Mientras la atención internacional se concentra en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, el Caribe volvió a adquirir un renovado protagonismo en el escenario regional e internacional. En este contexto de creciente incertidumbre política y tensiones en aumento, Puerto Rico emerge como un punto clave dentro del esquema estratégico estadounidense, con una presencia militar sostenida y actividad aérea visible.

En los últimos meses, Estados Unidos incrementó cada vez más su proyección de poder con el envío de medios militares al Caribe, enmarcando estos movimientos dentro de operaciones de vigilancia y control del espacio marítimo y lucha contra el narcotráfico. Dentro de este esquema más amplio, Puerto Rico comenzó a ocupar una posición relevante debido a su ubicación geográfica y a la infraestructura militar disponible, que permitiría sostener operaciones aéreas y logística en un amplio radio regional.
En este marco, el primer movimiento del país norteamericano con la llegada de cazas F-35 de la Fuerza Aérea de EE. UU. a Puerto Rico y la posterior redespliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) de la Armada de EE. UU. en el Mar Caribe se convirtieron en algunas de las señales más visibles de este despliegue. A esto se suma la presencia de otros buques de la Armada de Estados Unidos en la región, en el contexto de una decisión adoptada por la administración Trump de enviar medios militares con el objetivo declarado de “luchar contra el narcotráfico”.

Desde la presencia de aeronaves de transporte, pasando por helicópteros y aviones de combate, la llegada de estos medios a la isla a que este continúa funcionando cómo un punto de apoyo para misiones estadounidenses en el Caribe y sobre todo luego de la situación que se atravesó en Venezuela el pasado 3 de enero.
En el marco del último operativo realizado por Estados Unidos, denominado Absolute Resolve, en el cual Nicolás Maduro fue capturado, Puerto Rico se habría convertido en uno de los puntos centrales del despliegue de medios que participaron en la operación. En tal sentido, la isla habría funcionado cómo una plataforma de apoyo logístico y operativo dentro de un esquema más amplio, orientado a garantizar la proyección aérea, la coordinación y el control del entorno regional durante el desarrollo de la acción. Siguiendo la información difundida por medios internacionales y oficiales, se habría tratado de un operativo de alta complejidad, que habría contado con la participación de unidades de operaciones especiales y un número significativo de medios aéreos y navales. La magnitud del despliegue sugiere que Estados Unidos buscó asegurar superioridad aérea, capacidad de respuesta inmediata y flexibilidad operativa en un escenario considerado altamente sensible.

Este despliegue militar y la utilización de Puerto Rico como punto más cercano a Venezuela se producen en un contexto regional que continúa en plena evolución, con consecuencias políticas aún abiertas tras la operación militar de Estados Unidos A su vez, la dimensión del operativo y la presencia sostenida de medios estadounidenses en el Caribe sugieren que Washington se prepara para un escenario prolongado de inestabilidad. En el día de la fecha, Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina, abriendo un período de transición cuyo alcance y duración aún resultan inciertos. Analistas internacionales advierten que el vacío de poder podría generar tensiones internas y efectos colaterales en la región, en un momento en el que la atención diplomática y mediática se concentra también en la frontera entre Venezuela y Colombia.
Por último, las reacciones internacionales no tardaron en llegar. Rusia habría condenado las acciones estadounidenses y advertido sobre el riesgo de una escalada de mayor alcance, mientras que China endureció su discurso, vinculando la situación venezolana con el equilibrio estratégico global y con otros escenarios sensibles del sistema internacional. Estas posiciones refuerzan la percepción de que el caso venezolano trasciende el ámbito regional y se inscribe en una dinámica de competencia entre grandes potencias.
Por María Victoria Pierucci-Enviado Especial
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