La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense ejecutada a comienzos de enero no solo alteró el escenario político en Caracas, sino que también funcionó como un mensaje estratégico dirigido a China sobre los límites de su proyección en el hemisferio occidental. Tal como reconstruyó la agencia Reuters, la decisión de Washington buscó golpear simultáneamente a un aliado regional de Pekín y marcar una línea roja frente a la expansión china en América Latina, en un contexto de redefinición de prioridades bajo la administración de Donald Trump.

Durante al menos dos décadas, China había apostado fuerte a su relación con Venezuela, combinando financiamiento, asistencia técnica, cooperación militar y acuerdos energéticos que le permitieron acceder a petróleo a precios preferenciales y ganar presencia estratégica en el “patio trasero” de Estados Unidos. La operación que terminó con Maduro detenido en Manhattan expuso, según analistas estadounidenses, las limitaciones reales de Pekín para proteger a sus socios cuando Washington decide ejercer presión directa.
Trump dejó el mensaje explícito días después de la operación, al señalar públicamente que Estados Unidos no quiere a China ni a Rusia como “vecinos” en el hemisferio. En ese marco, ofreció a Pekín una alternativa clara: comerciar con Estados Unidos, pero mantenerse fuera de la región. La afirmación se produjo en paralelo a la reorientación de cargamentos de crudo venezolano —antes destinados mayoritariamente a China— hacia el mercado estadounidense, tras el levantamiento de sanciones asociado a la caída del régimen.
Un golpe a la estrategia china y un tablero regional en tensión
El impacto de la operación fue doble. Por un lado, dejó en evidencia que los sistemas de defensa aérea venezolanos, provistos en parte por China y Rusia, no lograron impedir una incursión militar estadounidense sin bajas, un dato que resonó con fuerza entre países que dependen de equipamiento chino. Analistas en Washington sostienen que el episodio obligará a Pekín a revisar tanto sus capacidades exportadas como su credibilidad como garante de seguridad para aliados extra regionales.

Por otro lado, el momento elegido amplificó el efecto político. Apenas horas antes de ser capturado, Maduro había recibido en Caracas al enviado especial chino para América Latina, Qiu Xiaoqi, en una reunión ampliamente difundida por la prensa oficial venezolana. Para funcionarios estadounidenses citados por Reuters, el encuentro evidenció que China fue tomada por sorpresa, quedando expuesta públicamente junto a un socio que estaba a punto de caer.
Desde la perspectiva de la Casa Blanca, la operación se inscribe en una estrategia más amplia para contener la presencia china en puntos sensibles del hemisferio, desde instalaciones espaciales y portuarias hasta acuerdos energéticos y de inteligencia. La administración Trump mantiene especial atención sobre Cuba, el canal de Panamá y otros nodos logísticos donde Beijing había logrado avances en los últimos años. Funcionarios del Departamento de Estado reconocen que, si bien China conserva intereses económicos relevantes, su margen de maniobra estratégica se redujo tras el episodio venezolano.

Sin embargo, especialistas advierten que el escenario sigue siendo volátil. Un involucramiento prolongado de Estados Unidos en Venezuela o un deterioro de la situación de seguridad podría abrir espacios para que China intente reinsertarse como actor estabilizador o socio económico, especialmente si Washington queda atrapado en una dinámica de desgaste. En ese sentido, algunos analistas señalan que el giro de Trump hacia una lógica de “esferas de influencia” podría, paradójicamente, reforzar la narrativa china en Asia, donde Pekín busca que Estados Unidos acepte su primacía regional.
Así, la caída de Maduro no solo reconfigura el equilibrio interno de Venezuela, sino que se proyecta como un episodio clave en la competencia estratégica entre Estados Unidos y China, con América Latina nuevamente ubicada en el centro de una disputa de poder entre grandes potencias.
Te puede interesar: Entrevista – Nasthacha Carreño, desde Venezuela: “No se sabe realmente hasta qué punto la intervención de EE.UU. va consolidar un cambio en el país”








