Múltiples acontecimientos recientes han vuelto a poner a Israel en el centro de la escena, reavivando el debate central de este último año y medio: la realidad de los rehenes secuestrados por Hamás el pasado 7 de octubre de 2023. A finales de la semana pasada, la difusión de una imagen de un rehén israelí cavando su propia tumba reavivó el drama humano que atraviesa al país. Sumado a ello, este viernes por la mañana, la aprobación del nuevo plan militar para tomar Gaza, impulsado por el primer ministro Benjamin Netanyahu, marca una nueva fase ofensiva en una guerra que ya lleva 22 meses y ha dejado más de 60.000 muertos en el enclave palestino.
Una operación controversial e internacionalmente criticada
El plan de Israel, comunicado por el Gabinete de Seguridad, marca un punto de inflexión. Por un lado, contempla la movilización de 200.000 reservistas y la evacuación obligatoria de 800.000 civiles antes del 7 de octubre de 2025; por el otro, no parece priorizar que aún hay 50 rehenes en manos de Hamás, de los cuales solo 20 se cree que siguen con vida.

Este anuncio generó rechazo internacional y fracturas internas, tanto por la falta de antelación para las tropas de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), como para los familiares de los rehenes que aún se encuentran retenidos por Hamás, posiblemente a lo largo de la Franja de Gaza y su extensa infraestructura subterránea. A ello se suma, tristemente, la crítica situación humanitaria que azota a los gazatíes: falta de alimentos y agua potable, infraestructuras destrozadas y comunicaciones intermitentes, aislados del plano internacional.
“La ocupación total de Gaza podría llevar uno o dos años. En las condiciones actuales, no podemos garantizar la integridad de los rehenes ni de nuestras propias fuerzas”, expresó el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), teniente general Eyal Zamir, quien se opuso abiertamente a la maniobra advirtiendo que pone en grave riesgo la vida de los rehenes y puede llevar a un desastre humanitario irreversible. Su propuesta alternativa fue rechazada por una mayoría de ministros, que respaldaron el plan de Netanyahu por considerarlo la única vía para desarticular a Hamás.
Donde el tiempo se detuvo: el testimonio de Itzik Horn
Las calles de Tel Aviv y Jerusalén fueron escenario de protestas encabezadas por organizaciones de familiares de rehenes, que denunciaron que la decisión del gobierno de Netanyahu “sacrifica a sus seres queridos” en favor de una escalada militar; porque aunque el Ejecutivo avance con nuevas estrategias ofensivas, para los familiares la espera se ha transformado en una forma de duelo anticipado. El tiempo, para ellos, se detuvo el 7 de octubre, hace más de 660 días.
En un encuentro especial realizado en el marco de una nueva cobertura en Israel, Escenario Mundial dialogó con Itzik Horn, argentino, sobreviviente del atentado a la AMIA y padre de tres hijos, dos de los cuales fueron secuestrados en el kibutz Nir Oz: Eitan permanece en cautiverio, e Iair fue liberado tras más de 500 días. Esa mañana, Horn relataba con detalle cómo la “maquinaria gubernamental” fue lenta y opaca. “Eliminar a Hamás fue la primera prioridad del gobierno. La segunda, liberar a los rehenes. Y ni siquiera: la prioridad era presentar condiciones para recuperar a los rehenes. Peor aún”, afirmó.

Sin embargo, lo que no desaparece, es la esperanza: “Si no fuese optimista, yo no estaría acá”, exclamó Itzik en nuestra charla. Sin embargo, admitió estar “partido en dos”, porque el regreso de Iair todavía no le devuelve la paz. Sus palabras quebradas por dolor condensaban el núcleo de la crítica: el orden de las prioridades del gobierno parece desdibujar el valor de las vidas atrapadas.
Para él, la Cruz Roja “no hizo absolutamente nada”, y el Estado se muestra burocrático y ausente. La familia Horn, como tantas otras, reclama un alto el fuego, y la reciente decisión del gobierno israelí no convence a quienes esperan por volver a ver a sus seres queridos. En Israel, cada día sin respuestas es una herida abierta, porque en esta guerra, la espera también mata.
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