La avería que obligó a remolcar al HMS Protector hasta Devonport abrió una incógnita que excede al futuro del único buque de patrulla polar de la Real Armada británica. Si la unidad permanece fuera de servicio durante un período prolongado o finalmente no vuelve a operar, Reino Unido deberá redistribuir entre el RRS Sir David Attenborough, la Real Fuerza Aérea y otros medios parte de las tareas que sostenían su presencia entre las Islas Malvinas y la Antártida.
No se trata de que Londres quede sin capacidad para operar en el extremo austral. El propio British Antarctic Survey (BAS) reconoció ante el Parlamento británico que una parte importante del apoyo logístico realizado por el Protector podría ser absorbida por el Sir David Attenborough. El costo sería otro: utilizar al principal buque científico polar británico en esas funciones reduciría proporcionalmente los días disponibles para investigaciones marinas y apoyo a campañas científicas terrestres.
La situación adquiere mayor relevancia después de que el Protector fuera remolcado el 13 de octubre hasta su base en Devonport para investigar una falla todavía no detallada públicamente. La unidad permanece formalmente en servicio y el Ministerio de Defensa británico no anunció su baja, pero su futuro aparece bajo revisión cuando Londres todavía no definió el método de adquisición ni el cronograma exacto para incorporar su reemplazo.
Escenario Mundial informó esta semana que el único buque de patrulla polar de la Real Armada británica había llegado remolcado a puerto después de haberse perdido también la temporada austral 2025-2026. La incógnita pasa ahora por cuánto tiempo podrá Londres sostener sus compromisos antárticos sin esa plataforma y qué medios deberán asumir sus funciones.
La respuesta empieza a aparecer dentro de la propia arquitectura que Reino Unido ya utiliza en el Atlántico Sur. Malvinas funciona como uno de sus principales nodos logísticos y militares, con el HMS Medway como presencia naval permanente alrededor de las islas, aeronaves A400M y Voyager operando desde Monte Agradable y el Sir David Attenborough integrado a las rutas marítimas que conectan el archipiélago, Georgias del Sur y la Antártida.
Escenario Mundial analizó recientemente cómo Malvinas, la Antártida, los puertos sudamericanos y las rutas del extremo austral funcionan para Reino Unido como un sistema logístico interconectado. La posible ausencia prolongada del Protector permite observar ahora cómo puede modificarse el reparto de tareas dentro de ese esquema.
El Sir David Attenborough puede asumir tareas del Protector, pero con un costo
El HMS Protector cumple habitualmente durante la temporada austral misiones hidrográficas, apoyo a estaciones científicas, transporte de personal y equipos e inspecciones vinculadas con el Sistema del Tratado Antártico. Su aporte no funciona de manera aislada. En documentación remitida al Parlamento británico, el BAS explicó que el buque naval proporciona apoyo logístico tanto a sus propias operaciones como a las del UK Antarctic Heritage Trust.
El organismo fue explícito sobre qué ocurriría en su ausencia: esas tareas probablemente deberían ser incorporadas al programa del RRS Sir David Attenborough, lo que disminuiría en la misma proporción la cantidad de jornadas disponibles para ciencia marina o apoyo científico terrestre. La afirmación modifica cualquier lectura que plantee que Reino Unido quedaría inmediatamente sin capacidad polar. El Sir David Attenborough dispone de medios considerables para absorber parte de esas funciones.
El RRS Sir David Attenborough puede romper hielo de un metro de espesor, o incluso más grueso si reduce la velocidad.
Con 129 metros de eslora, hasta 60 días de autonomía y unas 19.000 millas náuticas de alcance, el buque fue diseñado tanto para investigación como para sostener logísticamente las estaciones del BAS. Puede atravesar hielo de hasta un metro de espesor a tres nudos, dispone de cubierta y hangar para helicópteros, grúas, espacios de carga y capacidad para transportar combustible y equipos hacia instalaciones antárticas.
Escenario Mundial ya documentó el empleo del RRS Sir David Attenborough en el corredor que conecta Malvinas, Georgias del Sur y la Antártida. Durante aquellas operaciones, la unidad combinó tareas científicas con transporte y apoyo logístico dentro de las rutas utilizadas por Reino Unido en el extremo sur.
El propio buque fue registrado por las autoridades británicas en Puerto Argentino, y el BAS estableció desde su incorporación que sus campañas incluirían escalas regulares en Malvinas, Georgias del Sur y el sector antártico reivindicado por Londres. Para Argentina, esas operaciones se desarrollan dentro de un escenario particularmente sensible: Buenos Aires mantiene su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, mientras que en la Antártida el sector reclamado por Reino Unido se superpone parcialmente con las pretensiones argentina y chilena bajo el marco jurídico del Tratado Antártico.
El problema para Londres no está entonces en la ausencia absoluta de una plataforma capaz de navegar y transportar suministros hacia la Antártida. Está en qué debe dejar de hacer el Sir David Attenborough si aumenta la cantidad de funciones logísticas que absorbe. El Parlamento británico ya había advertido sobre esa tensión antes de la avería actual. Una comisión recomendó utilizar de manera más sistemática al HMS Protector para tareas logísticas precisamente para liberar al Sir David Attenborough y permitirle concentrarse en investigación científica. La situación que enfrenta ahora Londres es prácticamente la inversa.
