La geopolítica mundial enfrenta una semana de máxima tensión con la nueva doble ofensiva diplomática de China, donde la competencia estratégica entre EE.UU. y el gigante asiático se traslada a los principales foros de seguridad de Asia. El ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, encabezará este despliegue participando el 22 de julio en la reunión China-ASEAN en Manila, para trasladarse inmediatamente después a Kirguistán al Consejo de Cancilleres de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS).

En Filipinas, Wang Yi coincidirá con figuras clave como Marco Rubio y Serguéi Lavrov, en un escenario donde Pekín busca consolidar su influencia en el Indo-Pacífico y reafirmar su alianza con Rusia frente a las maniobras de contención lideradas por Washington.
En Manila, la diplomacia china enfrentará un terreno complejo marcado por las disputas territoriales en el Mar de China Meridional, donde incidentes recientes entre la Guardia Costera china y fuerzas filipinas han elevado la alerta regional. La presencia de Marco Rubio tiene como objetivo principal preparar el terreno para una posible cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping prevista para septiembre, buscando estabilizar la relación tras la tregua comercial vigente.
Sin embargo, la ASEAN también pondrá sobre la mesa la crisis de seguridad energética provocada por las hostilidades en Medio Oriente, exigiendo la apertura del Estrecho de Ormuz para garantizar el flujo global de crudo. Pekín, por su parte, promoverá su visión de “centralidad de la ASEAN” como contrapeso a la red de alianzas militares de EE.UU. con países como Japón, que ya suministra misiles y radares de vigilancia a Filipinas.

Inmediatamente después de su paso por el Sudeste Asiático, la ofensiva de Wang Yi se desplazará a Asia Central para el encuentro de la OCS en Kirguistán entre el 23 y el 25 de julio. En este espacio, China y Rusia operan como el núcleo político fundamental, trabajando en la preparación de la próxima cumbre en Biskek para profundizar la cooperación en seguridad y economía bajo el “Espíritu de Shanghái”.
Esta gira también servirá para fortalecer los vínculos bilaterales con Kirguistán, un socio estratégico en la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Además de la seguridad tradicional, China está utilizando su liderazgo en Inteligencia Artificial —tras el éxito de la cumbre mundial de IA en Shanghái— como una herramienta diplomática para atraer al Sur Global hacia un sistema de gobernanza que desafíe el monopolio tecnológico occidental.
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