Faltan menos de 50 días para el comienzo del Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, y en las últimas horas sumó un episodio que puede cambiar la competencia. El capítulo es un cocktail que mezcla fútbol, diplomacia y guerra, y hablaría de la injerencia de la política dentro del fútbol.

Según reveló el Financial Times, un enviado especial del presidente estadounidense Donald Trump propuso que Italia reemplace a Irán en el torneo, en medio del conflicto en Medio Oriente y tras la eliminación de la azzurra ante Bosnia y Herzegovina en el repechaje. El planteo ya circula por los pasillos de la FIFA en Zürich, Suiza.
La iniciativa fue impulsada por Paolo Zampolli, aliado cercano a Trump, quien aseguró haber trasladado la idea al propio mandatario y al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Con un interés personal de por medio, Zampolli, como marca su apellido, es italiano, pero también aplica a un contexto político más amplio.
El movimiento buscaría recomponer la relación desgastada entre Trump y la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, que vive el peor momento de su vínculo bilateral, luego de que Italia no envíe buques al Estrecho de Ormuz en el marco de la propuesta de Estados Unidos para contrarrestar a Irán.

“Sería un sueño ver a la Azzura en un mundial organizado en Estados Unidos”, afirmó el enviado, al destacar que Italia cuenta con cuatro títulos mundiales y un historial que, a su juicio, justificaría su inclusión. Pero los resultados del fútbol mandan por sobre la historia. La selección italiana, sin embargo, quedó eliminada del torneo tras perder el repechaje frente a Bosnia y Herzegovina.
Del otro lado, Irán ya aseguró su clasificación y forma parte del cuadro mundialista. No obstante, tras el inicio de la guerra en Medio Oriente, la federación iraní solicitó que sus partidos no se disputen en territorio estadounidense, lo que agrega un elemento logístico y político a la situación.
Desde la FIFA, la postura oficial se mantiene sin cambios. Infantino había señalado semanas atrás que el calendario y las sedes previstas se sostendrán según lo establecido, al tiempo que ofreció apoyo a la selección iraní para su preparación de cara al torneo.
Igualmente, el reglamento del Mundial contempla escenarios de excepción. El artículo 6.7 establece que, en caso de retiro o exclusión de una selección clasificada, la FIFA puede decidir su reemplazo de manera discrecional. Ese punto abre una ventana formal para una eventual modificación, aunque no implica que exista un proceso en marcha.

Más allá de la viabilidad reglamentaria, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el cruce entre política y deporte en eventos globales. El Mundial, tradicionalmente presentado como un espacio de competencia deportiva, aparece nuevamente atravesado por disputas geopolíticas y agendas nacionales.
La posible injerencia del entorno de Trump en una decisión de este tipo, incluso en una fase preliminar o informal, refleja el peso que puede adquirir el torneo en clave diplomática. En este caso, el fútbol se convierte en un canal indirecto para gestos políticos entre Estados.
Por ahora, no hay indicios de que la FIFA evalúe formalmente la propuesta. El próximo 30 de abril, el organismo reunirá a sus 211 federaciones en su Congreso en Vancouver, donde no figura en agenda ninguna discusión sobre la participación de Irán.
A menos de dos meses del inicio del Mundial, previsto para el 11 de junio, el episodio suma incertidumbre en un contexto marcado por la guerra en Medio Oriente. La evolución del conflicto en Medio Oriente y su impacto en la competencia podrían definir si esta iniciativa queda como un gesto aislado o escala a un debate mayor dentro del fútbol global.
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