La alianza estratégica de más de un siglo entre Tailandia y Estados Unidos se tensiona por la inclinación del reino asiático a colaborar con China en el ámbito de defensa. Si bien Bangkok mantiene terminales tanto en Washington D.C. como en Pekín, su acercamiento a este último podría suponer un desafío para la presencia norteamericana en la región.

Doscientos años se van a cumplir en 2033 del tratado de amistad y comercio firmado entre Tailandia -por entonces Siam- y Estados Unidos, en lo que fue el primer acuerdo de la incipiente democracia con un país de Asia. Sin embargo, en el presente, las autoridades tailandesas profundizan un pivot hacia China que abre una serie de interrogantes respecto al futuro de la alianza.
Aunque Estados Unidos se mantuvo históricamente como el mayor proveedor de armas a Tailandia, la situación cambió con el golpe de estado de 2014, que causó la retirada de Washington D.C. y abrió el camino a la colaboración con China. De acuerdo al think tank australiano Lowy Institute, entre 2016 y 2022, la potencia asiática vendió a Tailandia alrededor de USD 400 millones, casi el doble de las operaciones cerradas por Estados Unidos. Entre las compras realizadas por el gobierno tailandés, fuertemente influido por el ejército, está el hardware para los sistemas de misiles tierra-aire tailandeses, así como los radares y tanques. Además, Tailandia está trabajando con China en la entrega de su primer submarino.
Sin embargo, Estados Unidos tiene todavía una presencia fuerte en la región, como lo demuestra la realización anual del ejercicio Cobra Gold, consideradas las prácticas militares multilaterales más grandes del mundo, celebrados desde 1982. Además, el país mantiene su consideración de aliado fundamental por fuera de la OTAN, adquirida en 2003.

La influencia china en Tailandia desafía la presencia de Estados Unidos en el sudeste asiático
La profundización de la alianza militar entre China y Tailandia conlleva un riesgo para la presencia de Estados Unidos en el sudeste asiático, según han apuntado distintos analistas.
Un informe de 2024 del emitido por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos sobre la carrera de misiles en Asia-Pacífico advirtió que la preferencia de Tailandia por China podía significar un problema para la presencia de misiles estadounidenses en la región, donde Washington D.C. también busca contrarrestar la amenaza de Corea del Norte.

Las complicaciones posibles del giro militar del reino asiático también son palpables para Bangkok, como se observó en el rechazo emitido por Estados Unidos en 2023 a la compra de ocho cazas F-35, considerados las aeronaves de combate más modernas del mundo. En particular, la presencia de radares y otros sistemas chinos en Tailandia vuelve sensible la compra de armamentos de este tipo, ya que Pekín podría observar de cerca su funcionamiento y eventuales debilidades.
El enfriamiento de las relaciones entre ambos países se enmarca además en un contexto de viraje de la propia política exterior estadounidense, que busca enfocar sus recursos en la denominada “primera línea de islas” que separan a China de Estados Unidos e incluye a Japón, Taiwán y el archipiélago de las Filipinas. Además, la firma de acuerdos multilaterales en materia de defensa con países como Australia, India y Corea del Sur corren el foco estratégico de Washington D.C., ya sea por conveniencia o por necesidad debido al avance chino en el sudeste asiático.
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