China busca operar portaaviones lejos de Asia y competir con la Armada de Estados Unidos. Sin embargo, ¿qué es lo que necesita Pekín para lograr este objetivo? Para que China pueda operar portaaviones, de forma sostenida y continua, lejos de Asia y el Indo-Pacífico –su zona de pertenencia– y acercarse a la capacidad estadounidense, para competir con la Armada de Estados Unidos, la respuesta es sencilla: la logística.

El pensamiento de que para que China pueda operar portaaviones lejos de Asia y competir, realmente, con las capacidades de la Armada de Estados Unidos, debe construir e impulsar el desarrollo de más portaaviones y unidades navales constituye una lógica incompleta. La clave está en la red logística y el sistema de guerra. La Armada de Estados Unidos lleva décadas construyendo una arquitectura y una red logística que respalda y permite que sus grupos y flotas de portaaviones operen lejos del país, de forma sostenida y en simultáneo. Para ello, la logística es clave: puertos, bases, astilleros, depósitos y puntos estratégicos de reabastecimiento militar.
En este sentido, contar con una red global de aliados estratégicos es fundamental, ya que permite el uso y la disposición de instalaciones logísticas, portuarias y militares claves de países aliados para mantener activo el despliegue de los portaaviones. Estados Unidos tiene desarrollada una extensa red de aliados globales, quienes proporcionan logística estratégica y permiten la preparación de la flota, como así también el reabastecimiento, en caso de ser necesario.
China busca reproducir ese esquema y modelo pero aún le queda camino por recorrer. Si apuesta por competir, realmente, con la Armada de Estados Unidos y operar su flota de portaaviones lejos de Asia, Pekín debe reforzar su red de alianzas globales y asegurarse de disponer de depósitos, puertos, bases, astilleros, buques de reposición y petroleros. Es que la presencia y el despliegue permanente, que es a lo que aspira China, como parte de su estrategia para convertirse y consolidarse como una Armada de aguas azules, requiere de una cadena logística consolidada y una extensa red de alianzas internacionales.

En este punto, precisamente, aparece la ventaja de la Armada de Estados Unidos, que durante décadas ha consolidado este esquema para lograr operar como una Armada de aguas azules, sosteniendo su presencia y proyectando poder en los principales espacios y puntos del mapa, con operaciones navales relevantes de alta intensidad y complejidad lejos del propio territorio, durante períodos prolongados.
La flota de portaaviones china
Pekín, sin embargo, avanza a paso firme en el desarrollo de su flota de portaaviones. El país está desarrollando progresivamente unidades, semejantes y similares a las de la Marina estadounidense. A esta altura, de hecho, China ya dio un importante paso en la materia, con la entrada en servicio del Fujian, su primer portaaviones con catapultas electromagnéticas de más de 80.000 toneladas. Esta unidad es capaz de operar J-15T, J-35 y KJ-600, acercándose significativamente a los portaaviones estadounidenses modernos.
De hecho, diversos especialistas coinciden en que el Fujian representa un importante salto cualitativo para la Armada de China, respecto a las unidades de portaaviones anteriores: Liaoning y Shandong. Las catapultas electromagnéticas del flamante Fujian permiten lanzar aeronaves más pesadas, con una mayor carga a bordo, incrementando la capacidad de combate y ataque de la unidad naval. Por lo que, su tecnología permite operar aeronaves más pesadas, aumentar el ritmo de despegues y ampliar significativamente las capacidades del ala aérea embarcada.
Sin embargo, China aún está construyendo y consolidando una flota de portaaviones, que sea suficientemente grande y poderosa para operar como una Armada de aguas azules y disputarle poder a la Marina estadounidense, que no solo cuenta con capacidades militares poderosas y consolidadas sino que, además, está respaldada por una importante red y cadena logística. Actualmente, Pekín solo tiene tres portaaviones en servicio, incluyendo al flamante Fujian.

Al respecto, imágenes satelitales capturadas el 2 de julio de 2026 por Planet Labs, revelaron la construcción de un nuevo buque de apoyo y reabastecimiento rápido, que se está desarrollando en el astillero Comec Longxue. Esta construcción resulta clave para las operaciones de los grupos de batalla a miles de kilómetros de las costas chinas. Como precisó Escenario Mundial, los analistas de inteligencia indican que este buque estaría especialmente “adaptado” para apoyar las operaciones de largo alcance de los futuros grupos de batalla de China, particularmente el portaaviones Tipo 004.
Si China busca operar lejos de Asia, necesita de una fuerza y una flota de portaaviones suficientemente grande y consolidada para mantener diversos grupos desplegados en diferentes puntos del mapa, mientras otros están en entrenamiento y mantenimiento. En este sentido, el desarrollo de la flota de portaaviones nucleares es crucial, dado que estas unidades facilitan las operaciones prolongadas en el tiempo, reduciendo significativamente la dependencia del reabastecimiento de combustible, demandadas, por ejemplo, por las unidades convencionales.
Lo que necesita China
En este sentido, China necesita una serie de puntos específicos –más allá de la construcción de más portaaviones– para lograr su objetivo de operar portaaviones lejos de Asia, en simultáneo, y disputar poder a la Armada de Estados Unidos. El más importante de estos puntos es, precisamente, una flota y red logística oceánica, a partir de la cual Pekín pueda asegurarse el combustible, las municiones, los repuestos y los alimentos, entre otras cosas. En esta línea, los especialistas también destacan la necesidad de contar con una red de puntos de apoyo estratégicos, entre los que se incluyen bases, puertos, depósitos, astilleros, entre otras instalaciones, desde África hasta el Índico y Oriente Medio, e incluyendo –en lo posible– el Atlántico también.
En paralelo, también se destaca la necesidad de contar con capacidades submarinas nucleares, que permitan proteger al grupo de portaaviones desplegados, como así también una flota de destructores y fragatas –capacidades significativamente desarrolladas por Pekín– para integrarlos en grupos de combate, capaces de operar autónomamente durante períodos prolongados. Un punto no menor es que China necesita de experiencia operacional, algo que solo el tiempo y la cantidad de despliegues, ejercicios y operaciones reales de grupos de portaaviones puede aportar, además, de como se mencionó, una red internacional de alianzas y socios estratégicos, que poco a poco busca construir y consolidar.

Pekín está avanzando en todos estos puntos y áreas, ya que su objetivo es convertirse en una Armada de aguas azules y operar su flota de portaaviones lejos de Asia, para proyectar poder y mantener presencia estratégica en los principales puntos del mapa internacional, mientras disputa poder contra la Armada estadounidense –con décadas de experiencia operativa en el tema–. Los resultados del portaaviones más reciente, el Fujian, demuestran que la tecnología utilizada por Pekín para su flota de portaaviones avanza rápidamente.
Sin embargo, la presencia y el despliegue sostenido de portaaviones, lejos de sus bases, pasa por la logística oceánica, las alianzas internacionales, las capacidades submarinas y la experiencia operacional. Pekín consciente de ello, asume estos desafíos, de cara al futuro, y apuesta por obtener resultados concretos en el mediano y largo plazo, bajo la estrategia del presidente Xi Jinping de transformar a China en una potencia marítima de alcance global, más allá de Asia, capaz de disputar la hegemonía estadounidense.
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