El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que está considerando seriamente retirar al país de la OTAN en medio de crecientes tensiones con sus aliados europeos por la guerra en Irán. Según la entrevista publicada por The Telegraph el día de la fecha (1 de abril de 2026) Trump habría asegurado que la permanencia en la alianza atlántica está “más allá de reconsideración” y volvió a calificarla como un “tigre de papel”.

En paralelo, funcionarios estadounidenses reforzaron ese mensaje señalando que “todo está sobre la mesa” según el embajador ante la OTAN, Matthew Whitaker, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, anticipó que Washington revisará su relación con el bloque tras la negativa europea a acompañar la ofensiva en Medio Oriente.
El trasfondo inmediato es la falta de apoyo de los aliados europeos a la ofensiva liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán, un conflicto que estaría superando el mes de duración y que ha tenido consecuencias directas en el sistema energético global. El cierre del estrecho de Ormuz -uno de los principales cuellos de botella del comercio mundial de petróleo y gas- ha provocado un fuerte aumento en los precios internacionales elevando por consecuencia la presión sobre las economías occidentales.
En este contexto, varios países europeos han reiterado su rechazo y negativa a desplegar medios militares navales para reabrir la vía marítima, o protegerla, una decisión que expuso los límites políticos y estratégicos de la OTAN frente a conflictos que no encuadran dentro de su cápsula de defensa colectiva. Además, algunos gobiernos optaron por restringir el uso de su espacio aéreo a aeronaves estadounidenses involucradas en la operación, marcando una señal concreta de distanciamiento.

Las reacciones desde Europa buscaron, sin embargo, evitar una escalada discursiva. El primer ministro británico, Keir Starmer, sostuvo que continuará actuando en función del interés nacional del Reino Unido “más allá del ruido”, mientras que el ministro de Defensa de Polonia, Władysław Kosiniak-Kamysz, remarcó que la seguridad transatlántica sigue siendo indivisible y llamó a preservar la cooperación entre aliados.

A pesar de estas señales de contención, la dinámica reciente muestra un deterioro progresivo en la coordinación occidental. Londres, por ejemplo, ya había descartado días atrás cualquier despliegue de tropas británicas en Irán, en una decisión que evidenció las diferencias estratégicas con Washington sobre el alcance y los objetivos de la operación militar.
En paralelo, las tensiones también se trasladaron al plano bilateral. Trump cuestionó públicamente las capacidades militares del Reino Unido, profundizando el desgaste político con el gobierno de Keir Starmer.

RFA Lyme Bay se prepara para incorporar nuevos equipos no tripulados de última generación. Créditos: Royal Navy
Italia, por su parte, rechazó el uso de bases en Sicilia para operaciones aéreas estadounidenses vinculadas al conflicto, una medida que refuerza la tendencia de los aliados europeos a limitar su involucramiento directo en la guerra. Este tipo de decisiones operativas tiene implicancias concretas en la capacidad logística de Washington y en la proyección de fuerza en la región.
Las declaraciones de Trump se inscriben, además, en una trayectoria más amplia de críticas a la OTAN, centradas en el reparto de cargas y el gasto en defensa. Aunque los aliados lograron recientemente cumplir el objetivo del 2% del PBI e incluso acordaron elevarlo al 5%, la discusión sobre el rol de Estados Unidos dentro de la alianza sigue abierta.

En paralelo, existe un límite institucional relevante respaldado por una ley aprobada en 2023 impide que un presidente estadounidense retire unilateralmente al país de la OTAN sin la aprobación del Congreso, lo que introduce un factor de contención frente a cualquier intento de ruptura abrupta.
En conjunto, la secuencia de tensiones —desde las divergencias sobre Irán hasta los cruces políticos y las restricciones operativas— configura un escenario en el que la cohesión de la OTAN enfrenta uno de sus momentos más delicados desde el fin de la Guerra Fría, con implicancias directas para la arquitectura de seguridad internacional y el equilibrio de poder global.
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