El pasado lunes, el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, anunció que el país llegó a un acuerdo con China para reestructurar una deuda pendiente de 4.400 millones de dólares, ahorrando así unos mil millones entre 2022 y 2025. Este movimiento forma parte del proyecto de China para ganar influencia y autonomía económica en todo el mundo, planeando otorgar 900 mil millones de dólares en préstamos en todo el mundo para el año 2048. 

Ecuador es un ejemplo de ello, ya que entre el 2007 y el 2017 el país recibió 18 mil millones de dólares en préstamos por parte de China durante el gobierno de Rafael Correa, principalmente. Este año las condiciones macroeconómicas del país fueron más duras que en otros tiempos, debido más que nada a la caída de los precios del petróleo que ponen al país en peligro de no poder pagar sus préstamos. 

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Lasso viajó el pasado febrero a Beijing para discutir este acuerdo de reestructuración que hoy es una realidad, y según un informe reciente del Instituto de Finanzas Internacionales, la medida “salvará al país de un déficit de financiación de 3.000 millones de dólares”. El mandatario lo calificó como “un gran avance para Ecuador”, sabiendo que países como el suyo enfrentan problemas económicos como el aumento de las tasas de interés, entre otros. 

Sin embargo, diversos investigadores y economistas criticaron previamente los préstamos chinos por su “falta de transparencia y altas tasas de interés”, lo cual no está alejado de la realidad. Además, parte de la deuda se encontraba respaldada por futuras ventas de petróleo ecuatoriano. Por lo pronto, China continúa cancelando deudas alrededor del mundo a múltiples países, en su mayoría emergentes, que tienen complicaciones al momento de pagar sus préstamos. 

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