A casi 9 meses de la vuelta al poder de los Talibanes, la situación en Afganistán ha dado un giro rotundo, tanto político como socialmente hablando. Sin embargo, hay algunos aspectos que no parecen haber cambiado en lo más mínimo: la violencia y el terrorismo siguen estando presente en la vida de los afganos. 

Como bien sabemos, al llegar a lo más alto del poder, los Talibanes instauraron una nueva etapa del Emirato Islámico –el cual ya había tenido lugar décadas atrás-. De la mano del mismo, se impuso el riguroso cumplimiento de la Sharía (Ley Islámica), con un gran número de prohibiciones, sobre todo para las mujeres afganas quienes, desde que Talibán tomó el poder, han tenido que experimentar situaciones degradantes y ajustar su modo de vida a lo que indica la ley mencionada. Caso contrario, los castigos que reciben aquellas personas que no sigan la Sharía de manera estricta, son de los más inhumanos imaginables.

Protestas de mujeres

Es a raíz de esta grave situación que –en el transcurso de las últimas semanas- cientos de mujeres se han anunciado en contra de las medidas tomadas por los Talibanes, ya sea mediante reuniones en la calle, brindando discursos o manifestándose a través de las redes sociales. 

Las protestas mencionadas, han derivado en la dura respuesta por parte del alto mando de Talibán –quienes no desaprovecharon la oportunidad para hacer uso de la fuerza de manera represiva-.

Según los medios, las activistas afganas –en los últimos meses- se han convertido en uno de los principales objetivos del gobierno Talibán, por el solo hecho de expresar su opinión y reclamar una vida digna similar a la que cualquier ser humano merece.

Desde la Organización de Naciones Unidas han manifestado su preocupación acerca de la degradante situación humanitaria en Afganistán, indicando que la violencia de género constituye una profunda amenaza –a corto y largo plazo- para las niñas y mujeres afganas y que, dicha situación ha incrementado debido a la discriminación perpetrada por los nuevos gobernantes del país, es decir, los Talibanes.

Por su parte, otra organización que se pronunció al respecto es UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), tras una visita de su Directora Global de Comunicación –Paloma Escudero- a una escuela primaria de Afganistán. Allí, Escudero sostuvo que las estudiantes afganas necesitan más ayuda que nunca y apeló al apoyo de la comunidad internacional. Esto debido a que, al cumplir su sexto año de estudio, las niñas son privadas de todo tipo de educación, más allá de su propio deseo. Sumado al cierre de decenas de escuelas para mujeres, por parte del gobierno Talibán.

“Este es el momento en el cual las niñas más nos necesitan. Ellas van a la escuela cada día. Quieren aprender. Me dijeron que quieren ser doctoras, ingenieras y maestras”, pronunció la Directora Global de Comunicación de UNICEF.  

El periodismo censurado 

A su vez, otro de los grupos más afectados por las nuevas políticas de los Talibanes es –sin lugar a dudas- el de los periodistas, los cuales se vieron en la obligación de dejar de realizar sus trabajos ya que, muchos de ellos, al transmitir la cruda realidad que vive el país, recibieron amenazas o fueron arrestados. No obstante, también se han reportaron casos de periodistas que sufrieron torturas en manos de los Talibanes.

La censura de muchos medios de comunicación y el arresto de periodistas ha despertado una alarma entre los mismos colegas, ya que cualquier tipo de manifestación en contra del régimen Talibán, los ha puesto en la condición de blancos directos de estos últimos.  

Es por este motivo que, el hecho de transmitir una visión real acerca de lo que está sucediendo en Afganistán se ha convertido en un gran problema tanto para los medios nacionales como para sus pares internacionales. La información recolectada es cada vez más escasa y, aquellas personas que han sido detenidas por los Talibanes, se niegan rotundamente a contar sus experiencias, víctimas del miedo y de la amenaza sobre lo que puede llegar a sucederles luego. 

El terrorismo cesa, pero no desaparece 

Si bien, los atentados terroristas han bajado de manera significativa desde la llegada al poder de los Talibanes, la violencia sigue siendo parte de la vida de la sociedad afgana tal como lo desarrollamos en los párrafos anteriores. Y dentro de dicha violencia se encuentra –nada más ni nada menos- que el terrorismo, un fenómeno que no ha dejado de ser un peligro que afecta a Afganistán de manera notoria.

En las últimas semanas se han reportado varios ataques terroristas a lo largo y ancho del país. La mayoría de estos han sido adjudicados por el autodenominado “Estado Islámico”, quien -desde hace meses- se ha enfrentado en numerosas ocasiones con los Talibanes. 

Según los datos recolectados por el Observatorio Universitario de Terrorismo, los últimos atentados registrados en las ciudades de Kabul y Balkh, han dejado un saldo de 80 personas fallecidas y más de 180 civiles heridos. Todo esto, en el transcurso de 10 días. 

Además de ISIS, los Talibanes afganos también han mantenido enfrentamientos armados con Tehreek-e-Taliban -una organización terrorista radicada en la vecina Pakistán- quienes han sido los perpetradores de grandes ataques llevados a cabos en dicho país.

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Estudiante avanzado de la Lic. en Ciencia Política (UNSTA). Coordinador del Área de Asia Central y Medio Oriente para el Observatorio Universitario de Terrorismo del Instituto de Relaciones Internacionales (UNLP).

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