La flota rusa del mar Negro: cómo cambió la guerra naval tras los ataques de drones ucranianos

Buque Almirante Makarov (799)​ de la Armada rusa que conforma la flota de Rusia en el mar Negro.

Buque Almirante Makarov (799)​ de la Armada rusa que conforma la flota de Rusia en el mar Negro. Créditos: NA.

En el marco de la guerra entre Rusia y Ucrania, Kiev ha logrado replegar a una de las flotas más poderosas del mundo, mediante embarcaciones no tripuladas. Los ataques de los drones marítimos ucranianos a la flota rusa en el mar Negro ha cambiado y modificado, sustancialmente, la guerra naval. Hoy la guerra naval en el mar Negro va más allá del combate entre las armadas y golpea de lleno el comercio ruso. 

Cuando comenzó la guerra en 2022, la flota rusa del mar Negro era la fuerza naval dominante de la región, y operaba libremente desde su base de Sebastopol, en Crimea. Cuatro años después el escenario es completamente diferente. Según diversos análisis y reportes de este 2026, actualmente la flota rusa está confinada en Novorossiysk y prácticamente no sale del puerto por las amenazas de los drones de superficie, los drones aéreos y los drones marítimos (vehículos submarinos autónomos). Si bien continúa siendo dominante y posee superioridad material, ello no se traduce ni materializa en libertad de acción. 

Un dron Sea Baby durante una demostración del Servicio de Seguridad Ucraniano en Ucrania el 17 de octubre de 2025. Créditos: Efrem Lukatsky / AP.

Ucrania ha logrado golpear de lleno la flota rusa del mar Negro, en el marco de la guerra naval que enfrenta a ambas partes. El eje que explica, precisamente, el cambio en la guerra naval son los drones navales de superficie. En este sentido, Ucrania opera dos familias principales: el Sea Baby y el Magura. Estos vehículos no tripulados han logrado causar pérdidas cercanas a los 500 millones de dólares para la flota rusa en el mar Negro. El principal problema para Moscú aquí es la asimetría económica que existe entre los drones que atacan y destruyen su flota naval y esta última. Así, por ejemplo, un Magura, que cuesta alrededor de 50.000 dólares, ha logrado hundir –junto a lanchas kamikaze del Grupo 13 de inteligencia militar ucraniana– a un solo buque ruso valuado en 65 millones de dólares. 

Bajas rusas

Las cifras de bajas provienen mayormente de Moscú. Rusia ha sido testigo de cómo los drones ucrianos han golpeado de lleno a su flota en el mar Negro. Desde Ucrania, de hecho, aseguran que para comienzos de este año, ya habían destruido o en su defecto, dañado gravemente cerca de un tercio de la flota rusa del mar Negro.

El Instituto Naval de Estados Unidos, por su parte, revela que desde 2022, se registran alrededor de una docena de buques de guerra hundidos o dañados por drones ucranianos en el mar Negro. Ello explica el repliegue forzado de las operaciones principales de Moscú hacia Novorossiysk.

No obstante, replegarse hacia allí no habría funcionado tal como Rusia esperaba, dado que los ataques ucranianos de este 2026 ponen de manifiesto que Kiev logró alcanzar el nuevo refugio de la flota rusa en el mar Negro. Los analistas y especialistas ya advierten que, en este escenario, Rusia se encuentra ante un significativo dilema: quedarse en puerto, expuesto a los drones aéreos, o salir al mar y ser blanco directo de los drones de superficie. En ambas alternativas, Moscú queda expuesto a los ataques de los drones ucranianos. 

Flota rusa del Mar Negro en Crimea. Créditos: Stringer/AFP/Getty.

El impacto en el comercio

Los ataques con drones ucranianos a la flota rusa en el mar Negro no solo ha tenido efectos y repercusiones en el ambito militar, en el marco de la guerra naval, sino también que ha tenido un significativo impacto a nivel comercial. La ofensiva ucraniana, de hecho, no se ha limitado únicamente al campo militar y así es que desde Kiev han ampliado los ataques con drones marítimos hacia la logística comercial rusa.

Desde mediados de 2026, Ucrania lanzó una campaña contra el transporte marítimo ruso en el mar Negro y el mar de Azov, según Naval News. En este contexto, habría logrado alcanzar a más de 100 buques cargueros y de combustibles rusos, generando retrasos en los envíos de mercaderías desde y hacia los puertos rusos, con impacto directo en el abastecimiento y la canasta comercial.

Ucrania pasó así de defender su propio comercio a amenazar directamente al de su adversario, ya que cabe recordar que Rusia bloqueó los puertos ucranianos, al comienzo de la guerra, para frenar e impedir las exportaciones de granos de Kiev. Ahora, de esta manera, la guerra en el mar Negro se convirtió en una disputa contra el tráfico marítimo ruso. En este sentido, el 3 de noviembre Escenario Mundial informaba que la guerra naval en el mar Negro ya deja 317 embarcaciones alcanzadas en seis meses, en base a un relevamiento reciente de Ambrey Analytics. El reparto de los ataques fue cambiando y modificándose, sin embargo, ya que mientras que en el tercer trimestre, Kiev ejecutó 137 ataques contra buques y Rusia 92, en el mes de octubre la proporción se invirtió y Rusia atacó 38 embarcaciones frente a 5 de Ucrania. 

El granelero ARGO I está atracado en la terminal de grano del puerto de Odessa, Ucrania, 10 de abril de 2023. Créditos: Ritzau Scanpix / AFP via Getty Images.

Las exportaciones rusas se han reducido drásticamente, en este contexto. Moscú exportó 0,3 millones de toneladas métricas de cereales en el mes de septiembre, como informó Escenario Mundial, mediante el mar Negro y el mar de Azov. Sin embargo, ello configura una cifra significativamente inferior ante los 4,74 millones de toneladas métricas exportadas en el mismo mes del 2025, generando un impacto directo negativo en la balanza y canasta comercial de Moscú. 

Cómo queda el escenario

Según diversos analistas y especialistas, la guerra naval en el mar Negro entre Ucrania y Rusia ya no es lo que era en 2022. Cuatro años después del comienzo del conflicto, la guerra demuestra que el control del mar ya no depende, únicamente, de tener una flota y una armada poderosa. Ucrania ha logrado demostrar que un actor con medios convencionales puede negar el acceso y tránsito marítimo a una potencial naval. Los drones ucranianos han sido esenciales para ello.

En esta misma línea, los puertos se presentan como una de las zonas de mayores riesgos pese a que son concebidos inicialmente como espacios y áreas de resguardo. Concentrar una flota en una sola base, como está haciendo Rusia actualmente, vuelve blancos directos de saturación a los buques allí amarrados, por parte de drones aéreos y marítimos.

Varios buques arden en el Mar de Azov, tras los reportes de ataques con drones ucranianos. Créditos: Fuentes abiertas.

La guerra en el mar Negro entre Rusia y Ucrania también ha demostrado que las defensas tradicionales resultan más caras frente a las recurrentes amenazas de los drones, que cuestan miles de dólares pero no millones como las unidades navales. De este modo, un buque de millones de dólares puede resultar alcanzado y atacado por un dron valuado en un significativo precio menor. 

Finalmente, Ucrania ha intentado –y lo ha logrado con éxito, hasta el momento– fusionar la guerra naval con una guerra de carácter comercial y económica. Los ataques de drones ucranianos a puertos, terminales, petroleros, buques contenedores y cargueros rusos, y rutas comerciales tienen tanto impacto o incluso más que atacar a una unidad naval de estratégica importancia, como un buque de guerra, para Rusia. 

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