El comandante del Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos (INDOPACOM), almirante Samuel Paparo, afirmó que Washington debe estar preparado de inmediato ante la posibilidad de una guerra con China antes de 2027. La advertencia, realizada durante el Honolulu Defense Forum, busca romper con la idea de que aún existe un margen de tiempo amplio antes de un escenario crítico en torno a Taiwán y el equilibrio estratégico del Indo-Pacífico.

Paparo retomó el debate iniciado años atrás cuando su antecesor, el almirante Philip Davidson, señaló que Beijing podría intentar una acción decisiva sobre Taiwán hacia 2027. Según explicó, esa fecha fue interpretada dentro del sistema de defensa estadounidense como un horizonte lejano que permitía postergar decisiones clave. En su visión, ese enfoque generó un riesgo estratégico: asumir que la amenaza tiene calendario fijo cuando, en realidad, puede materializarse antes bajo condiciones de oportunidad o necesidad.
El jefe militar estadounidense distinguió entre un posible conflicto “de necesidad”, que podría ocurrir en cualquier momento hasta el 1 de agosto de 2027 —fecha del centenario del Ejército Popular de Liberación— y una guerra “de elección” que podría darse con posterioridad. La definición apunta a reordenar prioridades operativas y presupuestarias, y a acelerar la preparación frente a señales de coerción o escalada gradual en la región.

Uno de los ejes centrales de su exposición fue el peso creciente de las operaciones de información. Paparo sostuvo que estas deben incorporarse en “cada plan, cada inversión y cada operación”, y no añadirse de forma marginal al final del proceso. En su planteo, las operaciones de información, las operaciones cognitivas y las ciberoperaciones ya constituyen una forma de guerra en sí misma, capaz de alterar percepciones, condicionar decisiones políticas y debilitar la cohesión de los adversarios sin recurrir al uso directo de la fuerza.
Esa dimensión quedó reflejada en los testimonios de líderes regionales presentes en el foro. El presidente de Palau, Surangel Whipps Jr., describió cómo China impulsa narrativas destinadas a erosionar el apoyo interno a la cooperación de defensa con Estados Unidos y al reconocimiento de Taiwán. Según relató, Beijing presenta la presencia estadounidense como un factor de riesgo y utiliza el argumento de que “2027 se acerca” para presionar a los países insulares del Pacífico a redefinir sus alineamientos.
Información, disuasión y competencia estratégica en el Indo-Pacífico
Las declaraciones de Paparo se inscriben en una discusión más amplia dentro del sistema de defensa estadounidense sobre las transformaciones estructurales de la guerra. En el Indo-Pacífico, la competencia ya no se limita a plataformas navales o aéreas, sino que se extiende al control del entorno informativo, a la velocidad del ciclo de decisión y a la capacidad de integrar efectos militares y no militares de manera simultánea.
Exfuncionarios del Pentágono, como Ely Ratner, coincidieron en que China considera la información un dominio central de competencia estratégica, mientras que Estados Unidos tendió históricamente a tratarla como un complemento. Ratner señaló que la ventaja de Washington no pasa por replicar campañas de desinformación, sino por exponer con claridad las acciones chinas en la región y respaldar ese mensaje con políticas concretas y sostenidas.

Paparo también insistió en la necesidad de un enfoque de “todo el gobierno”. Si bien reconoció el rol clave de las Fuerzas Armadas, remarcó que la competencia en el Indo-Pacífico involucra a los líderes civiles, la diplomacia y el conjunto de los instrumentos del poder nacional. La advertencia cobra relevancia en un momento en que Estados Unidos debate internamente el debilitamiento de capacidades civiles dedicadas a contrarrestar la influencia extranjera y a sostener una narrativa coherente hacia socios y aliados.
En términos estratégicos, el mensaje del comandante de INDOPACOM apunta tanto a aliados como a adversarios. Para los primeros, refuerza la idea de que la disuasión requiere preparación inmediata y resiliencia frente a campañas de presión política e informativa. Para Beijing, marca que Washington no concibe la competencia como un proceso lineal hacia 2027, sino como una dinámica en la que cualquier intento de alterar el statu quo podría encontrar respuesta anticipada.
El impacto de estas definiciones se medirá en los próximos meses, a partir de si se traducen en cambios visibles en despliegues, ejercicios, inversiones y coordinación regional. En un escenario donde la percepción puede moldear decisiones tanto como el poder militar, la incógnita no es solo cuándo podría estallar una crisis en torno a Taiwán, sino si los actores involucrados lograrán gestionar la competencia sin que una escalada gradual derive en un conflicto abierto.
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