La fragata Admiral Kasatonov y el buque de apoyo Akademik Pashin abandonaron la región a través del estrecho de Gibraltar. La salida interrumpe más de una década de presencia naval rusa permanente y expone las dificultades de Moscú para sostener operaciones después de perder el respaldo estable del puerto sirio de Tartus.

Foto: A. Guryev,
Rusia se quedó sin grandes buques de guerra desplegados en el mar Mediterráneo por primera vez desde 2013, cuando Moscú creó una fuerza naval permanente destinada a proteger sus intereses en Siria, Medio Oriente y el norte de África.
La última unidad de combate identificada en la región fue la fragata Admiral Kasatonov, que abandonó el Mediterráneo el 1 de julio acompañada por el buque de reabastecimiento Akademik Pashin. Ambos navegaron hacia el oeste y atravesaron el estrecho de Gibraltar con rumbo al océano Atlántico, según seguimientos navales realizados mediante fuentes abiertas.
La afirmación no proviene de un comunicado oficial del Ministerio de Defensa ruso. Se basa en el monitoreo de movimientos navales, imágenes satelitales y registros de puertos. Tampoco excluye la posible permanencia de pequeñas embarcaciones de seguridad en Tartus, pero indica que Rusia no mantiene actualmente fragatas, corbetas, submarinos u otras grandes unidades operativas en el Mediterráneo.
Los últimos buques rusos abandonaron la región
La Admiral Kasatonov y el Akademik Pashin habían ingresado al Mediterráneo a fines de abril junto con varios cargueros sancionados habitualmente utilizados para abastecer posiciones rusas.
El 4 de junio fueron observados en Tartus, donde permanecieron atracados en el antiguo muelle utilizado por la flotilla rusa. Posteriormente visitaron Alejandría, en Egipto, navegaron al sur de Cerdeña y realizaron una escala en el puerto argelino de Orán antes de dirigirse hacia Gibraltar.

Su salida marca la interrupción de una presencia que Rusia había sostenido de manera casi continua durante más de una década. La Fuerza de Tareas Permanente del Mediterráneo fue establecida en 2013 y llegó a incluir fragatas, submarinos, buques de desembarco, unidades de inteligencia y embarcaciones logísticas.
El despliegue se fortaleció a partir de la intervención militar rusa en Siria en 2015. Desde Tartus, Moscú podía reabastecer y reparar sus buques sin obligarlos a regresar a bases ubicadas en el Báltico o el Ártico.
Tartus y los estrechos turcos limitan a la Armada rusa
La caída del gobierno de Bashar al-Assad a finales de 2024 modificó esa estructura. Rusia conservó contactos con las nuevas autoridades sirias y volvió a utilizar parcialmente las instalaciones durante 2026, pero Tartus dejó de funcionar como una base permanente con las mismas condiciones logísticas y políticas de los años anteriores.
La presencia de la Admiral Kasatonov en junio demostró que Moscú todavía puede efectuar escalas y misiones de abastecimiento. Sin embargo, la salida posterior también mostró que no logró reconstruir una flotilla estable apoyada permanentemente desde territorio sirio.
A esta dificultad se suma el cierre de los estrechos turcos para los buques de guerra vinculados con la guerra ruso-ucraniana. Desde 2022, Turquía aplica la Convención de Montreux y restringe el tránsito por el Bósforo y los Dardanelos.
La medida impide que Rusia utilice normalmente unidades de su Flota del Mar Negro para reforzar o rotar fuerzas en el Mediterráneo. Moscú debe enviar buques desde la Flota del Norte o el Báltico, atravesando el Atlántico y el estrecho de Gibraltar, lo que aumenta las distancias, los costos y las necesidades de apoyo logístico.
Qué significa la retirada rusa
La ausencia actual no implica que Rusia haya renunciado definitivamente al Mediterráneo. Moscú podría desplegar nuevamente una fragata o enviar otra unidad desde sus bases del norte.
El cambio central es que perdió, al menos temporalmente, la capacidad de sostener una presencia naval permanente y previsible. Esto reduce su margen para respaldar operaciones en Siria y Libia, acompañar cargueros militares, proyectar poder hacia África y vigilar las actividades navales de la OTAN.
La retirada también ocurre mientras la Unión Europea amplía las facultades de la Operación IRINI para inspeccionar embarcaciones sospechadas de transportar petróleo ruso y evadir sanciones. Moscú rechazó la medida y prometió proteger sus intereses marítimos, aunque actualmente no dispone de grandes buques de guerra desplegados dentro del Mediterráneo para respaldar directamente esa advertencia.
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