La decisión del gobierno británico encabezado por el primer ministro Andy Burnham de paralizar los ejercicios de entrenamiento del Ejército para ahorrar 30 millones de libras esterlinas desató una dura advertencia dentro de la cúpula de la OTAN. Durante la Cumbre de Defensa del IISS celebrada en Praga, el teniente general Benoît Desmeulles, comandante del 1.er Cuerpo del Ejército francés y alto mando aliado, calificó la medida como un error crítico que pone en riesgo la capacidad operativa de Gran Bretaña.

“Sin entrenamiento, no hay capacidad de combatir esta noche (‘fight-tonight’). Si no somos buenos en nuestro trabajo y no tenemos el equipo, es una receta para el desastre”, sentenció el jefe militar francés, quien en las maniobras Orion 26 lideró a más de 120.000 efectivos aliados. Desmeulles remarcó que privar a las tropas de la instrucción colectiva en el terreno perjudica directamente la efectividad de combate de una de las fuerzas pilares de la Alianza Atlántica.
El plan de austeridad ordenado por Londres exige al Ejército Británico suspender la instrucción en conjunto de unidades con base en el Reino Unido durante la mayor parte del año. La medida ya provocó la cancelación de seis semanas de maniobras con fuego real en Gales previstas para el Royal Tank Regiment, las cuales incluían el despliegue de tanques Challenger 2 y helicópteros de ataque Apache.
En particular, a las unidades de la 12.ª Brigada se les notificó la parálisis total de sus actividades de adiestramiento hasta el próximo año. A esto se suma una tijera presupuestaria del 10% en la instrucción de la Army Reserve, obligando a los soldados voluntarios a prestar servicio menos días al año.

Desde la oposición parlamentaria británica, el ministro de la sombra para la preparación militar, Stuart Anderson, tildó el ajuste de “criterio corto y demente”, calificando como una vergüenza internacional que mandos aliados tengan que alertar sobre la degradación del ejército.
La suspensión de ejercicios reales por tan solo £30 millones expone una contradicción en la política de defensa del gobierno laborista. La parálisis se produce apenas dos meses después de que Londres presentara su Plan de Inversión en Defensa (DIP) por £298.000 millones a cuatro años y un contrato de £2.000 millones a 15 años para transformar la instrucción militar mediante simulación digital e inteligencia artificial.

Sin embargo, las autoridades militares advierten que la simulación virtual no puede reemplazar las maniobras con fuego real para certificar la preparación de combate de grandes formaciones. La decisión de congelar gastos operativos inmediatos se da en medio de fuertes presiones de la propia OTAN. El secretario general de la alianza, Mark Rutte, exigió a Londres definir un plan claro para elevar el gasto militar al 3,5% del PIB para 2035, mientras que el canciller británico John Healey intenta cubrir un desfase anual de £1.400 millones en las arcas públicas.

La alerta lanzada desde la OTAN se suma a la creciente preocupación por la capacidad de la Real Armada británica para responder a múltiples amenazas simultáneas. En el Atlántico Norte, la flota británica se ve obligada a destinar buques permanentemente para rastrear los submarinos avanzados y la actividad en la “zona gris” de Rusia. Esta concentración de medios en el Norte ha abierto severas dudas sobre la capacidad de mantener una presencia naval disuasiva en otros puntos clave, como las Islas Malvinas.
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