El USS Gerald R. Ford (CVN-78), el portaaviones más moderno de la Armada de Estados Unidos, ya se encuentra desplegado en el Caribe bajo control operativo del Comando Sur (USSOUTHCOM), como parte del refuerzo militar que Washington viene consolidando en la región con el argumento de combatir a las Organizaciones Criminales Transnacionales (TCOs). Se trata de un movimiento crucial, considerando que el buque insignia operaba, hasta hace pocas semanas, en el Mediterráneo y participaba de ejercicios con la OTAN.

Ahora, el portaaviones fue redirigido hacia el hemisferio occidental por orden del secretario de Guerra Pete Hegseth, en el marco de la campaña estadounidense de presión sobre redes de narcotráfico y actores vinculados al llamado “narco-terrorismo” en América Latina. Según informó el Pentágono, el Ford y su Grupo de Ataque completaron el cruce del Estrecho de Gibraltar el 4 de noviembre —escoltados en ese tránsito por la fragata española Numancia (F-83)— y, desde entonces, avanzaron hacia el área de operaciones del Comando Sur, donde ya se integraron formalmente al dispositivo aeronaval que opera sobre el Caribe y el Atlántico occidental.
“La presencia reforzada de fuerzas estadounidenses en el área de responsabilidad del USSOUTHCOM fortalecerá la capacidad de Estados Unidos para detectar, monitorear y desarticular a los actores y actividades ilícitas que comprometen la seguridad y la prosperidad del territorio nacional, así como la estabilidad en el hemisferio occidental”, sostuvo el vocero del Departamento de Guerra, Sean Parnell, al justificar el despliegue. En la misma línea, el funcionario remarcó que el portaaviones y sus escoltas “ampliarán las capacidades existentes para interrumpir el narcotráfico y debilitar y desmantelar las Organizaciones Criminales Transnacionales”.
Caracas responde mientras Washington refuerza
En paralelo al ingreso del Ford al teatro caribeño, las Fuerzas Armadas de Venezuela dieron inicio a la fase intensiva de los ejercicios Plan Independencia 200, un programa de maniobras de gran escala que involucra componentes terrestres, aéreos y navales. Si bien el gobierno venezolano enmarca estas maniobras en la doctrina de “defensa integral del territorio” y en la necesidad de preparar a sus fuerzas ante cualquier escenario, la coincidencia temporal con el despliegue del Ford CSG refuerza la dimensión política de los ejercicios.
En la práctica, el Caribe se consolida como un espacio de presión cruzada: de un lado, la proyección de poder naval y aéreo de EE. UU.; del otro, la respuesta simbólica de Venezuela, que busca exhibir capacidad de disuasión y cohesión entre el liderazgo político y militar. Además, el USS Gerald R. Ford se integra a un despliegue ya en curso en el área de responsabilidad del Comando Sur que incluye a los destructores USS Stockdale (DDG-106) y USS Gravely (DDG-107), el crucero de misiles guiados USS Lake Erie (CG-70) y los buques de asalto anfibio USS Iwo Jima (LHD-7), USS Fort Lauderdale (LPD-28) y USS San Antonio (LPD-17).

De acuerdo con información difundida oficialmente, el buque de combate litoral USS Wichita (LCS-13), el destructor USS Jason Dunham (DDG-109) y el submarino de ataque USS Newport News (SSN-750) ya no operan bajo SOUTHCOM, en lo que parece ser un reacomodamiento del dispositivo regional para integrar al Ford CSG como nuevo eje de mando y proyección. Por su parte, el Grupo de Ataque del Ford está compuesto por nueve escuadrones del Carrier Air Wing 8, los destructores de misiles guiados clase Arleigh Burke USS Bainbridge (DDG-96) y USS Mahan (DDG-72), ambos del Escuadrón de Destructores 2, y el destructor USS Winston S. Churchill (DDG-81).
En conjunto, este despliegue convierte al Caribe en uno de los escenarios operativos más densamente militarizados del hemisferio, donde se cruzan la agenda formal de lucha contra el narcotráfico, las tensiones políticas con Venezuela y la lógica de proyección estratégica global de Estados Unidos.
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