- Pekín inició la instalación de una estructura de desarrollo de recursos naturales en aguas disputadas.
- Tokio calificó la medida como “extremadamente lamentable” y presentó una protesta formal.
- El incidente se suma a una serie de actividades chinas en la zona, en un contexto de tensiones crecientes.

El Ministerio de Exteriores de Japón informó que China comenzó la construcción de una nueva infraestructura de explotación de recursos en el Mar de China Oriental, en un área disputada entre ambos países. Tokio reaccionó con una protesta diplomática, calificando la acción como “extremadamente lamentable” y advirtiendo que se trata de un patrón repetido de actividades chinas en la zona.
Las disputas territoriales en el Mar de China Oriental se centran en torno a las islas Senkaku/Diaoyu, administradas por Japón pero reclamadas por China. En los últimos meses, la presencia de buques y aeronaves chinas en la zona ha aumentado, generando incidentes con la Guardia Costera japonesa.
El nuevo proyecto de desarrollo de recursos refuerza la percepción en Tokio de que Pekín busca consolidar su control de facto sobre áreas marítimas disputadas, lo que se suma a la rivalidad estratégica más amplia en el Indo‑Pacífico.

La decisión de China de avanzar con un nuevo proyecto de desarrollo de recursos en aguas disputadas representa un deterioro adicional en la relación bilateral. Japón interpreta la medida como un intento de consolidar un control de facto sobre la zona, debilitando cualquier posibilidad de negociación futura. Esto refuerza la percepción de que los mecanismos diplomáticos bilaterales están prácticamente paralizados.
En términos de seguridad regional, el incidente alimenta la narrativa de que China busca expandir su influencia marítima más allá del Mar de China Meridional, proyectando poder en el Mar de China Oriental. Para Japón, esto no solo amenaza su soberanía, sino que también incrementa el riesgo de escaladas militares accidentales, dado el aumento de patrullajes y la proximidad de fuerzas navales en áreas sensibles.

La dimensión energética añade un componente económico crítico. El Mar de China Oriental es considerado un espacio estratégico por sus reservas de hidrocarburos, lo que convierte la disputa en un tema de seguridad energética además de geopolítica. Japón teme que el avance unilateral de China limite su acceso a recursos vitales y refuerce la dependencia regional de Pekín.
Finalmente, el incidente tiene implicancias para la arquitectura de alianzas en el Indo‑Pacífico. La protesta japonesa se suma a su estrategia de alineamiento con Estados Unidos y socios regionales como Australia e India, reforzando la idea de un frente común para contener la expansión china. Al mismo tiempo, la tensión bilateral complica los esfuerzos de la ASEAN por mantener un equilibrio entre ambos gigantes, aumentando la polarización regional.
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