Un informe parlamentario británico advierte el colapso de la Real Armada británica ante las ofertas navales que analiza Argentina

Fragata HMS Sutherland de la Real Armada británica. Créditos: Royal Navy.

Un informe del Comité de Defensa del Parlamento del Reino Unido alertó sobre el colapso operativo de la Real Armada británica ante la falta crítica de fragatas y submarinos, en momentos en que la Armada Argentina evalúa ofertas internacionales de financiamiento para incorporar nuevos buques y sumergibles. La investigación oficial sobre la defensa en el Alto Norte, difundida este 23 de octubre de 2026, concluyó que la fuerza efectiva de buques de superficie y sumergibles de ataque de Londres se encuentra muy por debajo de los requerimientos mínimos fijados por el propio gobierno británico.

Fragatas Tipo 23 (clase Duke) de la Royal Navy británica. HMS Somerset (F82) en primer plano y HMS St Albans (F83) a la izquierda. Créditos: Royal Navy.

La crisis de fragatas y la pérdida de capacidades

Desde 2010, el Ministerio de Defensa británico mantiene el requerimiento operativo de al menos 19 escoltas entre fragatas y destructores. Sin embargo, la flota en servicio se redujo a 11 buques: 6 destructores Tipo 45 y apenas 5 fragatas Tipo 23. Esta merma compromete de forma directa la guerra antisubmarina (ASW), ya que la fuerza cuenta con solo cinco buques dotados del sonar de arrastre Sonar 2087, frente a una exigencia oficial de ocho unidades.

Tras las bajas de las fragatas HMS Monmouth y HMS Montrose en 2021, y los posteriores retiros de Westminster, Northumberland, Argyll y Lancaster, este año se sumaron las desprogramaciones de HMS Richmond e HMS Iron Duke. Este último caso desató severos cuestionamientos parlamentarios al ser retirado menos de tres años después de una modernización de £103 millones destinada a extender su vida útil.

Fuentes de la industria naval señalaron además que dos de las cinco fragatas restantes deberán ser declaradas no aptas para navegar en los próximos meses por la corrosión de sus cascos de acero ligero. Con el HMS Kent en reparaciones prolongadas desde hace más de dos años, la fuerza recae en Portland, Somerset, St Albans y Sutherland, proyectándose que la flota de fragatas caerá a cuatro unidades en 2029, tres en 2030 y apenas dos en 2031, sin recuperar el mínimo de ocho buques hasta 2037.

Las plataformas de relevo acumulan severos retrasos. Las pruebas de mar de la fragata HMS Glasgow (Tipo 26) se postergaron para la primera mitad de 2027 —a casi una década del inicio de su construcción—, mientras Londres negocia ceder dos turnos de entrega a Noruega. En cuanto a las fragatas Tipo 31, el Ministerio de Defensa británico evita fijar fechas formales más allá de “finales de la década”, requiriendo además un período posterior en astillero para instalar celdas de lanzamiento vertical Mk 41.

Submarino de ataque HMS Trenchant (S 91) de la Royal Navy. Créditos: Armada de EE.UU.

A este escenario se suma una degradación submarina crítica. El informe parlamentario reveló que la Real Armada británica perdió su capacidad práctica de operar submarinos bajo el casquete de hielo del Ártico. A diferencia de los retirados clase Trafalgar, no se registra públicamente que ningún sumergible nuclear clase Astute haya emergido a través del hielo. De hecho, tras la baja del HMS Trenchant en mayo de 2022, submarinistas británicos debieron embarcarse en el estadounidense USS Delaware durante el ejercicio Arctic ICE CAMP en marzo de 2026 para sostener un entrenamiento polar residual.

Retiro de destructores Tipo 45 y el plan de flota híbrida

La vulnerabilidad británica abarca también a sus medios antiaéreos. Según informó Mariano Germán Videla Solá, corresponsal y redactor de Zona Militar, el Ministerio de Defensa británico descartó extender la vida útil de sus seis destructores Type 45, los cuales comenzarán a salir de servicio a partir de 2035.

El mariscal del aire Tim Jones, subjefe del Estado Mayor de la Defensa para el Desarrollo de Fuerzas, explicó ante los parlamentarios que Londres abandonó el desarrollo del destructor Tipo 83 para apostar por una “Armada híbrida”. El esquema prevé sustituir los Type 45 por seis buques tripulados ligeros (Common Combat Vessels o CCV) enlazados a barcazas de misiles no tripuladas Tipo 91 y sensores autónomos Tipo 94. No obstante, analistas del sector advirtieron que los fondos asignados (£1.500 millones para el período legislativo) resultan escasos para consolidar esta arquitectura y evitar una brecha de cobertura antiaérea.

