El portaaviones USS Abraham Lincoln (CVN-72) reingresó al Indo-Pacífico con una escala estratégica en la Base Naval de Guam, tras completar casi siete meses de despliegue operacional en Medio Oriente bajo el Comando Central de Estados Unidos. La maniobra oficializó la reincorporación del Grupo de Combate de Portaaviones 3 (CSG-3) a la 7.ª Flota de la Armada de EE. UU. para reanudar sus misiones de rutina en el Pacífico Occidental, marcando además el primer regreso de la tripulación a suelo norteamericano tras nueve meses.

El buque insignia de la clase Nimitz arribó a la isla el 19 de septiembre de 2026 escoltado por el destructor de misiles guiados USS Frank E. Petersen Jr. (DDG-121), manteniendo embarcados a los estados mayores de la Ala Aérea Embarcada 9 y del Escuadrón de Destructores 21.

Durante su permanencia en el teatro de operaciones de Medio Oriente, el grupo de combate sostuvo acciones de combate de alta intensidad vinculadas a la Operation Epic Fury y las operaciones militares estadounidenses contra Irán. Mientras el portaaviones navega en la fase final de su retorno hacia la costa oeste de Estados Unidos, donde se prevé su arribo para los primeros días de octubre, destructores de escolta como el USS Spruance (DDG-111) y el USS Michael Murphy (DDG-112) permanecen desplegados de forma preventiva en el mar Arábigo.

Previo a alcanzar Guam, las unidades de la agrupación realizaron escalas portuarias en Tailandia entre el 2 y el 6 de septiembre, lo que representó su primer descanso tras atravesar aproximadamente ocho meses y medio sin escalas portuarias.
Posterior a dicho descanso, el portaaviones retomó operaciones de cooperación en el Mar del Sur de China junto a las fragatas australianas HMAS Perth y HMAS Stuart, realizando ejercicios de reabastecimiento en el mar y navegando a través del mar de Sulu en su tránsito hacia el Pacífico Occidental.

El retorno de la formación pone de manifiesto el rol neurálgico de Guam como territorio estadounidense clave para el mando, control, logística y proyección de poder en el Pacífico Occidental. La infraestructura de la isla permite reabastecer combustible y repuestos a formaciones de combate, asegurando la permanencia y capacidad de respuesta de la fuerza naval de Estados Unidos.
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