La guerra entre Rusia y Ucrania volvió a extenderse este jueves sobre infraestructura económica, energética y logística situada lejos de la línea de combate, apenas horas después de que Kiev realizara el ataque con drones de mayor profundidad reconocido desde el comienzo de la invasión. Mientras Ucrania alcanzó instalaciones gasíferas del Ártico ruso a más de 3.000 kilómetros, Moscú lanzó una nueva ola de ataques que golpeó el nodo ferroviario e industrial de Pavlohrad y una planta de la multinacional estadounidense Bunge en Dnipro.

En Pavlohrad, una de las principales conexiones ferroviarias e industriales del este ucraniano, los ataques rusos dejaron al menos siete muertos y 76 heridos, según las autoridades locales. La ciudad conecta distintos corredores hacia el Donbás y funciona como un punto relevante para el movimiento de personas, bienes y suministros hacia el este del país.
La ofensiva rusa se extendió simultáneamente a otras regiones. En Dnipro fue alcanzada una planta procesadora de girasol de Bunge, una de las mayores compañías agroindustriales estadounidenses, donde murieron dos personas y otras cinco resultaron heridas. También se registraron ataques contra infraestructura energética en Kiev, instalaciones en Mykolaiv, un centro comercial en Sumy y objetivos relacionados con puertos y logística en el sur.
La secuencia se produjo menos de un día después de que Ucrania anunciara ataques contra instalaciones de procesamiento de gas en Yamalia-Nenetsia, dentro del Ártico ruso, trasladando por primera vez su campaña de largo alcance hasta una región que durante años había permanecido como una de las retaguardias energéticas más profundas de Rusia.
Rusia golpeó uno de los principales nodos ferroviarios del este de Ucrania
Pavlohrad se encuentra en la región de Dnipropetrovsk y posee una relevancia que excede el tamaño de la ciudad. Su ubicación la convierte en un importante nodo ferroviario y vial entre el centro de Ucrania y las regiones orientales, además de albergar actividad industrial vinculada históricamente con los sectores químico, minero y de Defensa.
Las autoridades ucranianas informaron que diferentes ataques alcanzaron cinco distritos y provocaron daños sobre comercios, vehículos y otras construcciones. El balance inicial ascendió a siete muertos y decenas de heridos, incluidos menores.

Rusia viene aumentando durante los últimos meses la presión sobre los corredores que sostienen la economía y la logística ucranianas. Los ataques no se limitaron a la red ferroviaria: durante las últimas semanas fueron alcanzados puertos del Mar Negro, cruces fronterizos con Moldavia y Rumania e instalaciones utilizadas para almacenamiento y transporte.
El 9 de septiembre, un ataque contra el paso fronterizo de Starokozache, entre Ucrania y Moldavia, dejó dos muertos y obligó a interrumpir temporalmente el tránsito. Los guardias fronterizos ucranianos señalaron entonces que cinco pasos internacionales habían sido atacados en pocas semanas, una tendencia particularmente sensible para Kiev después de los daños acumulados sobre sus rutas marítimas de exportación.
Una planta estadounidense entre los objetivos alcanzados en Dnipro
La ofensiva de este jueves también afectó directamente a una empresa extranjera. En Dnipro fue alcanzada una planta de Bunge, multinacional agrícola con sede en Estados Unidos dedicada, entre otras actividades, al procesamiento de semillas de girasol y la producción de aceite vegetal.
Las autoridades locales informaron que el ataque dejó dos trabajadores muertos y cinco personas heridas. La instalación forma parte de una industria especialmente importante para Ucrania, uno de los mayores productores y exportadores mundiales de aceite de girasol antes de la invasión rusa.
El alcalde de Dnipro, Borys Filatov, recordó además que la planta había recibido recientemente la visita del senador estadounidense Richard Blumenthal, en un contexto de creciente preocupación por los daños que la guerra está produciendo sobre inversiones y activos occidentales dentro de Ucrania.
El impacto sobre Bunge no permite afirmar por sí mismo que la empresa estadounidense haya sido seleccionada debido a su nacionalidad. Rusia sostiene de manera general que sus ataques están dirigidos contra instalaciones militares o vinculadas con la logística ucraniana, mientras Kiev denuncia que la campaña alcanza repetidamente infraestructura civil y económica.
Lo concreto es que el ataque suma otro activo productivo al mapa de instalaciones dañadas mientras Moscú intenta presionar simultáneamente la logística militar, las exportaciones y la capacidad económica ucraniana.
A más de 3.000 kilómetros, Ucrania ya golpea el corazón gasífero ruso
La ofensiva rusa coincidió con una expansión inédita de los ataques ucranianos dentro del territorio de Rusia. Un día antes, drones alcanzaron por primera vez Yamalia-Nenetsia, en el norte de Siberia, una de las principales regiones productoras de gas del país.
Escenario Mundial informó que las Fuerzas de Operaciones Especiales ucranianas afirmaron haber atacado las instalaciones de Novy Urengói y Purovsky después de recorrer más de 3.000 kilómetros. Las autoridades rusas confirmaron un ataque y un incendio en una instalación industrial de Novy Urengói, aunque no identificaron públicamente el establecimiento alcanzado.
Yamalia-Nenetsia concentra una porción central de la producción rusa de gas natural y durante buena parte de la guerra había permanecido prácticamente fuera del alcance de Kiev. El ataque modificó esa percepción y mostró que la creciente flota ucraniana de drones de largo alcance puede amenazar activos situados miles de kilómetros detrás del frente.
Ucrania también anunció ataques contra Novorossiysk, sobre el Mar Negro, donde afirmó haber golpeado instalaciones de una base naval, infraestructura portuaria y una terminal petrolera. Kiev presenta esa campaña como una forma de atacar los ingresos, la logística y las capacidades que permiten a Moscú sostener la guerra.
La infraestructura económica pasa a formar parte cada vez más visible de la guerra
Los movimientos de las últimas horas muestran una tendencia que viene creciendo a ambos lados del conflicto: la profundidad de la retaguardia económica pierde progresivamente su condición de espacio seguro.
Para Rusia, la infraestructura ucraniana se encuentra desde hace años dentro del alcance de misiles y drones. La evolución más reciente aparece en la selección y reiteración de ataques sobre puertos, ferrocarriles, pasos fronterizos, instalaciones energéticas y activos productivos que sostienen la circulación de mercancías y recursos dentro y fuera del país.

Para Ucrania, el cambio se encuentra principalmente en la distancia. La producción masiva de drones de largo alcance le permitió pasar de atacar depósitos y refinerías relativamente próximos a su frontera a alcanzar complejos petroleros en Omsk y, ahora, plantas gasíferas situadas en Siberia occidental y el Ártico.
Los dos procesos no son idénticos ni pueden evaluarse únicamente por el tipo de infraestructura afectada. Rusia mantiene desde febrero de 2022 una invasión a gran escala sobre territorio ucraniano y sus ataques han provocado un elevado número de víctimas civiles, mientras Kiev presenta sus operaciones dentro de Rusia como ataques dirigidos contra capacidades militares y económicas utilizadas para sostener esa invasión.
Sin embargo, la secuencia de esta semana muestra con claridad cómo el espacio físico de la guerra se está ampliando más allá de las posiciones militares del frente. Ferrocarriles en Pavlohrad, industrias en Dnipro, pasos fronterizos en Odesa, puertos del Mar Negro y plantas de gas a más de 3.000 kilómetros en Siberia pasan a formar parte de una misma disputa por degradar las capacidades económicas y logísticas del adversario.
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