- Sudán atraviesa la mayor crisis humanitaria del mundo, con más de 9 millones de desplazados.
- Acuerdo de 1.500 millones de dólares incluye el suministro de cazas Karakoram-8, drones y sistemas de defensa aérea.
- Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Irán y Rusia juegan un rol clave.

De acuerdo con fuentes diplomáticas y militares, Pakistán estaría ultimando un acuerdo valuado en 1.500 millones de dólares para suministrar al Ejército de Sudán con cazas ligeros, drones de ataque y sistemas de defensa aérea. Aunque aún no existe confirmación oficial, el pacto se enmarca en un escenario devastador. Sudán atraviesa una guerra civil que ha generado la mayor crisis de hambre y desplazamiento del mundo.
El paquete incluiría 10 aviones Karakoram-8, más de 200 drones de reconocimiento y ataque kamikaze, además de sistemas avanzados de defensa aérea. También se mencionan aviones de entrenamiento Super Mushshak y la posibilidad de incorporar cazas JF-17, desarrollados conjuntamente con China. La operación, según analistas, podría ser facilitada por Arabia Saudita, aunque no hay evidencia de financiamiento directo.
El conflicto, la crisis humanitaria y el genocidio
Sudán se sumió en una guerra civil en abril de 2023, cuando estalló una lucha por el poder entre las Fuerzas Armadas de Sudán (FAS), lideradas por el general Abdelfatah Al Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), comandadas por Mohamed Hamdan Daglo, conocido como Hemeti. Lo que comenzó como una disputa militar se transformó en un conflicto prolongado que ha devastado al país.
La región de Darfur se ha convertido en el epicentro de las atrocidades. Organismos internacionales denuncian campañas sistemáticas de violencia étnica, destrucción de aldeas y desplazamientos forzados. La captura de El-Fasher por las RSF ha encendido las alarmas de Naciones Unidas, que advierte sobre el riesgo de masacres y acusa a las milicias de intentar borrar pruebas de matanzas, lo que ha derivado en acusaciones de genocidio.
El impacto humanitario es devastador: más de 150.000 personas han muerto, alrededor de 12 millones han huido de sus hogares y la ONU describe la situación como la mayor crisis humanitaria del mundo. La hambruna, la violencia sexual y la destrucción sistemática de tierras agrícolas han dejado a millones de sudaneses en riesgo de morir de hambre, mientras el país se convierte en un escenario de crímenes de guerra y colapso social.
Actores Involucrados
La guerra en Sudán está marcada por una red de apoyos externos que alimentan tanto al ejército como a las Fuerzas de Apoyo Rápido. El general Abdelfatah Al Burhan cuenta con el respaldo de Egipto, Arabia Saudita e Irán, además de vínculos estratégicos con Rusia, interesada en convertir Puerto Sudán en una base naval en el Mar Rojo. Por su parte, Hemeti y las RSF han recibido apoyo de Emiratos Árabes Unidos, señalados como principales proveedores de armas y como destino del oro sudanés en operaciones ilícitas.

Amnistía Internacional y expertos de la ONU han documentado la presencia de armas fabricadas en Serbia, Rusia, China, Turquía, Yemen y Emiratos, que llegan a Darfur a través de rutas de contrabando que pasan por Chad. Aunque todos los actores niegan estas acusaciones, el debate internacional se intensificó en octubre de 2025, cuando el Reino Unido fue cuestionado por la posible llegada de armas británicas a las RSF. En respuesta, la ministra Yvette Cooper defendió los controles de exportación, mientras que en una cumbre del G7 el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio pidió medidas urgentes para cortar el suministro de armas a las milicias.
El acuerdo y la industria de defensa de Pakistán
El posible pacto con Sudán representa mucho más que una transacción militar: es un reflejo del ascenso de la industria de defensa paquistaní como actor emergente en los mercados internacionales. En los últimos años, Islamabad ha consolidado su capacidad de producción con aviones de combate JF-17, entrenadores Super Mushshak y drones de ataque, posicionándose como proveedor competitivo frente a potencias tradicionales.

La venta de cazas y drones a Sudán se suma a contratos recientes con Libia y negociaciones con Bangladesh, que refuerzan la idea de que Pakistán busca convertir sus exportaciones militares en un motor económico estratégico, especialmente en un contexto de fragilidad financiera y dependencia de programas del FMI.
Para Pakistán, este acuerdo no solo significa ingresos inmediatos, sino también un reconocimiento internacional de su capacidad tecnológica y logística. La industria militar se proyecta como un catalizador de estabilidad económica y como herramienta de influencia geopolítica en África y Medio Oriente. Sin embargo, la operación también expone a Islamabad a críticas éticas: el suministro de armas a un país sumido en genocidio y crisis humanitaria puede tensionar su imagen internacional y abrir un debate sobre la responsabilidad de los exportadores de defensa en conflictos prolongados.
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