentina sobre las Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, rechazó la invocación británica del principio de libre determinación y volvió a denunciar el avance del proyecto petrolero Sea Lion impulsado por Rockhopper y Navitas.

La intervención de Quirno llega después de una secuencia que cambió el tono de la discusión. Primero, Reuters reveló que en niveles altos del Pentágono circuló una nota interna que contemplaba revisar el respaldo diplomático de Estados Unidos a la posición británica sobre las islas como parte de un paquete de presión contra aliados europeos por la guerra con Irán. Luego, Downing Street reaccionó de inmediato y ratificó que la soberanía “recae en el Reino Unido” y que el derecho de autodeterminación de los isleños sigue siendo “primordial”.
En su mensaje, Quirno sostuvo que los actuales habitantes de las islas nunca fueron reconocidos por Naciones Unidas como un “pueblo” y que no pueden convertirse en árbitros de una disputa territorial en la que, desde la mirada argentina, forman parte de una población implantada. Con eso, la Cancillería buscó responder no solo a la línea oficial de Londres, sino también al núcleo del argumento que el Reino Unido viene repitiendo cada vez que la cuestión Malvinas vuelve al centro de la escena.
La reacción británica no quedó limitada a la respuesta institucional del gobierno. La filtración generó una rápida unidad entre los principales referentes políticos británicos detrás de la soberanía sobre las islas y la presentó como un nuevo signo de deterioro en la relación entre Donald Trump y Keir Starmer. En la misma línea, otros medios británicos leyeron el episodio como una alarma real dentro de la “relación especial”, no como una especulación menor.
No es casual que Quirno haya metido en el mismo texto la referencia a la Resolución 2065 de la ONU, el rechazo al referéndum de 2013 y la denuncia por la explotación de recursos naturales. Es una forma de reconstruir una posición clásica del Estado argentino justo cuando del otro lado Londres endurece el argumento de autodeterminación y la prensa británica presenta cualquier revisión estadounidense sobre Malvinas como una amenaza intolerable a la soberanía británica.
La propia filtración del Pentágono no planteaba un reconocimiento del reclamo argentino por convicción histórica o jurídica, sino como una herramienta de presión sobre europeos díscolos. Eso vuelve más importante el movimiento de la Cancillería: si la cuestión Malvinas vuelve a circular en centros de poder de Estados Unidos, la Argentina quiere que lo haga sobre la base de su narrativa soberana y no solo como ficha de castigo en una pelea entre Trump y sus aliados de la OTAN.
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