Reino Unido analizar reforzar la seguridad submarina alrededor de sus bases navales y puertos militares en el marco de un programa más amplio destinado a proteger la infraestructura marítima crítica, según confirmó el Ministerio de Defensa (MoD). La iniciativa incluye el desarrollo de nuevas capacidades tecnológicas para detectar amenazas bajo el agua, desde buzos hostiles hasta sabotajes contra cables y tuberías estratégicas.

En este sentido, la información surgió a partir de preguntas del diputado conservador James Cartlidge, a las que respondió el ministro de Defensa Luke Pollard. El funcionario aclaró que el MoD no mantiene contratos activos con la empresa británica Sonardyne ni con su filial ECS Special Projects desde el 5 de julio de 2024. No obstante, confirmó que el gobierno colaboró previamente con la compañía en proyectos vinculados a seguridad marítima, incluyendo un sistema de seguimiento y detección de buzos valorado en 67.691 libras esterlinas y vigente hasta 2024.
El sistema de sonar Sentinel desarrollado por Sonardyne, explicó Pollard ante el Parlamento, es “ampliamente reconocido y utilizado para salvaguardar bases navales y buques”, lo que evidencia que el Reino Unido ya emplea herramientas de vigilancia submarina aunque actualmente no existan contratos vigentes. El Ministerio de Defensa evalúa ahora ampliar esas capacidades para proteger puertos militares y reforzar la defensa frente a nadadores de combate, sabotadores submarinos y otras amenazas irregulares.
Preocupación en Reino Unido y los miembros de la OTAN por las infraestructuras europeas
Dicho proyecto también contempla incorporar automatización, robótica submarina y análisis de datos mediante inteligencia artificial. En particular, el MoD estudia la detección de anomalías en señales de sonar y la integración de estas capacidades dentro de su Sistema de Protección Marítima (SPM), destinado a la defensa de infraestructuras críticas. Este enfoque refleja un cambio doctrinal: el fondo marino comienza a ser tratado como un espacio de seguridad estratégica permanente.

La iniciativa se produce en un contexto internacional marcado por la creciente preocupación occidental por la vulnerabilidad de cables submarinos y gasoductos. Tras el sabotaje del Nord Stream en 2022 y la actividad de buques especializados cerca de infraestructuras europeas, la OTAN advirtió sobre el riesgo de operaciones de guerra híbrida contra instalaciones marítimas. Para Londres, la protección del lecho marino resulta especialmente sensible debido a la base nuclear de Faslane, donde operan los submarinos estratégicos británicos.
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