- El ministro de Deportes iraní, Ahman Donyamali, confirmó que la selección persa no participará de la Copa del Mundo.
- Donald Trump expresó en Truth que el elenco iraní sería “bienvenido”, pero desaconsejó el viaje con un tono amenazante.
- Mientras aún no hay comunicado oficial por parte de la FIFA, por las complicaciones de viaje y la situación en la región, Irak también pone en duda su participación.

Las tensiones ya eran evidentes y las dudas ya estaban planteadas, pero el comienzo de la operación Epic Fury por parte de Estados Unidos sobre Irán lo confirmó: los persas desisten de participar en la Copa del Mundo que el país agresor coorganizará con México y Canadá en junio y julio próximos.
La participación de Irán ya había entrado en tela de juicio a partir de los requisitos de visado para aficionados y delegaciones, más allá de ser participantes. En primera instancia, ya había sido confirmado que muchos integrantes administrativos de la Federación Iraní no viajarían y solo estarían jugadores, cuerpo técnico y asistentes.
La decisión de Irán, además, fue compartida por el presidente Donald Trump en su red social Truth, donde también con un tono amenazante destacó que, a pesar de “ser bienvenidos”, no viajar es más apropiado “para su propia vida y su seguridad”.

Horas después, quien se expresó oficialmente a través de una historia en su cuenta oficial de Instagram fue la Federación de Futbol de Irán, advirtiendo que “nadie puede excluir a Irán de la Copa” y, no menos importante, agregando menciones a las cuentas de la FIFA y el presidente Gianni Infantino.

La pelota, entonces, quedó en el lado de la FIFA. En primer orden, para dar una declaración oficial sobre algo que no solo sucedía desde hace décadas, tras el famoso partido fantasma entre Chile y la Unión Soviética en 1973, sino que por primera vez un anfitrión se encuentra en conflicto directo con otro participante que abandona la competición.
En segundo lugar, se abre el interrogante de la respuesta oficial del organismo internacional más amplio del mundo, quien deberá aclarar cuáles son los parámetros que diferenciarían a Estados Unidos y Rusia, que sigue vetada de las competencias oficiales tras su ataque a Ucrania en 2022.
¿Cómo se designan las sanciones internacionales de la FIFA?
A pesar de tener un reglamento y una lista de miembros asociados muy extensa, la Federación Internacional de Futbol no tiene un apartado preparado para sanciones de expulsión y/o suspensión por conflictos bélicos.
Desde el comienzo de los mundiales en 1930, más allá de su postergación durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior sanción, por una edición, a Alemania y Japón, la máxima competición de futbol del mundo no había sido afectada por una guerra. Muchas selecciones, a lo largo de la historia, acudieron al torneo en contextos internos críticos o en conflicto, varias veces indirectamente, con otro país, como fue la organización del Mundial 1974 en Alemania Occidental con la presencia de su par Oriental bajo el control soviético.
La lista es larga, pero basta con recordar que EE.UU. no fue sancionado tras su invasión a Irak y Afganistán en 2003, como tampoco lo fue la Unión Soviética durante sus incursiones en las décadas que existió, y ni siquiera fue puesta en tela de juicio la organización del Mundial 2018 en Rusia tras la invasión de Crimea. ¿Qué cambió en los últimos años?
Gianni Infantino, el embajador
A finales del año 2015, la FIFA pasó por un proceso que derivó en grandes cambios tras décadas. Tras la caída de Joseph Blatter, quien comandó la entidad por 17 años, el recordado FIFA Gate generó un desorden en la sede de Zúrich hasta que Giovanni Infantino llegó al poder en febrero de 2016.
Desde entonces, se han afirmado y enlazado vínculos relevantes con diferentes actores importantes del mundo, no solo del futbol, sino también de la política. Con un rol mucho más activo en cuestiones “diplomáticas” que sus antecesores, Infantino visita varios países y se lo ve junto a líderes globales. El caso más extremo fue cuando, hace unos meses, visitó a Donald Trump y lo condecoró con el Premio de la Paz de la FIFA.

El responsable de esta “politización” de la casa madre del futbol deberá explicar por qué, entonces, Rusia sigue imposibilitada de competir en los torneos que organiza mientras Estados Unidos organiza casi todas las competencias de renombre. Sin duda, también podría entenderse que el país responsable de ejecutar el FIFA Gate, tras ser varias veces desconsiderado por los anteriores líderes, haya sido clave para el ascenso de Infantino y ahora este le deba su pleitesía.
Más allá del vínculo entre el presidente de la FIFA y EE.UU., la credibilidad del organismo se ve afectada por la renuncia de Irán al Mundial, y seguirá contribuyendo al involucramiento de la Federación en cuestiones geopolíticas.
¿Hacia dónde va el futbol como industria global?
Ya no se trata de un análisis de si el deporte más popular del mundo tiene influencia política, sino de dar por hecho este vínculo y, en esa línea, analizar quiénes sacan provecho de él y por qué. En 2001, Diego Armando Maradona dejó una frase histórica: “La pelota no se mancha”, en relación a sus polémicas con el doping. Ahora, un cuarto de siglo después, es imposible ocultar que la pelota ya está manchada. El trabajo, ahora, es entender cómo se manchó.
Los intereses sobre una industria que mueve millones son obvios en términos económicos, pero también son importantes en cuestiones de poder, lavado de dinero y de imagen. Así como Qatar utilizó el Mundial 2022 como publicidad y posicionamiento global, también se prepara para hacerlo Arabia Saudita en 2034. La máxima competencia y el evento más visto en el mundo son altamente demandados.
Así lo entiende Donald Trump, quien en su segundo mandato en la Casa Blanca se ha mostrado mucho más cerca de este deporte a pesar de no ser el más popular en Estados Unidos. Fotos con Infantino, la llave del Mundial de Clubes y su entrega de trofeo al campeón, hasta la foto con Lionel Messi justo después de comenzar el ataque a Irán. Al excéntrico mandatario se lo ve emocionado por recibir esta edición.

Cabe destacar que Infantino también se ha reunido con Claudia Sheinbaum, por ejemplo, como presidenta de otro país coanfitrión y una figura política disímil a Trump. Retomando el rol político del presidente de la FIFA, es interesante recordar su pedido al G20 en 2022: un alto al fuego mientras el mundial de Qatar tuviera lugar en noviembre y diciembre de aquel año.
Con su lema “El futbol une al mundo”, el suizo tiene la responsabilidad de aclarar si le pedirá lo mismo a Donald Trump este año, de proseguir los conflictos abiertos por el presidente en épocas mundialistas, y de responder acerca de la renuncia de Irán, y potencialmente la de Irak, de su competencia estrella a partir de los ataques del organizador principal.
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