Un exoperador de drones del Ejército ucraniano cuestionó la capacidad de la industria occidental para fabricar vehículos FPV simples, baratos y en volúmenes compatibles con las necesidades de una guerra de desgaste, y utilizó una cifra para dimensionar el problema: 500.000 unidades. “Todavía no encontramos fabricantes occidentales capaces de producir, digamos, 500.000 drones FPV simples que simplemente funcionen”, afirmó Dmytro “Liber” Zhluktenko, exoperador y actual analista de lecciones aprendidas del 413º Regimiento de Sistemas No Tripulados RAID de Ucrania.

En una entrevista publicada este 18 de octubre por Business Insider, Zhluktenko sostuvo que buena parte de los fabricantes occidentales continúa diseñando plataformas demasiado complejas y costosas para las condiciones reales del frente.
Su reclamo no apunta contra la tecnología avanzada en sí misma. Ucrania continúa utilizando sistemas con navegación autónoma, inteligencia artificial y capacidades destinadas a operar frente a la guerra electrónica rusa. El problema aparece cuando esas prestaciones se incorporan también a drones que Kiev necesita consumir por cientos de miles.
“Necesitamos algo que funcione muy bien, pero que no tenga características superfluas”, explicó.
Según Zhluktenko, los operadores ucranianos buscan especialmente plataformas básicas que puedan recibir, modificar y adaptar directamente cerca del frente. En ese esquema, sensores, componentes y software pueden cambiar rápidamente de acuerdo con las contramedidas rusas y las necesidades de cada unidad.
Ucrania prioriza cantidad, costo y capacidad de adaptación
El uso masivo de drones convirtió a estos sistemas en uno de los principales materiales de consumo de la guerra.
Muchos FPV tienen una vida útil de una sola misión y otros quedan inutilizados por interferencias, problemas técnicos o la acción enemiga. Eso obliga a sostener una producción capaz de reemplazar pérdidas continuamente y, al mismo tiempo, actualizar los diseños a un ritmo mucho mayor que el habitual en los grandes programas occidentales.
Zhluktenko aseguró que la mayor parte de los drones empleados actualmente por Ucrania son de fabricación nacional y señaló como una de sus ventajas la relación directa entre empresas, ingenieros y operadores.

Los militares pueden modificar componentes, cambiar configuraciones o reutilizar una misma plataforma para tareas diferentes sin esperar largos procesos industriales.
Esa experiencia viene mostrando una diferencia entre dos modelos industriales. Mientras numerosos fabricantes occidentales están acostumbrados a programas más prolongados, certificaciones extensas y cantidades relativamente reducidas, las empresas ucranianas deben producir sistemas económicos que pueden necesitar modificaciones apenas semanas después de haber ingresado al combate.
Zhluktenko consideró llamativo que, pese a la capacidad industrial disponible en Occidente, todavía resulte difícil encontrar productores capaces de entregar un FPV básico a semejante escala.
Ucrania sí mantiene compañías como SkyFall y General Cherry fabricando grandes volúmenes de estos sistemas, mientras otras empresas desarrollan modelos más sofisticados para misiones específicas.
Una lección que ya empezó a llegar a la OTAN
La discusión no se limita a Ucrania. Escenario Mundial analizó en julio cómo la experiencia del frente obligó a la OTAN a revisar conceptos basados en cantidades reducidas de sistemas tecnológicamente superiores y comenzar a prestar mayor atención al empleo masivo de drones baratos.
El propio secretario general de la Alianza, Mark Rutte, resumió esa discusión durante 2025 al señalar que, frente a determinados desafíos industriales, la velocidad resulta más importante que la perfección.
El cambio también está empezando a traducirse en cooperación industrial. En julio, Ucrania acordó exportar drones a Estados Unidos para participar del programa Drone Dominance del Pentágono, mientras empresas occidentales incorporan diseños y procesos desarrollados durante la guerra.

La necesidad ucraniana sigue siendo, sin embargo, inmediata. Para determinadas misiones hacen falta plataformas avanzadas capaces de resistir interferencias, atacar a larga distancia o utilizar autonomía. Para buena parte del combate cotidiano, Zhluktenko plantea exactamente lo contrario: drones suficientemente buenos, baratos, fáciles de modificar y disponibles por cientos de miles.
Su referencia a los 500.000 FPV sintetiza esa diferencia. Ucrania no está pidiendo únicamente mejores drones a sus socios occidentales. Está reclamando una industria capaz de fabricar sistemas simples a una escala acorde con el ritmo al que son utilizados y perdidos en el frente.
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