La situación en la Armada Argentina

Del otro lado del océano, la Armada Argentina arrastra el desgaste estructural de su Flota de Mar y la inactividad de su fuerza submarina. La baja definitiva de los destructores Tipo 42 dejó sin cobertura antiaérea de zona a la fuerza, mientras que de la clase MEKO 360 solo tres unidades permanecen en servicio tras la desprogramación del ARA Heroína el año pasado, luego de más de una década inactivo y sin modernización.

Destructor ARA Almirante Brown de la Armada Argentina en Ushuaia. Crédito: Alejo Sánchez Piccat / Zona Militar

Sin embargo, el escenario de adquisiciones presenta gestiones de financiamiento abiertas. El 8 de octubre de 2026, Juan José Roldán, editor asociado en Zona Militar, detalló declaraciones del jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas (EMCFFAA), almirante Marcelo Dalle Nogare, quien confirmó que Alemania y Francia ofrecieron financiar el 100% de la venta de tres submarinos de ataque de propulsión convencional. Las propuestas técnicas corresponden a los modelos Scorpène de Naval Group y Tipo 209NG de ThyssenKrupp Marine Systems (TKMS), ambos calificados como aptos por el Comando de la Fuerza de Submarinos y elevados al Poder Ejecutivo a la espera de una decisión geopolítica de la Casa Rosada.

En buques de superficie, tal como reportó Zona Militar, la fuerza naval mantiene en análisis la incorporación de fragatas multimisión, evaluando modelos como el ALFA 3000 del astillero español Navantia y las FREMM franco-italianas. El proyecto de Presupuesto 2027 incluyó una autorización de crédito público por hasta USD 1.200 millones para dos fragatas multimisión, si bien no existe una adjudicación formal ni contrato firmado.

Submarino Humaitá (S-41), segunda unidad de la clase Riachuelo, de la Marina de Brasil. Créditos: Sofia Celiz / Zona Militar.

A estas iniciativas se sumó la propuesta acercada por Brasil tras el ejercicio combinado Fraterno XXXIX el 26 de agosto de 2026 en Mar del Plata, donde la Marina brasileña y la firma EMGEPRON presentaron a mandos locales las prestaciones de las fragatas clase Tamandaré (MEKO A-100) y de los submarinos clase Riachuelo fabricados en el Complejo Naval de Itaguaí.

El potencial rearme naval argentino generó atención institucional en el Reino Unido. El 22 de octubre de 2026, Escenario Mundial reveló que, ante una consulta formal del diputado Andrew Rosindell sobre conversaciones con París y Berlín por el financiamiento de sumergibles para Buenos Aires, la Subsecretaria Parlamentaria de Defensa británica, Louise Sandher-Jones, evitó confirmar si existieron gestiones diplomáticas con Francia y Alemania, limitándose a ratificar que el despliegue militar en las Islas Malvinas se encuentra en un “nivel adecuado” y bajo constante revisión.

Destructor ARA Sarandí (D-13) de la Armada Argentina. Créditos: Sofia Celiz / Zona Militar.

Este cruce diplomático pone en foco la hipótesis de fondo sobre la brecha real entre ambas armadas. En términos estrictamente cuantitativos y tecnológicos, no existe paridad de inventarios: el Reino Unido conserva dos portaaviones de 65.000 toneladas, seis destructores Tipo 45 en activo dotados del sistema Sea Viper, sumergibles nucleares y cinco fragatas Tipo 23 con sonares de arrastre avanzados. La Armada Argentina, por su parte, no tiene hoy submarinos operativos y sus programas de fragatas multimisión continúan sujetos a autorizaciones de crédito y resoluciones políticas.

Sin embargo, en el terreno de la disponibilidad efectiva y la capacidad de proyección, la distancia estratégica en el Atlántico Sur muestra su menor margen en cuatro décadas. La Real Armada británica se encuentra atada a sus requerimientos prioritarios en el Alto Norte y el Atlántico Norte frente a Rusia, con un presupuesto de £63.000 millones absorbido en una cuarta parte por su programa nuclear y una fuerza de superficie que caerá a un piso de dos fragatas a inicios de la próxima década. Ante este desgaste estructural, Londres carece de la masa de escoltas necesaria para sostener un despliegue expedicionario de alta intensidad lejos de sus bases sin desproteger su propia defensa metropolitana.

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