Luiz Inácio Lula da Silva inicia este domingo su campaña por la reelección desde São Bernardo do Campo (SP), un lugar estrechamente ligado al origen de su trayectoria política. Allí, durante las históricas movilizaciones de los trabajadores metalúrgicos de 1979, el entonces dirigente sindical comenzó a consolidarse como una de las principales figuras del movimiento obrero brasileño. Casi cinco décadas después, Lula regresa al mismo escenario para iniciar la disputa por un cuarto mandato y reivindicar el vínculo histórico con los trabajadores.

En este contexto, la elección del escenario tiene un fuerte contenido político. Las huelgas del cinturón industrial paulista fueron decisivas para proyectar nacionalmente a Lula y contribuyeron a la posterior creación del Partido de los Trabajadores (PT). El acto de este domingo recupera esa memoria política, pero también busca proyectarla a un Brasil diferente, donde el mercado laboral experimentó transformaciones y una parte de los trabajadores desarrolla sus actividades fuera de las estructuras tradicionales de empleo y sindicalización.
Un nuevo mundo laboral y los desafíos actuales
Ese cambio constituye uno de los principales desafíos de la campaña. El mismo Lula reconoció la transformación del mundo laboral y planteó la necesidad de adaptar el mensaje del PT a quienes ya no se encuentran necesariamente vinculados con el empleo formal, las fábricas o los sindicatos. La expansión del trabajo mediante plataformas digitales es una de las expresiones más visibles de este proceso.

La respuesta política del gobierno pasa por ampliar los derechos laborales a estas nuevas modalidades de trabajo. Entre las propuestas impulsadas por Lula y el PT se encuentran la reducción de la jornada laboral y normas para los trabajadores de aplicaciones, con medidas vinculadas a remuneraciones, condiciones laborales, protección social y funcionamiento de los algoritmos utilizados por las plataformas.
En concreto, la evolución del sindicalismo brasileño ayuda a explicar esta nueva etapa. La tasa de sindicalización cayó del 15,7% en 2014 al 8,9% en 2024. Para el PT, históricamente construido alrededor de la organización de los trabajadores, esto implica aumentar sus canales de diálogo hacia sectores que no tienen una relación directa con los sindicatos y que muchas veces tampoco se identifican con las categorías tradicionales de trabajador formal.
El aspecto generacional y su papel en la disputa:
Una parte importante de los trabajadores de aplicaciones está integrada por jóvenes que no mantienen los vínculos políticos y sindicales que caracterizaron a las generaciones anteriores. El PT busca acercarse a ese electorado sin abandonar su identidad histórica, mientras sectores de la derecha, entre ellos el senador Flávio Bolsonaro, intentan captar a quienes priorizan la autonomía y observan con cautela una mayor intervención estatal.

Para Lula, el desafío consiste en demostrar que la defensa de los derechos laborales puede actualizarse sin perder vigencia frente a las nuevas formas de trabajo. La cuestión también representa una oportunidad para recuperar una bandera histórica del PT y trasladarla a un escenario económico en el que las relaciones entre trabajadores, empresas y Estado son cada vez más complejas. Finalmente, Lula vuelve al lugar que simbolizó su ascenso desde el movimiento sindical hacia la política nacional, pero lo hace ante una clase trabajadora diferente a la de finales de los años setenta. Su campaña buscará presentar esa continuidad como una fortaleza: mantener la defensa de los trabajadores como eje político, al mismo tiempo que incorpora las nuevas demandas surgidas de la economía digital y de las transformaciones del mercado laboral brasileño.












