Imágenes satelitales tomadas durante más de una década muestran cómo Rusia convirtió su territorio ártico en una red integrada de puertos, plantas energéticas, bases militares, astilleros y corredores marítimos, mientras Estados Unidos intenta recuperar capacidades perdidas desde el final de la Guerra Fría.

La investigación publicada por Business Insider combinó imágenes ópticas y térmicas, mapas militares y datos de navegación. El contraste más visible aparece entre la expansión sostenida de la infraestructura rusa y el deterioro o abandono de antiguas instalaciones estadounidenses en Alaska y Groenlandia.
Puertos, rompehielos y bases militares sobre una misma ruta
Uno de los cambios más importantes aparece en la península de Yamal. Las imágenes comparativas entre 2009 y 2025 muestran la transformación de Sabetta en un gran centro de exportación de gas natural licuado, conectado con mercados europeos y asiáticos mediante la Ruta Marítima del Norte. Durante 2025, más de cien embarcaciones completaron el recorrido y transportaron más de tres millones de toneladas, el mayor volumen registrado para tránsitos completos sobre ese corredor.
La capacidad de operar allí depende de los rompehielos. Según el relevamiento del medio estadounidense, Rusia dispone de 42 unidades de diferentes tamaños y capacidades, incluidas 13 consideradas pesadas. Desde 2018 incorporó ocho nuevos grandes rompehielos, cuatro de ellos con propulsión nuclear, y continúa construyendo la futura clase Líder, diseñada para mantener abiertas rutas con hielos más gruesos durante todo el año.
Las imágenes del astillero Zvezda muestran el crecimiento del casco de la primera unidad Líder entre marzo de 2022 y mayo de 2026. Sin embargo, el programa también expone los límites rusos: su entrega, prevista inicialmente para 2027, fue desplazada hasta 2030 o más adelante por problemas en la cadena de suministros y restricciones vinculadas con la guerra en Ucrania.


La infraestructura comercial se superpone con el dispositivo militar. En la península de Kola se encuentran Severomorsk, sede de la Flota del Norte, bases de submarinos nucleares, puertos y aeródromos. Imágenes tomadas entre 2012 y 2019 muestran nuevas calles de rodaje y plataformas en Severomorsk-1, donde fueron identificados aviones de patrulla marítima Tu-142 y cazas Sukhoi. El Departamento de Defensa estadounidense considera que Rusia posee la presencia militar más desarrollada entre todos los países árticos y destaca el papel de Kola en su fuerza de disuasión nuclear.
Moscú también extendió instalaciones a lo largo de su costa norte. La base situada en la isla de Wrangel se encuentra a unos 480 kilómetros de Alaska, mientras otras posiciones permiten vigilar rutas, apoyar aeronaves y sostener operaciones sobre territorios que durante décadas permanecieron prácticamente desconectados. La ventaja rusa no surge de una única base, sino de haber enlazado instalaciones militares, puertos civiles, recursos energéticos y una flota preparada para navegar entre ellos.
Estados Unidos intenta reconstruir una presencia perdida
Del lado estadounidense, las imágenes muestran antiguas instalaciones de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría convertidas en aeródromos abandonados. La base naval de Adak, en las islas Aleutianas, cerró en 1997, aunque algunos funcionarios volvieron a proponer su recuperación ante el aumento de la actividad rusa y china cerca de Alaska y el estrecho de Bering. En Groenlandia, Estados Unidos pasó de operar alrededor de veinte instalaciones durante la Segunda Guerra Mundial a mantener solamente una base permanente: Pituffik, dedicada principalmente a vigilancia espacial y alerta de misiles.
La diferencia también se observa en el mar. La Guardia Costera estadounidense mantiene dos rompehielos polares operativos, pero solo el Polar Star pertenece a la categoría pesada. La unidad entró en servicio en 1976, superó ampliamente su vida útil original de treinta años y necesita extensos períodos de mantenimiento para continuar navegando. La Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estimó que Estados Unidos necesita entre ocho y nueve rompehielos polares para cubrir sus misiones en el Ártico y la Antártida.

Washington ya reconoce la brecha. En octubre de 2025, la Casa Blanca advirtió que la flota disponible era insuficiente para responder a las necesidades operativas y que esa carencia constituía un riesgo de seguridad nacional. El presidente Donald Trump autorizó entonces la construcción en astilleros extranjeros de hasta cuatro nuevos Cortadores de Seguridad Ártica como medida temporal, mientras el país intenta recuperar la capacidad industrial necesaria para producir las siguientes unidades dentro de Estados Unidos.
La respuesta no se limita a los buques. La OTAN abrió en octubre de 2025 un nuevo Centro de Operaciones Aéreas Combinadas en Bodø, Noruega, para supervisar el espacio aéreo nórdico, el mar Báltico, el Atlántico Norte y el mar de Barents. En junio de 2026 también estableció una presencia terrestre multinacional en Finlandia, reforzando un flanco que cambió por completo después del ingreso finlandés y sueco a la Alianza.
La competencia tampoco enfrenta únicamente a Rusia y Estados Unidos. China utiliza inversiones energéticas, expediciones científicas y cooperación naval con Moscú para ampliar su acceso al Ártico. El Pentágono señala que Beijing opera tres rompehielos, probó vehículos submarinos no tripulados durante expediciones polares y realizó patrullas navales conjuntas con Rusia cerca de Alaska.
Las imágenes no demuestran que Rusia haya asegurado definitivamente el control del Ártico. Sus proyectos enfrentan sanciones, costos elevados y demoras, mientras la guerra en Ucrania consume recursos y personal. Pero sí muestran que Moscú comenzó antes y construyó una red que Estados Unidos tardará años en igualar.
La disputa ya no consiste solamente en plantar una bandera sobre el hielo. Depende de quién pueda mantener puertos abiertos, escoltar buques, vigilar los accesos, operar submarinos y sostener instalaciones durante todo el año. En esa competencia, Rusia todavía conserva una ventaja física visible desde el espacio, mientras Washington y sus aliados apenas comienzan a desplegar la infraestructura destinada a reducirla.
Te puede interesar: La OTAN promete asegurar el Ártico, pero todavía no cuenta con los medios para hacerlo













