Un informe de un tradicional think tank de Estados Unidos advirtió que la verdadera guerra de Irán no pasa por derrotar a la coalición norteamericana con Israel sino en debilitar la economía global para asegurar su supervivencia.

El artículo, titulado “La guerra real de Irán es contra la economía global”, lleva la firma de Navin Girishankar, presidente del departamento de Seguridad Económica y Tecnología del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un think tank integrado por republicanos y demócratas que busca “definir el futuro de la seguridad nacional” de Estados Unidos.
Informe advierte que la verdadera guerra de Irán puede ser contra la economía global
Ya ha sido advertido por muchos analistas que el principal activo de Irán en la guerra que libra desde principios de marzo contra Estados Unidos e Israel es la capacidad para bloquear el estrecho de Ormuz. Este paso marítimo conecta el norte del Golfo Pérsico con el mar Arábigo, sirviendo como una de las vías más importantes del mundo para el petróleo, el Gas Natural Licuado (GNL) y el nitrógeno que potencia los fertilizantes.
Girishankar señala que, como objeto de este bloqueo, “casi tres millones de barriles de crudo iraquí quedan varados por día. El petróleo se movió de USD 77 a USD 119 en una semana”. La volatilidad que genera estos movimientos, señala, es del tipo que “paraliza decisiones de inversión y repercute en cada economía conectada”. Este es el efecto global de la guerra, que “los consumidores estadounidenses ya ven en la estación de servicio” y generó que “los mercados financieros norteamericanos hayan caído miles de puntos desde que empezó la guerra”.

Pero además, la campaña militar de Irán apuntó contra infraestructura crítica de sus vecinos del Golfo. Así, fueron golpeados plantas refinadoras de petróleo, desalinizadoras de agua, hoteles y centros de datos en estados como Qatar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Kuwait y Arabia Saudita. “Esto no es una retaliación dispersa”, señala Girishankar: “Es una estrategia deliberada para hacer que la guerra no sea económicamente sustentable para Estados Unidos, sus socios en el Golfo y la economía global por completo”.
En este sentido, el analista señala que la guerra en el Golfo pone un manto de duda sobre el futuro de la presencia norteamericana en una región clave: “Mientras los estados del Golfo ven que el inventario de interceptores y de defensas norteamericanas se reducen ante ataques sostenidos, su confianza podría erosionarse rápidamente”. “Los estados del Golfo que han comprometido inversiones de largo plazo en la industria estadounidense y sus cadenas de suministro podrían ahora desviar su capital hacia la reconstrucción y el rearme”, advierte, “el oleoducto de capital que financia el futuro industrial de Estados Unidos está en riesgo de ser redirigido”.
La erosión de las alianzas norteamericanas no solo afectaría a Medio Oriente, sino que podría expandirse a otras regiones del mundo. Socios de larga data como Japón y Corea del Sur reciben buena parte de su combustible a través del estrecho y se ven particularmente perjudicados por su bloqueo, mientras que “a lo largo del Sur Global, la combinación de shocks de combustible y alimentos, incertidumbre comercial y deuda insostenible le da a los países todas las razones para buscar alternativas, con China lista para proveerlas”.

El último efecto negativo para Estados Unidos por su involucramiento contra Irán es algo que ya se está viendo: el fortalecimiento de sus adversarios. “El alza en los precios del petróleo beneficia a Rusia (…) mientras que Beijing compra cerca del 80% del petróleo embarcado iraní con descuento mientras la guerra lo pone en riesgo”.
Girishankar señala que “este prospecto hace que la disciplina estratégica sea urgente”. “Las ganancias militares son reales y sustanciales como apara proveer la base a un pivot estratégico”. En este sentido, pide al Poder Ejecutivo enviar una declaración de guerra al Congreso, “no como una formalidad, sino como un salvavidas”: “La autorización fuerza la definición de objetivos en una campaña donde los objetivos han virado de la decapitación a la desnuclearización al cambio de régimen en doce días”.
La conclusión del presidente del departamento de Seguridad Económica y Tecnología del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales es, por lo tanto, que “Estados Unidos debe reducir sus objetivos, declarar la degradación de la capacidad ofensiva iraní un resultado estratégico y replegarse antes de que la lógica del cambio de regimen -con su precio conocido de trillones de dólares y décadas de intervención- se afirme”.
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