El despliegue del sistema Typhon del Ejército de Estados Unidos en Japón durante el ejercicio bilateral Resolute Dragon 2025 —presentado públicamente en la base de Iwakuni— provocó una reacción inmediata de China, que lo calificó como una amenaza directa a la seguridad estratégica regional. El sistema, parte de la capacidad Mid-Range Capability, puede emplear misiles SM-6 y Tomahawk, y su presencia en territorio japonés consolidó un mensaje de disuasión en una zona central para la competencia militar en el Indo-Pacífico.
Desde Beijing, voceros oficiales reclamaron que Estados Unidos y Japón retiren el sistema, sosteniendo que su despliegue “socava la estabilidad regional” y eleva el riesgo de confrontación. China enmarcó el movimiento como parte de una dinámica de “militarización” de la región y reiteró su oposición a la introducción de capacidades de alcance intermedio en el entorno de la primera cadena de islas, un espacio que el EPL considera clave para su defensa adelantada.

En Tokio y Washington, en cambio, la señal fue interpretada como una respuesta al crecimiento sostenido de las capacidades misilísticas chinas y a la necesidad de reforzar una defensa en capas que combine sensores, interceptores y sistemas de ataque de precisión. Fuentes abiertas y coberturas especializadas remarcaron que el Typhon no fue desplegado para un disparo en vivo durante el ejercicio, pero sí como demostración de una capacidad que puede reubicarse y operar en plazos breves, elevando la incertidumbre del adversario.
La dureza del mensaje chino se explica por el impacto doctrinario que genera la combinación SM-6/Tomahawk: no solo agrega alcance, sino que complica la planificación de ataques por saturación. En los últimos años, Beijing ha priorizado una doctrina de “olas” con misiles de distinto tipo —crucero, balísticos y, más recientemente, vectores de alta velocidad— buscando abrumar defensas desplegadas en la primera y segunda cadena de islas. Frente a ese enfoque, la clave para Estados Unidos y aliados pasa por detectar rápido, dispersar y sostener la respuesta sin agotar interceptores de alto costo, algo que se hizo visible en conflictos recientes donde la defensa aérea se define por la capacidad de absorber el primer golpe sin colapsar.

El debate alrededor del Typhon se conecta además con una tendencia más amplia: la proliferación de sistemas “modulares” y rápidamente desplegables —como lanzadores containerizados y soluciones expedicionarias— para ampliar densidad de fuego y cobertura en islas, bases avanzadas y fuerzas navales ligeras. En ese marco, la reacción china no se limita a un gesto diplomático: refleja una disputa concreta por el equilibrio operativo en el Pacífico occidental, donde cada nuevo sistema que se despliega cerca de los corredores estratégicos redefine tiempos, distancias y márgenes de maniobra. A su vez en un estudio por parte del Acta Aeronautica et Astronautica Sinica se sostiene que todo el despliegue y desarrollo de los EE.UU. en materia misilística complica seriamente el desarrollo de China a razón de que la supervivencia de los costosos misiles hipersonicos de su actual arsenal pueden ser ahora contrarestados por medios convencionales con capacidad de alto redespliegue.
En este sentido, Zona Militar sostiene que “con un telón de fondo de esta carrera tecnológica que se posa en el Indo-Pacífico, la introducción de sistemas terrestres como el Typhon —capaz de emplear municiones como Tomahawk y SM-6— no solo agrega capacidad de fuego, sino que obliga a China a reconsiderar supuestos sobre libertad de maniobra en el primer anillo insular. De allí la dureza de las respuestas diplomáticas chinas, que enmarcan estos despliegues como amenazas a la seguridad estratégica regional.”
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