Este domingo, Perú celebrará elecciones presidenciales en un contexto de gran incertidumbre: en el país andino, que ha tenido 9 presidentes desde 2010, se presentarán 35 candidatos y, según los sondeos, un balotaje parece inevitable. En total, más de 27 millones de personas estarán habilitadas para elegir a su nuevo presidente, una práctica que se ha hecho habitual para Perú en los últimos años: desde 2010, tuvo 9 presidentes y tres Congresos, muy por encima de lo esperable en un esquema de mandatos de cinco años. A esto se suma que, por primera vez en más de tres décadas, el país volverá a contar con un Congreso bicameral con 130 diputados y 60 senadores.

Exteriores del Perú (2010).
Ante este complejo escenario, las encuestas muestran en primer lugar a Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, pero apenas con el 15%, muy por debaje del 50,01% necesario para imponerse en la primera vuelta. De cara una hipotética segunda vuelta el 7 de junio, los otros candidatos que podrían clasificar al balotaje son cinco aspirantes separados por menos de cinco puntos porcentuales. Entre ellos se destacan los exalcaldes de Lima Ricardo Belmont y Rafael López Aliaga; Carlos Álvarez, figura del espectáculo; Jorge Nieto, exministro de Defensa; y Alfonso López Chau, exdirector del Banco Central.
Las elecciones serán monitoreadas con gran atención por Estados Unidos que, desde que Donald Trump regresó al poder, tiene como uno de sus principales objetivos afianzar su posición en la región y expulsar a China de la misma (Pekín tiene una gran injerencia en Perú a través del puerto de Chancay al norte de Lima). Un claro ejemplo de esto fue la intervención en Venezuela para detener a Nicolás Maduro.
Perú es el tercer mayor productor mundial de cobre y un proveedor importante de otros minerales críticos utilizados en semiconductores, sistemas de defensa y tecnologías renovables. Por eso, intentando acercarse a Lima, y siendo consciente de que comercialmente hablando es difícil competir con China, la Casa Blanca designó a Perú como un importante aliado no perteneciente a la OTAN, una medida que profundizaría la cooperación en defensa y ampliaría el acceso a programas comerciales y de seguridad.
Tal vez te interese: El puerto de Chancay, el nuevo eje de disputa entre EE.UU. y China













