Culminando con la etapa de ensayos, el USS John F. Kennedy (CVN-79) inició a finales de la semana pasada sus primeras pruebas de mar en el océano Atlántico, marcando un hito en el proceso de incorporación del segundo portaaviones nuclear de la clase Gerald R. Ford a la Armada de Estados Unidos. De acuerdo a la información revelada en Zona Militar, el buque zarpó desde las instalaciones de Newport News Shipbuilding, en Virginia, según informó Huntington Ingalls Industries (HII), empresa matriz del astillero.

Cabe destacar que estas pruebas iniciales, conocidas como Builder ‘s Sea Trials, permitirán evaluar por primera vez en condiciones reales el funcionamiento de sistemas y componentes críticos del portaaviones. Entre ellos se incluyen la planta de propulsión nuclear, la generación de energía eléctrica, los sistemas de navegación y el control general del buque, antes de avanzar a otras fases posteriores de certificación y aceptación por parte de la Marina.
En este sentido, el USS John F. Kennedy es un portaaviones de propulsión nuclear con un desplazamiento aproximado de 100.000 toneladas y está diseñado para operar aeronaves como el F-35C Lightning II. Su puesta en servicio está prevista para marzo de 2027, con el objetivo de reemplazar al USS Nimitz (CVN-68), el portaaviones más antiguo de la flota estadounidense, activo desde 1975 y actualmente en proceso de retiro.
El programa del CVN-79 estuvo marcado por retrasos de dos años respecto al cronograma original, atribuibles tanto a las disrupciones generadas por la pandemia de COVID-19 como a dificultades técnicas vinculadas a los nuevos sistemas electromagnéticos de lanzamiento y recuperación de aeronaves. Estas tecnologías, introducidas con la clase Gerald R. Ford, representan una ruptura con los portaaviones de la clase Nimitz y buscan mejorar la eficiencia operativa y reducir costos a largo plazo.

Una vez terminadas las pruebas de mar y las evaluaciones técnicas, el USS John F. Kennedy se consagrará como el segundo portaaviones operativo de la nueva clase, que va a representar la columna vertebral de la flota aeronaval estadounidense durante las próximas décadas. Su futura asignación a la Base Naval Kitsap, actualmente en proceso de modernización, refleja también las exigencias logísticas y energéticas asociadas a esta nueva generación de buques capitales.
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