La capacidad de sostener un conflicto prolongado depende no solo de los sistemas desplegados en el campo de batalla, sino también de la velocidad con la que cada parte puede producir y reponer su armamento. En ese contexto, un análisis difundido por el director de Defense Express, Oleh Katkov, sostiene que Rusia estaría produciendo actualmente más misiles balísticos de los que Estados Unidos fabrica interceptores PAC-3 MSE para los sistemas Patriot utilizados por Ucrania.

Según Katkov, la industria militar rusa produce alrededor de 70 misiles balísticos por mes destinados principalmente a los sistemas Iskander y Kinzhal. En paralelo, Lockheed Martin habría entregado 620 interceptores PAC-3 MSE durante todo 2025, una cifra que equivale aproximadamente a 56 unidades mensuales. De acuerdo con el especialista, esta relación favorece a Moscú desde el punto de vista de la capacidad de reposición de armamento.
La relación producción-consumo en la defensa antimisiles
El análisis sostiene además que la diferencia resulta más significativa cuando se considera el empleo operativo de los sistemas Patriot. Según explicó Katkov, la interceptación de un misil balístico Iskander suele requerir el lanzamiento de dos o incluso tres interceptores PAC-3 MSE para maximizar las probabilidades de destrucción del objetivo. En consecuencia, el volumen de interceptores necesarios para sostener la defensa aérea ucraniana sería bastante superior al número de misiles balísticos efectivamente interceptados.

En este sentido, Katkov sostuvo que “Rusia no tiene problema con la balística, porque producen más misiles balísticos para el complejo operativo-táctico Iskander que los que Estados Unidos produce misiles para el Patriot en el mismo período”. El especialista agregó que parte de los misiles fabricados son incorporados rápidamente al empleo operativo por las fuerzas rusas.
Las declaraciones trascendieron después de un ataque aéreo ruso de gran magnitud contra Ucrania. En detalle, Rusia lanzó durante una sola noche un total de 729 drones y misiles, en una operación coordinada que tuvo a Kiev como uno de sus principales objetivos. El episodio volvió a poner en evidencia la importancia de las capacidades de defensa antiaérea y antimisiles dentro del conflicto.
La guerra de desgaste también se libra en las líneas de producción militar
Desde el inicio de la guerra, los sistemas Patriot suministrados por Estados Unidos y otros países aliados se convirtieron en uno de los principales recursos de Ucrania para enfrentar amenazas balísticas avanzadas. La capacidad de estos sistemas para interceptar misiles rusos es considerada un elemento clave para la protección de centros urbanos, infraestructura crítica y objetivos estratégicos. Sin embargo, el análisis de Katkov plantea que la presión sobre los inventarios de interceptores podría aumentar si la producción rusa sigue superando la capacidad de fabricación de los sistemas defensivos empleados por Kiev.

En este escenario, las cifras presentadas por Defense Express alimentan el debate sobre el equilibrio entre las capacidades ofensivas rusas y los medios defensivos disponibles para Ucrania. Más allá de la precisión exacta de los números mencionados, el análisis refleja una preocupación creciente dentro de los círculos militares y estratégicos: la necesidad de sostener la producción de sistemas defensivos frente a una guerra donde el volumen de armamento empleado continúa siendo un factor determinante.













