La política exterior de Donald Trump atraviesa una transformación profunda que ya impacta sobre la relación de Washington con aliados y rivales. Entre amenazas públicas, diplomacia personalizada y vacantes masivas en embajadas, gobiernos europeos y asiáticos comenzaron a modificar la forma en la que interactúan con Estados Unidos, priorizando contactos informales y figuras cercanas al presidente por encima de los canales institucionales tradicionales. El análisis surge de una investigación de Reuters basada en entrevistas con más de 50 diplomáticos, funcionarios y exembajadores estadounidenses y europeos.

Embajadas vacías y poder concentrado
El cambio quedó expuesto luego de que Trump amenazara a Irán con la destrucción de “toda una civilización”, una declaración que llevó a diplomáticos europeos a consultar de urgencia al Departamento de Estado para determinar si Washington contemplaba incluso el uso de armas nucleares. Según funcionarios citados por Reuters, la respuesta que recibieron fue inquietante: dentro del propio aparato diplomático estadounidense no existía claridad sobre el verdadero alcance de las palabras del mandatario. La historiadora británica Margaret MacMillan sostuvo que la actual administración está erosionando la capacidad de Estados Unidos para comprender y gestionar el sistema internacional, aumentando el riesgo de inestabilidad global.

El trasfondo coincide con una reestructuración impulsada por Marco Rubio, quien desde el Departamento de Estado promovió recortes, despidos y una reorganización alineada con la agenda “America First”. Según la American Foreign Service Association, actualmente más de 100 puestos de embajadores permanecen vacantes y numerosas sedes diplomáticas operan bajo encargados de negocios en lugar de representantes confirmados políticamente, algo que antiguos funcionarios consideran una degradación del peso diplomático estadounidense en regiones sensibles como Medio Oriente.
La diplomacia informal gana terreno
Frente a la pérdida de interlocutores claros, varios aliados comenzaron a construir canales alternativos hacia la Casa Blanca. En ese esquema ganaron influencia figuras sin experiencia diplomática formal como Jared Kushner y Steve Witkoff, hoy convertidos en negociadores centrales en temas vinculados a Irán, Gaza y Ucrania. Reuters señala que incluso gobiernos aliados priorizan conversaciones con ellos antes que con embajadas o funcionarios tradicionales del Departamento de Estado.

La dinámica también alteró el funcionamiento interno del aparato de seguridad nacional. Ex diplomáticos y funcionarios denunciaron que el Consejo de Seguridad Nacional perdió capacidad de coordinación y que, en varios casos, funcionarios debían seguir las publicaciones de Trump en Truth Social para interpretar cambios de política exterior. La ex embajadora en Ucrania Bridget Brink afirmó que la suspensión temporal de ayuda militar a Kyiv en 2025 ocurrió sin explicaciones claras, afectando incluso la seguridad del personal diplomático estadounidense desplegado en el país. En paralelo, el exembajador alemán en Washington Wolfgang Ischinger advirtió que la toma de decisiones en política exterior quedó excesivamente concentrada en una sola figura: Trump.

Aliados adaptan su estrategia frente a Trump
La consecuencia más visible es una recalibración diplomática global. Varias capitales europeas ya consideran que responder públicamente a las amenazas de Trump puede resultar contraproducente y prefieren adoptar una estrategia de contención silenciosa similar al llamado “método Merkel”, basado en evitar confrontaciones directas mientras se sostienen posiciones firmes detrás de escena.

Sin embargo, diplomáticos occidentales advierten que normalizar las declaraciones extremas del presidente estadounidense también implica riesgos estratégicos. El temor creciente es que la imprevisibilidad termine erosionando la capacidad de anticipación de los aliados frente a futuras crisis internacionales, especialmente en escenarios de alta tensión como Ucrania, Irán o el Indo-Pacífico. En paralelo, la creciente personalización de la política exterior estadounidense profundiza la percepción de que las decisiones en Washington dependen cada vez menos de instituciones permanentes y más de relaciones personales alrededor de Trump.
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