Malvinas también aporta la alternativa aérea
La redistribución no depende únicamente de los dos buques. La Real Fuerza Aérea británica ya demostró que Monte Agradable puede utilizarse como plataforma para extender operaciones hacia la Antártida, aportando una segunda vía para transportar suministros y sostener misiones a gran distancia. En enero de 2026, la denominada Operación Austral Endurance articuló un A400M Atlas y un Voyager desde Malvinas para realizar actividades vinculadas con la presencia británica en la Antártida. El avión de transporte fue apoyado mediante reabastecimiento en vuelo y utilizó además infraestructura chilena durante la operación.
Escenario Mundial reconstruyó entonces cómo los A400M y Voyager británicos utilizaron Monte Agradable y una base militar de Chile para extender su alcance hacia el continente antártico. El BAS ya había destacado anteriormente la utilidad de esa capacidad. En 2023, un A400M que operó desde Malvinas lanzó cientos de tambores de combustible en el interior de la Antártida para sostener instalaciones logísticas utilizadas por científicos británicos.
La Fuerza Aérea británica trabaja además sobre la posibilidad de ampliar la capacidad del A400M para realizar operaciones directamente sobre hielo, lo que sumaría otra alternativa para abastecimiento y transporte sin depender exclusivamente de buques. Esto tampoco convierte a los aviones en reemplazos del Protector. Los medios aéreos no reproducen las tareas hidrográficas, las inspecciones marítimas, los controles pesqueros ni la capacidad naval de operar embarcaciones y personal sobre zonas costeras.
Lo que permiten es repartir determinadas cargas logísticas que, de otra manera, recaerían con mayor peso sobre el Sir David Attenborough. El resultado es una arquitectura con capacidades parcialmente intercambiables. El HMS Medway sostiene la presencia naval militar alrededor de Malvinas; el Sir David Attenborough aporta la principal plataforma científica y logística polar; los A400M y Voyager amplían el alcance desde Monte Agradable; y las escalas regionales, especialmente en Punta Arenas, complementan el acceso hacia la Antártida.
La importancia de Chile dentro de esa estructura fue analizada por Escenario Mundial en marzo, a partir del uso continuado de Punta Arenas por buques y aeronaves británicos que operan en el extremo austral. Por eso, la posible pérdida del HMS Protector no debe medirse únicamente en términos de presencia naval. El efecto inmediato sería eliminar una de las capas que permitían distribuir misiones entre distintas plataformas y obligar al resto del sistema a absorberlas.
Londres todavía no sabe cuándo llegará el reemplazo
La incógnita aumenta porque Reino Unido ya había decidido reemplazar al Protector antes de su última avería. El Defence Investment Plan británico incluyó la futura incorporación de una plataforma más moderna para sostener operaciones tanto en el Ártico como en torno a la Antártida. Sin embargo, en septiembre el Ministerio de Defensa reconoció ante el Parlamento que todavía no había tomado una decisión sobre cómo adquirir el nuevo buque ni cuándo estaría disponible.
La falla conocida ahora aceleró las preguntas. El diputado conservador Ben Obese-Jecty presentó durante los últimos días una serie de consultas al Gobierno para determinar cuánto dinero fue presupuestado para el reemplazo, por qué el Protector no pudo navegar por sus propios medios hasta Devonport, qué modelos están siendo considerados y por qué el buque no participó de la campaña austral 2025-2026.
También se pidió al Gobierno que detalle qué consecuencias tendría una ausencia prolongada sobre las inspecciones vinculadas con el Tratado Antártico, los controles pesqueros y los relevamientos hidrográficos que venía desarrollando la unidad. Algunas de esas respuestas permanecen pendientes.
Mientras tanto, el Protector continúa oficialmente dentro de la flota. La hipótesis de que resulte demasiado costoso repararlo fue planteada por medios navales británicos, pero el Ministerio de Defensa todavía no confirmó que vaya a retirarlo. Ese matiz es importante porque determinará si Londres enfrenta una interrupción temporal o una transición anticipada hacia un sistema sin su actual buque de patrulla polar.
Lo que ya puede observarse es cómo funcionaría esa transición. Reino Unido conserva capacidad para operar hacia la Antártida aun sin el HMS Protector, pero deberá redistribuir sus misiones entre plataformas que ya tienen otras tareas asignadas. El Sir David Attenborough aparece como el sustituto funcional más evidente para parte del apoyo marítimo; utilizarlo más intensamente en logística reduciría capacidad destinada a ciencia. La RAF puede aliviar otra porción mediante sus operaciones desde Malvinas, pero no asumir las funciones específicamente navales.
La avería deja así al descubierto una característica central de la presencia británica en el extremo austral: Malvinas no funciona como un punto aislado, sino como uno de los nodos desde los cuales Londres conecta medios militares, científicos y logísticos para proyectarse sobre el Atlántico Sur y la Antártida.
Para Argentina, el seguimiento de esa redistribución tiene una dimensión directa. El país mantiene su reclamo irrenunciable de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes, mientras Reino Unido mantiene la administración y el control efectivo del archipiélago. En el continente antártico, las pretensiones territoriales se encuentran sujetas al régimen del Tratado Antártico, que preserva las posiciones de las partes sin resolverlas.
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